martes, 9 de julio de 2013

Un cuento barroco (II)

El feliz reencuentro se había acordado para antes de la fiesta de la Presentación, sin embargo Monsieur Guichot quedó retenido en Córdoba a consecuencia de la proclama por la que se vetaba el tráfico rodado entre las poblaciones de Écija y Carmona debido al creciente número de asaltos perpetrados en el Camino Real en los últimos meses. Desde allí expidió al menos dos cartas a sus hijas, los días diecisiete y veintiocho de enero, entregadas en mano al capitán de los batallones reclutados en tierras de Andújar para limpiar la Campiña de bandidos. Pese a la desesperada y terca insistencia con que se lo había exigido al Corregidor no se le permitió unirse a la soldadesca para no poner en riesgo su inmunidad diplomática. 

La carta del día diecisiete fue encontrada entre los restos de las niñas, en ella además de explicarles su situación y hacer cábalas sobre una pronta reunión, el padre expresaba su alegría porque hubieran podido llevar a feliz término su travesía en barco hasta la Baja Andalucía, al tiempo que les trasladaba algunas vicisitudes de su viaje por tierra a través de los Pirineos. Antes de bendecirlas, les encarecía que extremaran la precaución aconsejándoles que evitaran las excursiones innecesarias por la vega del Guadalquivir, hasta tanto no llegara él, lo que sin duda habría de suceder en los próximos días, cuando los soldados del rey hubieran despejado los caminos de salteadores. 

La carta del día veintiocho de enero, sin embargo, no apareció.

(¿Continuará...? )


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