lunes, 27 de julio de 2020

La Montaña Mágica (I)

(Leyenda de Aracena)

En Aracena, en la misma entrada de la Gruta de las Maravillas, mientras aguardábamos nuestro turno para acceder al subterráneo palacio oriental de las mil y una noches donde los siglos han ido tejiendo un prodigioso encaje de estalactitas y estalagmitas de alabastro, escuché esta historia de boca de una misteriosa guía que, como una nueva Sherezade, encandilaba a lo que a tenor de sus vestimentas debía de ser una expedición de jeques árabes en viaje de negocios. En vano he intentado luego encontrar la fuente original de la narración: inaccesible en internet, tampoco era conocida por los agentes turísticos locales ni figura en las memorias o compendios de los eruditos lugareños.
Cubierta por un hiyab que apenas descubría sus ojos, verdes y profundos como los lagos de la gruta, la mujer dio inicio a su narración en lo que a mí me parecía un inextricable árabe clásico que trocó inmediatamente por un inglés dulcísimo a petición de uno de los fantásticos beduinos, circunstancia esta que ahora me permite transcribir, aunque no libre de los adornos que son marca de la casa, más o menos fielmente sus palabras:
“Cuentan (pero solo Alá conoce la verdad) que hubo en otro tiempo en esta ciudad de Qtrsana o  Aracena un joven walí o gobernador, primo segundo de Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, que atendía al nombre de Abu Al-Hasan Ibn Alí Ibn Abbad y que se jactaba de la belleza de los jardines de su alcazaba, cuyo esplendor, a decir de algunos viajeros, no envidiaba y aun superaba al de los alcázares abadíes de Sevilla, al de los primitivos palacios de la colina roja de la Sabika en Granada y aun al de las terrazas de Madinat Al-Zahara cuyos naranajos se tienden plácidamente a la orilla del río grande.

Continuará...

Aracena, 15 de julio de 2016

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