miércoles, 20 de abril de 2011

Miércoles Santo

Metales. Los cuchillos que sajan la carne tremenda de los caballos, el estoque improvisado que se hunde en el lomo de la vaca de media sangre en el patio del matadero donde los niños juegan al toro. Los raíles, la muralla de vapor y acero que estrepitosamente circunda al barrio. Los cañones, el esférico plomo al rojo vivo, los africanos leones de Las Cortes -Daoíz y Velarde-, fundidos con el orgullo incendiario del arrabal. La reja en la ventana, donde claveles y gitanillas disparan la artillería mortal de los colores y los tiestos regados mojan de verdad, con su charco de fecunda alegría, el irregular adoquinado de la calle, como en la cántara rezumante del aguador de Velázquez. Y la verja, batería de lanzas apuntando al cielo azulísimo, Rendición de Breda en San Bernardo para rodear la iglesia. Metales, muralla que cobija el hondo Refugio de la ciudad, la destilada verdad de la cal y el jaramago. Sale la Virgen entre varales de oro, cansada de la platería ferruginosa que la cerca. El Cristo de la Salud, el más alto, se levanta por encima de los rascacielos, un nuevo foso hormigonado de aplastante riqueza, al son dorado de las cornetas del viejo Rafael que, como un Maese Pérez a caballo, lanza cada Miércoles santo las retumbantes salvas de tu Gloria, que es la nuestra.


2 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Sic para todas tus entradas sobre la Semana Santa.


Abrazos y besos para la familia.

José María JURADO dijo...

Gracias, Ramón, me he podido coger unos días...

 
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