| Rosales podados, 31-01-2017, JMJ |
y arrancado los frutos del naranjo
ahora, de verdad, llega el invierno
sin flores y sin carne, despiadado
mensajero de muerte y de cenizas.
Se aparece en el vaho, en los espejos
cegados por el frío de los ojos,
en el barro mojado que se adhiere
a unos pasos más tristes y más lentos
que conducen derechos a la nada,
al abismo sin luna de la noche.
Ha llegado el invierno, no perdona,
embozado en el manto de la nieve,
en su capa de armiño ensangrentada.
| Cosecha de naranjas 21-01-2017, JMJ |
Excelente poema, aunque no comparta su mensaje. Saludos.
ResponderEliminarSi te sirve de consuelo, querido Ángelus, yo tampoco lo comparto.
ResponderEliminarEl poeta es un fingidor que finge lo que realmente siente.
Esto es importante, porque a veces la poesía se impone a la moral o la fe: hay que tener cuidado luego a la hora de fijarla en la obra.
Mil gracias.
José María, un poema rotundo y aristocrático. Me parece estupendo. Y, bueno, el haiku de la orquídea es mi favorito.
ResponderEliminarEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarGracias, Jesús, aunque el de la orquídea, el haiku, no el poema, lo veo demasiado retórico que acaso es lo que quiere ser como la orquídea en sí misma.
ResponderEliminarPues a mí el invierno sí que me hunde. Si al menos hubiera nieve. Estoy deseando que pase. Mis estaciones son el otoño y la primavera.
ResponderEliminarLa primavera tiene un peligro.
ResponderEliminarCoincido con el otoño, pero en versión soleada.
Lo mejor, las estaciones secas: la primera quincena de enero, la primera de diciembre, la primera de octubre y todo agosto.