jueves, 19 de abril de 2018

Sombras de la feria

La feria es toda luz, pero tiene dos horas quietas de sombra. Puede ser la primera a esa hora imprecisa del café de puchero y desciende del más remoto corazón de la infancia, cuando –bajo las lonas rayadas verdes o rojas- se trasluce una luz tamizada y eres el niño que indaga en la trastienda de la caseta, como lo hubieras hecho en un saloon del far west mientras cesa el can-can y los forajidos dormitan. Puedes bucear dentro de esta luz como de acuario, como de claustro materno, es indeterminado el tiempo y esta sombra luminosa sería, acaso, la de las últimas eternidades.
La otra hora de sombra, es la sombra apasionada por lejanamente decirlo con las finas palabras sabias de Romero Murube. El sol se hunde en la loma del Aljarafe y en su éxtasis final se cierne sobre la feria y, aunque nadie se da cuenta, al tiempo que los lentos carruajes y los homéricos caballos se marchan conducidos por Faetón, la gente se acelera. Todo el mundo va más rápido, si nos detenemos un punto, veremos cómo discurre la gente como un río por el poblado fundado en esta pradera transitoria. No nos extrañaría saludar a Confucio entre las multitudes, pues este festival de las flores lo han pintado antes en las sedas de china caligrafistas milenarios del Asia y ahora reverbera en los abanicos.
Y en el desfiladero tenebrista de la sombra y de la luz, antes de hundirse en las claridades de la noche ebria, hay una explosión última de pétalos, una constelación de farolillos orientales que enciende su fanal bajo el morado atardecer que no quiere ser del todo oscuridad.
Todo está en orden, en la caseta grande del ayuntamiento arden las antorchas de los altos tiestos de clavellinas, si la portada es el arco zen o babilónico de esta prometida tierra imaginaria, de esta babilonia de las vanidades, la gran caseta pulcra es el tabernáculo en el que los israelitas guardaban el arca poderosa, la prohibidad ciudad del emperador amarillo.
Llega la noche.
La muerte lleva traje de gitana y reparte claveles y lunares.
La imagen puede contener: noche, cielo y exterior
JMJ-abril 2018

martes, 17 de abril de 2018

La tarde del jueves


Al otro lado del muro están la peste y los tambores, pero la algarabía no alcanza al patio de piedra del Convento de Madre de Dios, pasada la Puerta de la Carne, solo un poco más allá de la murillesca iglesia judía de Santa María la Blanca y su oriental fantasía de yesería barroca.

Aquí  levita solo el aroma nupcial de la flor de la cidra y el del morado azahar del limonero,  en un rincón umbrío alzan su espiga heráldica algunos grandes lirios de Van Gogh y unas breves margaritas evangélicas. Una esquila suena. Sobre la música cítrica de la tarde monacal del jueves santo fluyen desde el torno  efluvios de canela y nuez moscada, vinos dulces de Málaga y bizcochos de Indias.

Buscamos el sagrario. Tras los vitrales antiguos y plomados, celados por una cortina bordada  de cal, sobre unas tablas de madera pino revestida de encajes y sedas, Emily Dickinson ha preparado la dócil mesa eucarística: el pan y las gavillas de trigo, los verdes racimos de uva, los salomónicos pámpanos que enroscan lentamente sus zarcillos en el tallo de plata de los cálices y apenas rozan el decantador cristalino que rezuma la sangre del cordero pascual.

¿De qué siglo procede esta luz grave y tamizada que se posa delicadamente en los objetos como polen de azucenas o ala de mariposa?

Miramos otra vez al patio a través de la sombra,  sobre la copa de los árboles atisbamos algún balcón colgante asomado al vacío de los artesonados antiguos, amarrados por jarcias  a los altos muros encalados y a los hondos arcos como naves. A sus pies, las largas barbas patriarcales de los helechos saltan por encima de los tiestos de barro y repiten las viejas profecías bíblicas.

No estamos en el tiempo sino en el claroscuro de las plegarias, como en un cuadro de Rembrandt donde la luz y el aire a sí mismas se definen y en sí misma terminan, aclarándolo todo.

En la tarde pura de los sagrarios se queda el alma yerta, suspendida en su trance.





IMÁGENES: Jueves Santo, 2018, convento de Madre de Dios, Sevilla (JMJ).





viernes, 13 de abril de 2018

Al tercer año

Memoriae sacrum patris

Dios ha nacido hoy en los almendros,
un enjambre de luz revolotea
sobre las tiernas ramas encendidas.

Era la tierra áspera y estéril,
sobre los surcos fríos tiritaban
las hileras de árboles sin nidos

y en el páramo yerto cada tarde
un sudario de niebla amortajaba
los espectrales campos del silencio.

Mirad ahora las guirnaldas vírgenes,
las coronas de pétalos y nubes
que ascienden y descienden de los cielos.

Es el año tercero de tu muerte
y aún la primavera me amenaza
con su exceso de rosas y gusanos

de seda donde tiemblan rayos de oro
y zumban las abejas y los pájaros
alzan el vuelo y cantan nuevos himnos
para Dios que ha nacido en los almendros.

"Aquel almendro en flor ya lo sabía"... Cáceres, abril de 2015

miércoles, 11 de abril de 2018

Primer himno de Pascua


Porque vas a morir, la muerte no merece
ningún día de gracia o esperanza.

Porque vas a morir, no le concedas
ni siquiera un minuto de dolor fiado.

Esa vieja usurera no devuelve intereses
y se cobra su deuda a cada instante.

Porque vas a morir, no la llames a gritos
sucumbiendo a la angustia o al fracaso.

No digas más su nombre, ella te aguarda
emboscada en las vueltas del camino.

Detrás de la belleza carcajea
y va pegada a ti como tu sombra.

Porque vas a morir, abrázate a la vida 
y mírala a los ojos, cara a cara.

Todo el amor es uno y te rodea,
te rodean los niños y los pájaros.

Que apenas tu dolor destile lágrimas,
que sean otra vez rocío de las flores. 

El presente continuo continúa
y habrá de continuar cuando te vayas.

Así que no la llames, solo espera
a cruzar el umbral cuando la puerta se abra.

Fotografía: JMJ Abril 2017, arboles de las orquídeas, Isla de la Cartuja.

jueves, 29 de marzo de 2018

Madrugada


¡Campanilleros! La navidad es ahora, cuando las guirnaldas de azahar se posan como estrellas en los naranjos y en la corona de espina de los limoneros crecen palomas moradas de aroma y luz. Como en los cuadros de Georges de Latour recibe el niño la cera luminosa que hace cristalizar la bola radiante del árbol de la vida. Y crece recto el leño prodigioso donde el Niño y el Hombre se hacen Dios entre pañales de lino y sudarios de muerte.  Y es la madre la Niña y es la Anciana que lleva sobre el pecho el dolor de la muerte y los dolores del parto. Late el corazón de la ciudad abierta y sin posada adonde acuden todos los nazarenos de la historia a ser censados. Es navidad ahora y en esta madrugada sigilosa vendrán los reyes del Oriente con la llamarada verde de la esperanza. Nochebuena esta noche de los campanilleros en la que, abandonados del ser, decidimos existir con más potencia, ebrios del vino de los jueves y del ácimo pan de la cena donde al final canta un gallo. Hoy vamos a ser en los sentidos, hoy vamos a existir en cada poro del alma y de la piel.  Naceremos hoy y moriremos, como nacen y mueren las flores y los hombres, como han nacido y muerto desde el principio del mundo, mirando al sol de frente y a la inmensa luna. Traspasados por un hacha misteriosa de luz y de conciencia que nos dice: existe, sé. ¡Campanilleros! Cantad la noche eterna, este caos de inciensos y de nieblas de donde fluye el cosmos, el universo irradiado de las manos de Dios.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas y calzado
 Detalle de San José carpintero (c. 1638-45), de Georges de la Tour

Macarena en su palio.


miércoles, 28 de marzo de 2018

Martes Santo (San Esteban)

Bajo las flechas abisales de San Ildefonso, el cónico abismo de almagre y albero que levanta al cielo las plegarias cautivas del barrio de la Alfalfa, pasa la Virgen de los Desamparados. Tras el palio, el horno de la dulzura, el convento de San Leandro cuyas yemas pusieron restos de alas y ángel en los labios de Luis Cernuda. Suena Margot y el corazón se irisa. La plaza es una cápsula del tiempo, aquí están todos los siglos de tus antepasados, mientras aprieta las manos de tu hija buscas en la noche los ojos de tu madre que asiste a este momento con el corazón desde un Madrid remoto, corazón que nunca ha salido de estas plazas y calles y que te muestra el camino que lleva hacia la Calle Águilas. La música de Turina envuelve con su globo de cristal y cielo este instante suspendido en el instante. Hay lágrimas de amor en nuestros ojos. Bajo la lágrima, todo el amor es uno.

Convento de San Leandro (Plaza de San Ildefonso)
Iglesia de San Ildefonso (Plaza de San Ildefonso)

Lunes Santo (La Veracruz)

In hoc signo vinces, en la batalla del Puente Milvio, sobre el Tíber del alma, se aparece la Cruz a Constantino, el forjador invicto del Oriente. Ahora avanza desde los hondos abismos del medievo, de la alta oscuridad de las sombras. Es el justo fiel de la balanza en cuyo travesaños se nivelan Persia y Grecia. Somos hijos de la Ilíada y de las asirias historias del Viejo Testamento. En esta Cruz, que es a la vez ancla y vuelo de Europa, en este patíbulo que permuta la muerte por la vida, florecen las ideas de Platón, alimentadas con la sangre derramada del Cordero. La cruz abrió las selvas y separó los mares, doblegó a los ejércitos y sometió a las ideas, porque es ella misma idea, espada de luz contra las sombras.
Avanza Veracruz, tuya es la noche, con este signo vences y si caes, que otra mano te alce embravecida, porque los justos no temen a la muerte, ni a esa otra forma de la muerte que es el desprecio de los hombres.

Cruz de guía de la Vera Cruz / JUAN LUÍS BARRAGÁN (ABC)

Lunes Santo (El Museo)

Un instante antes de entrar en su capilla el Cristo del Museo es descendido del  garfio de la noche para hundirse en un monte de flores litúrgicas. Este año son tulipanes rojos, cúpulas de Holanda y sangre. Desde lo más alto de la plaza la estatua de Murillo -el que en buena hora nació- contempla la terrible torsión de Dios, que pareciera cincelada por Miguel Ángel.  El ángel de los pintores revolotea en torno nuestro. Ronda de noche ahora y aérea claridad de Vermeer a la salida para este Cristo floral y americano. Molinos de Holanda y tulipanes para alzar desde lo hondo la bajaluz de la tarde y el agua que da vida a quien la prueba.
Foto: "cortesía" ABC  


lunes, 26 de marzo de 2018

Domingo de Ramos

Como el mástil desarbolado de un galeón antiguo que hubiera atravesado mil galernas llega, sobre la marea de la plaza, el Cristo del Amor. Mecido por las multitudes aún doblará su casco sobre la inclinada rampa de la vida en un último esfuerzo por saltar el umbral de la muerte. Avanza ahora, solemne y solitario, como un buque fantasma entre las naves hondas, lentamente se desvanece sobre el fondo oscuro y velado de la gran máquina barroca de El Salvador. No podremos ya ver las últimas maniobras, pero sentiremos el golpe unánime del ancla en nuestros corazones. 

Porque un blanco pelícano habrá batido sus alas y surcado la noche, tras un rastro de sangre y una lluvia eucarística que pinta, sobre los viejos mapas de Indias, la segura derrota para arribar al puerto de las eternidades.

El Cristo del Amor saliendo del Salvador / JUAN FLORES (ABC)
http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/amor-esperara-la-reforma-la-semana-santa-adelantar-entrada-121148-1513897105.html

jueves, 15 de marzo de 2018

Diez Canciones Alemanas


Doy aquí juntas las diez canciones, a las que antepongo esta nota aclaratoria:


Diez canciones alemanas 

He intentado remedar con estas canciones alemanas, aunque muy lejos de su gracia área y romántica, la métrica y el tono del lied romántico alemán. Por eso he trabajado particularmente la rima consonante y sencilla de los poemas de Heine, cuya construcción adolecía ya en su tiempo de cierto envejecimiento al que él no era ajeno,  y que Bécquer transportó al castellano con la delicadeza de sus asonancias. La rima consonante cubre aún todo el simbolismo alemán, está en Hoffmanstahl, en Stefan George y se da en todas las etapas de la poesía de Rilke, hasta el final de los nuevos poemas; aunque reaparece en los Sonetos a Orfeo y, con gracia área, en sus últimos y breves poemas en francés. Como es sabido de la fusión de la poesía y la música surge en el ámbito germánico el Lied, como el género poético y musical más profundo. Schubert, Schumann, Brahms o Hugo Wolff, quien compuso lieder sobre poemas de Lope de Vega y Calderón en su cancionero español, fueron los maestros de una tradición gloriosa que alcanza su cumbre en el siglo XX con “Las canciones de los niños muertos” de Mahler y, sobre todo, los “Vier lezte Lieder”, las cuatro últimas canciones de Richard Strauss -cumbre de la música tonal de todos los tiempos-, quienes retoman el género desde el fulgor irisado y orquestal de los Wesendonck Lieder de Wagner.

Quien ha estudiado, aunque sea brevemente, la lengua alemana, sabe que no es una “boutade”, la afirmación de Borges sobre que es el idioma más bello y musical de la tierra. La trágica herida de la primera mitad del siglo XX proyectará aún, sin embargo, mucha sombra sobre el lirismo germánico, musical y poético y es natural que el oído común escuche en estas palabras del bosque y de la nieve, el aullido de los trenes del espanto.

Estas diez canciones están, pues, incompletas, sin su música, pero no esta la que aún está por componerse y que ofrecemos a un improbable cantor, sino la del imposible e hipotético poema alemán que les ha dado origen: yo no sé escribir ni pensar en alemán, pero sí he aprendido a sentir en este idioma, sobre todo y por fidelidad a la casa de Habsurgo, con acento austríaco.

La música que en nuestro idioma se parece más a la melodía alemana del romanticismo es la de San Juan de la Cruz, lo que fácilmente se comprende porque nuestro místico es armonía y alma pura. Muy lejos de ese altísimo vuelo, nuestro gallináceo intento no ha renunciado, sin embargo, a mirar a este sol: despeñarse fatalmente como Ícaro es el sino del poeta moderno.

        I


Der Gesang
                        (El canto)

¿De dónde nace el don
misterioso del canto,
la gracia y el espanto
que se vuelve canción?

Desciende al corazón,
crece en la inteligencia,
pero no existe ciencia
para tanta razón.

         II

Die Seele
                   (El alma)

En la caverna honda,
Altamira del alma
hay una fuente en calma
donde bebe Platón

y una oscura anaconda
que en lo profundo agita
la espuma de Afrodita
de una turbia Pasión.


         III

Die Nacht
                   (La noche)

Es la noche sagrada
antigua y numinosa,
la noche es una diosa
por un dios adorada



¡Oh noche transparente
de ébano y de luna
tu sueñas en mi frente
de la muerte a la cuna!

              IV

Der Wald
                   (El bosque)

Son largos los caminos
e inciertos los senderos
que conducen el ser
hacia el ser verdadero.

En el claro profundo
sobre la hierba verde
la conciencia se pierde
por encima del mundo.

              V

Der Mond
                   (La luna)

He heredado la herida
de la luna en el cielo
y su ingrávido velo
ha imantado mi vida.

Bajo su influjo errante
misterioso y arcano
soy un ser más lejano,
una sombra distante.

              VI

Der Tod
                   (La muerte)

Compañera de cuna,
tú has nacido conmigo,
bajo la extraña luna
eres mi único abrigo.

Cuando llegue la noche
y me acoja en su seno
te abrazaré sereno
sin un solo reproche.



              VII

Der Vogel
                   (El pájaro)

¿Quién levanta este canto
de la apacible fronda?
¿Es jilguero o alondra
el dueño del encanto?

Anochece el cantor,
pero no la voz honda,
el eco de su onda
¿es mirlo o ruiseñor?

              VIII

Die Blume
                   (La flor)

Me han herido las luces
de tus párpados ciegos,
los pétalos de fuego
por los que me conduces.

En ti vibran los astros
y se asciende al abismo
a su fondo me arrastro,
más lejos de mí mismo.



              IX

Der  Frühling
                            (Primavera)

¡Ven pronto, primavera
y  retira el sudario
de la carne que espera
arder en tu sagrario!

Estás en todo el cielo
y  en las nubes a lo alto,
¡aparta el blanco velo
y arrójate al gran salto!

Desciende con la lluvia
sobre la tierra entera
derrama tu luz rubia.
¡Ven pronto, primavera!

              X

Winterreise
                            (Viaje de invierno)

Por  el fango y la nieve
bajo un cielo en ruinas
con un paso  muy breve
un anciano camina.

Primavera no vino
ni volvieron las flores,
racimos de dolores
helaron mi destino.

Roto el velo del hielo
y disuelto en la bruma
de los mares profundos
volveré a ser la espuma
que golpee los cielos
hasta el fin de los mundos.


Caspar David Friedrich, "El caminante sobre el mar de niebla".


Décima canción alemana


Winterreise
                            (Viaje de invierno)

Por  el fango y la nieve
bajo un cielo en ruinas
con un paso  muy breve
un anciano camina.

Primavera no vino
ni volvieron las flores,
racimos de dolores
helaron mi destino.

Roto el velo del hielo
y disuelto en la bruma
de los mares profundos
volveré a ser la espuma
que golpee los cielos
hasta el fin de los mundos.

Caspar David Friedrich: "Monje a la orilla del mar"

Caspar David Friedrich "El mar del hielo"



martes, 13 de marzo de 2018

Novena canción alemana


IX

Der  Frühling
                            (Primavera)

¡Ven pronto, primavera
y  retira el sudario
de la carne que espera
arder en tu sagrario!

Estás en todo el cielo
y  en las nubes a lo alto,
¡rompe ya el blanco velo

 gran salto!

Desciende con la lluvia
sobre la tierra entera
derrama tu luz rubia
¡Ven pronto, primavera!


Isla de la cartuja, abril 2017

jueves, 8 de marzo de 2018

Octava canción alemana


Die Blume
                   (La flor)

Me han herido las luces
de tus párpados ciegos,
los pétalos de fuego
por los que me conduces.

En ti vibran los astros
y se asciende al abismo,
a su fondo me arrastro
más lejos de mí mismo.

La flor en mi balcón

martes, 6 de marzo de 2018

Post Mortem

Ningún contemporáneo pudo ignorar la genialidad de Van Gogh que era evidente y de ahí el éxito inmediato tras su muerte.
Tampoco se ignoraba la genialidad de Emily Dickinson, la de Rimbaud, Schubert o Bécquer o la de los cientos de autores que han triunfado después de la vida.

Estoy convencido de que, más allá de los avatares arqueológicos, ninguna obra grande se pierde, porque de ella misma nacen las raíces de la vida en la memoria humana.
Sucede que, puestos  a comprar un cuadro o publicar un libro, es más rentable, en general, hacer el favor -porque con esta displicencia es tratado siempre el artista verdadero- a un amigo o al amigo de un amigo de quien sacar provecho, social o económico.
Esto es, ay, irreprochablemente humano y quien esté libre de pecado etcétera.
Pero la muerte abre una distancia entre la obra y la persona.
Los conocidos de Beethoven lo huían, era imprevisible y huraño, cambiaba a menudo de domicilio y servicio. Estaba solo, aunque a su funeral acudieran luego diez mil vieneses.
Cuando Mahler fue a visitar a Brahms le soprendió, al marcharse, que aquel titán de la música se quedara solo, haciendo la cena.
Yo creo que esta regla de general vale para casi todos los autores inmortales, con pocas y goethianas excepciones.
La carne mortal, el carácter, la moral, la ideología, todo lo que pertenece al individuo es un estorbo, para los demás y para el artista mismo.
El arte necesita de la muerte, para liberarse y ascender como un producto del espíritu humano, universal y compartido.
El fardo del ego es un lastre para el artista, pero todavía lo es más el de los egos ajenos que lo asedian e ignoran, esta y no otra es la cadena de su implacable y necesaria soledad.
Y su victoria.


domingo, 25 de febrero de 2018

LOLITA entre el mito y el #metoo



Publicaba Laura Freixas el otro día en el periódico El País el artículo titulado "¿Qué hacemos con Lolita?" en el que la autora se atrevía a revisar el mito de la nínfula de Nabokov desde la perspectiva del #metoo.


Antes de dar mi opinión al respecto dejen que las transcriba en forma de imagen la primera de las páginas de este monumento de la Literatura Universal. 

"Lolita", introducción V. Nabokov

¿Qué hacemos ahora con Lolita? Después de ese arranque maravillosamente alto y melodioso, con un eco de Poe y de la trágica balada de la cárcel de Reading de Wilde -por cuanto es la confesión de un condenado, de un depravado si lo prefieren-, cualquier persona en sus cabales seguiría leyéndola hasta el final arrastrados por la prosa superior de Nabokov para abundar en la condición humana, en sus pasiones y vilezas.

No obstante, y aun cuando la autora del artículo no lo dice explícitamente así, el veredicto que hace caer sobra la obra del ruso no deja lugar a la duda, se trataría, desde la atalaya de esta ideología rampante de ARTE DEGENERADO.

Esto nos suena a casi todos, ¿verdad?

Como la terquedad de la belleza es implacable reconoce la autora -que acaso no habrá leído la novela, porque esto siempre hay que sospecharlo en las personas inmunes a la belleza-, que no pone en cuestión la calidad del texto, lo cual –también les sonará- le recuerda a uno a las pretensiones de quienes celebraron en 1937 en Múnich la exposición “Arte degnerado” o a la de aquellos mismos iluminados que rebautizaron como “Museo de una raza extinta” el museo judío de Praga. 

Vaya que Freixas le "perdona la vida" a Nabokov.

"Lolita" fue una novela escandalosa desde su publicación para todas las confesiones morales y religiosas del mundo, incluso la mía, así que lo que lo correcto hubiera sido que la autora titulara más honestamente “¿Qué vamos a hacer otra vez con Lolita?”.

Provocador y transgresor –y, claro está, también heteropatriarcal- fue o es también el "Ulises" de Joyce [y cuánto nos regocija la honestidad intelectual de un conservador y anglocatólico T. S. Eliot -el más alto poeta en inglés-  quien luchó por liberarla de las garras de la censura afirmando que “Considero que ‘Ulises’ es la expresión más importante que el tiempo presente ha encontrado”.]

Lo mismo cabe decir de "Lolita" y de todas aquellas obras que abren en canal el alma humana, su naturaleza de sombras y luces, su perpetua contradicción.

El pensamiento rampante propugna -otra vez- una visión dialéctica de la historia en que la lucha de clases ha sido sucedida por una sublimación patriarcal que ignora la naturaleza humana y se funda -otra vez- en la pureza moral y en la violencia (siempre la violencia se manifiesta primero como intolerancia verbal, acoso y derribo en la esfera pública ahora de dimensiones planetarias en los océanos sociales) como medio de combate para alcanzar una utopía cósmica, como aquel paraíso socialista que nunca llegó o aquel Reich de los tres mil años que llevaría a la raza aria al final de los tiempos.

Pero el comunismo, nadie lo ignora, quedó interrumpido y varado en la dictadura del proletariado –ese oxímoron- y el nazismo descarriló en los trenes del espanto.

De esos fracasos del siglo XX y particularmente del primero, se ha beneficiado la codicia neoliberal, vampirizadora de cualquier germen de espíritu o alma y no albergamos dudas de que no vacilará en hacerlo de nuevo, como ya ha empezado hacer en Hollywood. ¿En qué punto quedará interrumpido ahora el tren de la historia y en este flujo de acción y reacción a qué cotas retrocederá la barbarie humana aupada sobre este nuevo jacobismo que ha instalado su guillotina en la plaza pública de Twitter?

La barretina frigia y el pecho desnudo de la Marianne se alzan ahora como un león rampante contra el patriarcado. Pero basta darse una vuelta por cualquier barrio obrero de cualquier ciudad española un sábado por la noche para confirmar la distancia sideral entre la anhelada ingeniería social y la evidencia de que ha sido la ausencia y desprestigio de la cultura y la educación, la que va a seguir abriendo la brecha no ya entre hombres y mujeres, sino entre la élite y los esclavos felices.

En su artículo Laura Freixas se permite el lujo de comparar dos cuadros de contextos y tiempos muy distantes,  por una lado “La Violación de Lucrecia”, de Tiziano, que simbolizaría la mixtificación en la que habría incurrido el arte occidental y por supuesto Nabokov , de otra parte los hechos aberrantes y la desoladora verdad expuesta por Frida Kahlo en su cuadro turbador “Algunos piquetitos”.

Como la ideología moral y el imaginario estético están unidos y las obras de arte son hijas del espíritu del tiempo, basta mirar ambos cuadros, que seguramente esta red social no me dejará exhibir, pero que enlazo en mi blog, para que cada cual decida qué modelo de educación para el espíritu preferimos.

La obra de Kahlo es buena, pero nadie podría comer o dormir ante ella, esos dos actos viles y burgueses, porque precisamente eso es lo que pretende, y esta es una de las falacias del artículo, reducir la función moral del arte a la cualidad provocadora, obviando los principios de armonía y belleza, que son los de Nabokov, tan denostables.

Condenemos a la flor.

Uno de los errores no menores de este modelo de pensamiento rampante es que como se funda en el concepto de género, se subroga la concesión del título habilitante para la transgresión, y en una pirueta que no es nueva aplica una la ley del embudo basada en una sola cualidad, que es la carne. Es decir, los pingajos que nos cuelguen o que vayamos a decidir que nos cuelguen, nos cuelguen o no. Pingajos estos, perdón, principios estos muy alejados de toda humanidad. En esto no dejan de parecerse a aquellos orondos cardenales del Renacimiento que manejaban una biblioteca privada y pinturas suntuarias y sensuales para consumo propio. La inquisición siempre está por encima del bien y del mal que para eso decide, con la ayuda de los directores espirituales, qué puede leer la plebe.

Libros como “Lolita” nos permiten estar alerta ante la banalización del mal, el gran concepto que nos legó la filósofa Hanna Arendt, quien con más lucidez que nadie -y con legítima condición de víctima- analizó el movimiento intelectual de las barbaries nazis como un proceso que no nace de una maldad intrínseca sino de esa suspensión del juicio por la que el ser humano no se para a discernir el fin de sus actos, simplemente obedece el mandato de su tiempo o de sus jefes.

Si todos somos criminales, como ahora se dice, dejaremos de ver al criminal que es justamente lo que el criminal necesita para perpetrar su crimen.

Lean “Lolita” y eviten incurrir en la autocensura o en la corrección política porque los que dictan los cánones de estos nuevos principios, no se los aplican a sí mismos, ya sea porque están más alla del bien y del mal, o, más probablemente, porque a su pesar, son humanos, demasiado humanos, por decirlo en las palabras del bigotudo  Nietzsche, ese misógino.

¿Sobre quién caerá el próximo anatema?

No lo sé con certeza, pero me consta que ahora han venido a por Nabokov, pero, claro, ¡ay!, yo no soy Nabokov.

Tizian 094.jpg
"La violación de Lucrecia", Tiziano

"Algunos Piquetitos", Frida Kahlo

jueves, 22 de febrero de 2018

Otras dos canciones alemanas

              VI
Der Tod
                   (La muerte)

Compañera de cuna,
tú has nacido conmigo,
bajo la extraña luna
eres mi único abrigo.

Cuando llegue la noche
y me acoja en su seno
te abrazaré sereno
sin un solo reproche.


              VII

Der Vogel
                   (El pájaro)

¿Quién levanta este canto
de la apacible fronda?
¿Es jilguero o alondra
el dueño del encanto?

Anochece el cantor,
pero no la voz honda,
el eco de su onda
¿es mirlo o ruiseñor?


Imagen relacionada
Caspar David Friedrich: Paisaje de invierno con iglesia
 
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