viernes, 22 de enero de 2021

Stoner Chéjov

Simultáneas y heteróclitas referencias, de Juan Lamillar a Felipe Benítez Reyes, de Antonio Muñoz Molina a Lutgardo García Díaz, han hecho que al fin dieran mis pasos con esta novela de culto, publicada en los sesenta y rescatada, como siempre sucede con la Literatura de Verdad, al filo del segundo milenio.

"Es la historia de un hombre" me dijo Lutgardo, y no le faltaba razón, porque a la manera whitmaniana quien acaricia estas páginas está tocando el corazón y el alma de su protagonista, un triste profesor universitario norteamericano que nos muestra, desde su sencillez y honestidad vital, los abismos y las grandezas de una vida que abarca el primer medio siglo pasado, y que es inevitable leer como trasunto de su autor, John Williams, cuyo apellido da nombre al protagonista. 

Chejoviana.

Si hubiera que calificar a esta novela habría que adjudicarle este título, porque es heredera directa de la compasión, la vitalidad, la sencillez y la fraternidad de Chéjov (pienso por ejemplo en el cuento "La dama del perrito").

En las raíces del realismo sucio americano (Carver) se ha señalado siempre esta presencia que es aquí más fuerte por cuanto su autor huye de esa suciedad melodramática. Como decíamos, se presentan los hechos tal cual son, en su esplendor y su derrota.

La novela es extraña en su arranque, pero se hace con nuestro absoluto interés en cuanto asistimos, tras una o dos páginas, a la epifanía de la literatura. Todos los letraheridos se reconocerán en el fulgor vocativo, en la llamada que recibe Stoner a través de un soneto de Shakespeare, a la ultrarrealidad de la poesía.

Este deslumbramiento epifánico acontece otra vez cuando, tras un desdichado fracaso matrimonial que lo acompañará de por vida, William Stoner conoce el verdadero amor conyugal sin bendiciones ni papeles. Es esta es una de las historias de amor más grandes y conmovedoras que jamás se hayan escrito. Por su intensidad -que justifica una vida-, merece la pena leer las tristes páginas que conducen a su plenitud. Resulta deslumbrante, por su sencillez y su verdad.

Demoledora resulta, por otra parte, la visión de la Universidad, como un microcosmos de inadaptados que refleja las taras del mundo y es expresión de sus limitaciones. Esta novela debería ser de obligada lectura antes de empezar un doctorado. Cuando los aspirantes al gaudeamus universitario choquen con la sevicia  universal de catedráticos y profesores auxiliares, se les podría decir: "no digas que no te avisé". Lasciate ogni speranza voi ch'entrate

Muchos de los defectos de la universidad americana que han contaminado al mundo, entre ellos la entonces (años veinte) incipiente corrección política, están aquí recogidos de forma seminal. Ningún estudio sobre la literatura universitaria ("Todas las almas" de Javier Marías entre nosotros) debería prescindir de esta piedra (Stone) angular.

El final del protagonista, su fervor docente o la amarga relación no exenta de ternura -es ante todo un libro tierno-, con su mujer y su hija nos dejan el corazón contrito, que es palabra que ya no se usa, pero que hace más al caso que acongojado; pues se sale llorando de sus páginas.

Temblorosos, llorosos, dubitativos, cerramos la novela y decimos, he aquí a un hombre y, como decía Milosz en un poema, cuando muere un hombre, cae un imperio.

NOTA: La he leído traducida al español (creo que va por la catorce edición) en la versión de Antonio Díaz en BAILE DEL SOL, apenas diez euros en la edición de bolsillo.








Las Terrazas

 A los trabajadores de La Vespa Bermejales  con gratitud.

Como aquella aldea gala de los tebeos de Astérix resisten las terrazas al vírico invasor y, sobre todo, a las administraciones y medios que se empeñan en asfixiarlas.
Injustamente vilipendiadas, me parece que pocos lugares hay más seguros que el puro aire libre, al menos para las unidades familiares o para quienes sin amontonarse cumplan con las normas elementales.
Yo no conozco un lugar mejor para leer en estos días de bibliotecas y parques cerrados.
En estos tiempos de penuria me parecen los únicos espacios inmunes a la tristeza, los únicos lugares que aún nos recuerdan, liberado el rostro del bozal, la vida como era.
En las terrazas habita la esperanza y la alegría, son dadoras de una comedida felicidad y apenas el único hilo que nos conecta con lo que fuimos una vez, un pueblo feliz.

IMAGEN: 28 DE MAYO 2020 (Un diez para la Vespa)



La condición humana


Hoy, leyendo el final de la novela "STONER" de la que luego hablaré, me echado a llorar como una magdalena.

Me lo han debido notar en la terraza donde acababa el libro.

De repente he sentido una compasión y una piedad universal e infinita por todos los seres humanos a la que supongo contribuía el cálido alcohol del viernes vespertino.

Algo así como un solitario momento de exaltación de la amistad que participaba del cósmico sentimiento fraternal de un Beethoven en la oda a la alegría.

Pero qué ternura y qué amor me han inspirado, como en un Aleph, en todo tiempo y lugar, nuestra fragilidad, nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras desesperanzas, nuestras ilusiones, nuestra alegría, nuestro temor...

La condición humana.





Un Gobierno para España

 

Trump ha sido el primero, Merkel -y no solo por edad-, la segunda, no me sé bien el calendario, pero Macron o Johnson serán los próximos.

Nadie, absolutamente nadie, de los que han estado al frente de esta desdichada pandemia repetirá en su cargo.
Esto lo sabe Iván Redondo y por eso intenta apartar en lo posible a PSNCHZ como se aparta Iglesias que no ha visitado ni una sola de las residencias de ancianos que son de su competencia.
Hasta el menos informado sabe que en las próximas elecciones arrasarán las derechas y, sabiéndolo, izquierdas y derechas deberían empezar a prepararse, para que a la guerra no suceda nuevamente la victoria, sino la paz social.
El PSOE debería alejarse ya de las fuerzas antisistema, revolucionarias o nacionalistas, y empezar a gobernar con sentido de Estado y, tanto la derecha legítima, que otros llaman cobarde, como la derecha macarra o la centrista (es decir la intercambiable) deberían estar a la altura de este momento histórico que se avecina.
Los que tanto presumen de amar a España y que parece que solo se aman a sí mismos de lo que dan fe sus posados, tan épicos como ridículos, deberían ir preparando ya una lista única con la derecha insulsa.
Y si de verdad amaran a este país, que a pesar de todo merece ser querido, añadirían a esas listas a todo lo bueno que tiene el PSOE repartido por esas comunidades de Dios, y que tanto calla, me temo que más por cobardía que por vergüenza.
Porque creo que solo cuando mi amigo*
Francisco Javier Fernandez Rodriguez
, candidato por el PSOE al ayuntamiento de Plasencia, o Pablo Pampano, eterno anarquista y revolucionario de los pinceles, o yo mismo -que aunque me considero tan de derechas como de izquierdas supongo que soy un facha de toda la vida- proclamemos Presidente de la República o de lo que sea -porque siempre ha sido muy monárquico (qué le vamos a hacer, nadie es perfecto)- a nuestro libérrimo y querido Lorenzo Clemente, heredero directo de Montesquieu y estén en ese gobierno por ejemplo el leonesista
Ricardo Chao Prieto
o de ministro de industria el nuclear
Danny Peich
, habrá arriba y para todos un reflejo de lo que en realidad es el país, quiero decir España.

Gobernaríamos hasta para los antitaurinos.

(*)Aquí pueden cambiarse todos los nombres por la gente común, honrada y sensata que todos conocemos salvo Lorenzo Clemente, nuestro Clemenceau que debe ser presidente vitalicio.


jueves, 21 de enero de 2021

Arquetipos progres de España


En la Historia Reciente de España, desde 1868, siempre que se produce un cambio hacia un régimen progresista o revolucionario aparecen los siguientes arquetipos en la baraja, que seguramente sean una constante de la historia aquí y en cualquier país sujeto a cambios radicales.
-En la cúspide, muy tocado, por la edad, la corrupción y particularmente en España la golfería está el tirano con cuyo pasado se quiere hacer tábula rasa.
-Para hacer vendible el cambio a las clases populares el dictador ha de ser sustituido en el imaginario por un hombre de paja que concite las desdichadas ilusiones del pueblo.
-El cambio es imposible sin la colaboración de un traidor al régimen, formado en sus cuadros y experto surfeador de sus vericuetos e influencias.
-Para impulsarlo se necesita, siempre, un agente provocador, guerrillero y belicoso, ma non tanto, un caudillo de arengas épicas y suave poltrona, revolucionariamente acomodaticio para que no se vaya de las manos el cetro.
Expuesta mi tesis dejo para su evaluación la tabla de concordancias de arquetipos "democráticos" que me he entretenido en pintar.



domingo, 17 de enero de 2021

La cepa y el cepo

Quienes ostentan el poder que les hemos conferido de lo bajo deberían fortalecer la esperanza de los ciudadanos. Sin esperanza es imposible derrotar una crisis. Churchill prometió en el inicio de la Guerra, "sangre, sudor y lágrimas" (1940) , pero fue capaz de sostener la esperanza del mundo libre y anunciar en fecha tan temprana como 1942 "el final del principio". Nuestros actuales gobernantes, todos y de todo signo, obstinados en que se les reconozca su lucha frente a la  pandemia alternan, semana a a semana, discursos buenistas o desesperados para justificar unas medidas cuya efectividad real, si fueran honestos, deberían reconocer que ignoran.

Cuando Juanma Moreno anuncia las restricciones parece el Hermano Mayor de una cofradía en día de lluvia. Tanto para el "creemos que poder hacer la estación de penitencia" como para el "debemos ser responsables y proteger los enseres de la hermandad". Si, como afirma, los contagios son explosivos y se deben a la cepa británica -lo primero es probable, lo segundo no hay ciencia en España que lo demuestre- debería dimitir, porque este conocimiento ya lo tenía antes de las navidades. 

Seamos honestos y no nos engañemos, España tuvo las navidades que necesitaba y las que un país azotado por la tragedia y la miseria se merecía: sobre la salud del cuerpo está primero la salud del alma, la esperanza. 

Quieren -pero no lo quieren de verdad, sino que lo quiera PSNCHZ al que en su día culparon de haberlo hecho- que nos apliquen un confinamiento agresivo cuando aún no está demostrada la efectividad del primero (claro, si me quedo en casa no tendré accidentes de tráfico, hasta ahí llegamos todos, pero, ¿más?).

¿Se acuerdan de aquella norma absurda que impedía quedarse sentado leyendo, andar sí, pero sentados no, bañarse en el mar o caminar más allá de un quilómetro de casa? 

¿Es esto lo que quieren reeditar?

En julio no había apenas gente en los comercios, en agosto, tampoco, la gente empezó a animarse y a sentirse segura, la llamada de la vida, cuando se verificó que gracias al titánico esfuerzo de los claustros escolares reconvertidos en centros de salud, los colegios no eran un foco de infección.

Pero además se ha insistido MUY POCO en una cosa de la que el curso escolar es demostración empírica: que si se utiliza la mascarilla de forma adecuada -¿dónde está la gripe?- el avance del virus se mitiga.

Sin embargo no insisten en ello: nadie quiere atreverse a dar la seguridad -la esperanza- al ciudadano de la efectividad de la mascarilla (que no es menor que la del universal preservativo). Conviene, supongo, que siga existiendo el miedo.

El miedo a la cepa, hoy británica, mañana brasileña, porque sobre el río revuelto de la opinión pública es más fácil sostener un caladero de votos si uno parece que hace algo, pero dictar normas no es hacer nada.

La gente está en la calle porque no percibe el miedo y no lo percibe porque no se amontonan los cadáveres en la calle, ni siquiera bajo la nieve o -y aquí queríamos llegar- en las pantallas de los televisores.

No se atreven, pero si nos mostraran la realidad de los hospitales, los nombres de las víctimas, los síntomas de los afectados, la juventud de algunos fallecidos no sería necesario insistir en lo obvio. Contrariamente a lo que se piensa esto no sería desesperanzador, porque la realidad hay que saber enfrentarla, sino que nos permitiría concentrarnos, sin más narcóticos, en la vacunación.

Que exista vacuna y muera gente roza lo criminal y esto es lo que los que mandan no han sabido hacer mientras discutían sobre el carnet de vacunación para ir o no al fútbol.

Esperan que la realidad les sonría -¿por qué habría de jugar a su favor?- y apuntarse el tanto de cualquier mejora futura y cargar toda la responsabilidad en los ciudadanos.

Nada más absurdo que la continua apelación a que se cumplan las normas, es otra vez el buenismo cínico que ignora la naturaleza humana: es como decirle al ladrón que no robe o al asesino que no mate. Es un esfuerzo vacuo. Lo que vale es impedir el crimen.

El virus, como todas las enfermedades, ha tomado la ruta del vicio y lo que hay que hacer es explicarlo a la gente para que se prevenga -todavía hay quienes piensan que el virus se contrae espontáneamente desde el cielo como un castigo divino-, impedirlo donde sea ilegal y alejarlo donde se pueda. Pero aquí entre otras medidas estrellas nos encontramos con que lo que se hace es cerrar la restauración a las 18.00h para que los delincuentes hagan la timba en casa.

Siempre creí en la bondad de un Estado pequeño y poderoso, lo suficientemente grande como para asegurar una sanidad, una educación y una defensa pública, y lo suficientemente poderoso como para no caer en manos de embaucadores y politicastros que se llenan la boca con discursos vacíos sobre cuestiones que ignoran, como ignoramos todos.

Pero me veo en la obligación de darles la razón a mis amigos anarcoliberales, el Estado se suponía que estaba para resolver la nieve y la pandemia. 

Y ha fracasado. 

Tanto en las manos de la derecha liberal como en las de la izquierda socialista.

Y el primer fracaso es el del lenguaje de la desesperación: antes de amenazar con cepas, hagan algo y dejen de hablar, pónganse un cepo.




jueves, 14 de enero de 2021

España a vista de Sello

(Prólogo sin acuse de recibo)

No soy experto sino más bien advenedizo o aficionado reciente al universo de la filatelia y, en consecuencia, rehén de la matasellada fe de los conversos y carente de toda autoridad en la materia, salvo la que me pudiera conceder desde lo bajo (muy bajo) un elemental (muy elemental) juicio estético. Me atrevo, no obstante, a afirmar, después de haber mirado miles de sellos de varias decenas de países en los últimos meses, que los años sesenta fueran la edad dorada del sello español. 

Aparecieron entonces unas series magníficas de paisajes y monumentos, como la -así llamada- "Serie Turística" o la de "Los Castillos de España", impresas en dos tintas de infinitos colores, a partir siempre de una calcografía grabada a mano, que buscaban  dar a conocer España a los visitantes extranjeros que bajo el encanto de aquel mantra racial y único: Spain is different! empezaron a llegar a las playas, plazas y pueblos del desarrollismo nacionalcatólico.

Mucho habría que hablar sobre las consecuencias, fastas y nefastas, que tuvo sobre el patrimonio aquel aperturismo que hacía gala de la exótica singularidad española, aunque la realidad es que el objetivo deseado por los próceres al mando se logró con creces, porque desde entonces y hasta la pandemia del año pasado aquí no ha dejado de venir gente a pasear. 

Fueron muchos y excelentes los grabadores de aquella época. Quienes saben citan sobre todo a Antonio Mánso Fernández (Madrid, 1934-1993) quien realizó toda su carrera profesional -nos dice la Wikipedia, nueva Bocca della Verità sujeta a tantos errores como la de Roma- en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, llegando a ser en 1989 Grabador Mayor de la Casa de la Moneda (¡Qué título de nobleza maravillosa!). Suyos fueron los anversos líricos del billete de 100 pesetas de Falla y Bécquer y fue autor completo nada menos que el de 5.000 Pesetas -quien lo hubiera pillado entonces-, de Juan Carlos quien siempre podrá aducir en su histórico descargo que no fue acopiador de riqueza, sino coleccionista al por mayor de sus egregios retratos notafilícos.

Estos sellos, cuyo estética había venido desarrollándose desde muchos años atrás pero que en los sesenta alcanza su cénit, -los monumentos y tesoros de España fueron motivo de celebración postal desde principios del siglo XX-, y que aún extenderán su influencia artística en el diseño hasta muy avanzados los ochenta -cuando progresivamente se fuera abandonando la técnica del grabado por el conocido procedimiento de la jubilación del artesano-, ofrecen una imagen de España de una belleza resplandeciente.

Son preciosos. 

Atentos siempre a lo esencial de la forma, la composición y el detalle, cada uno de estos sellos es una obra maestra del grabado. Valen más e ilustran más que las decenas de miles de ristras y rimeros de postales desenfocadas, de colores saturados o exangües que, siempre con aire casposo y carpetovetónico, aún podemos encontrar durmiendo el sueño de instagram en los expositores de todo el territorio turístico nacional.

Remedando aquel maravilloso programa aéreo que fue "A vista de pájaro" y que nos deslumbró con el plano general y el detalle abismado de la España monumental, doy yo ahora inicio también a una nueva serie filatélica, a la que he llamado ESPAÑA A VISTA DE SELLO.

Son o serán glosas a estos pequeños grandes carteles, dedicada unos días a anotar la belleza de una imagen o un color, otras no más que a recrear o recordar el paisaje o el lugar que evocan, de forma que sean una suerte de pequeño viaje por una España portátil. Un baedeker filatélico para andar por la Piel de Toro, esa piel que hoy unos quieren vender o repartir a suertes y a la que sin necesidad de comérnosla o meterla en la mochila, vamos a intentar viajar ahora, lupa en ristre, no ya sin salir del escritorio, sino de dos o tres páginas de un álbum de sueños.








jueves, 7 de enero de 2021

La horda capitolina

 

La alfabetización de las masas a principios del siglo XX no las inmunizó contra la demagogia de la propaganda, sobre esa ola se alzaron el comunismo y el fascismo.

Faltaba la cultura y, con más prensa, hubo más barbarie.
La alfabetización tecnológica de principios del siglo XXI, -internet, smartphones, redes sociales- menos acompañada aún de la cultura, que concede la facultad de discernir el mal del bien, ha hecho rehén de las fakes news o del pensamiento dominante a buena parte de la humanidad.
Así, con más información, hay más ignorancia y menos pensamiento, más consignas y más resortes: menos libertad individual.
La cultura, la sabiduría, no es una acumulación de erudiciones -he conocido en pueblos remotos sin biblioteca a los hombres más sabios- sino la construcción mental de una escala de valores y emociones que nos ayuda a juzgar los hechos del mundo y de la vida ordinaria de manera ecuánime: está hecha de lecturas y de música, de ejemplos familiares, de la experiencia social y moral.
Pero esa vertebración social sobre valores comunes y compartidos cuyos referentes todavía yo encontré en la Iglesia, la Universidad, la Escuela, la Nación, la Ciencia... ha sido laminada.
La referencia moral es ahora Instagram, el pensamiento, Twitter, la ejemplaridad familiar, Facebook.
No es de extrañar que en este marasmo de confusiones surjan los ministerios de la verdad, los populismos, los mesías y los salvapatrias.
Urge, siempre ha urgido, la regeneración moral, pero, ¿cómo llegar a ella sino es mejorando cada uno de nosotros, uno por uno, resistiéndose a descender al lodazal donde nos arrastra todo el fango público, el pertinaz alarido del mundo que es en el fondo un bostezo?
Porque la alternativa, y siempre ha funcionado, es hacer una pira gigantesca y echarlo todo al fuego como en "El ocaso de los dioses" wagnerianos.
Vuelve a tratarse, otra vez, solo de una cosa, de salvar el alma.



lunes, 4 de enero de 2021

Senderos de gloria

Cuando uno dedica una parte importante de su vida, aunque tampoco mucha, a escribir versos ha de estar preparado para que le crezcan enemigos, uno ni los quiere tener ni los merece, pero ha de asumir que los tendrá, a cada palabra que escribe, por ejemplo estas mismas (un saludo al nuevo).

Esto es así porque los poetas fueron los precursores del ofendidismo internacional, ya que antes que la corrección política fue la corrección métrica.
¿Y cómo sucede esto?
Pues pasa sin que te des cuenta, alguien, por ejemplo, te pide la opinión sobre un poema y ya la hemos liado: si te quedas corto en el elogio, malo, si te pasas, ¡si te pasas es peor!
Si ya lo pones por escrito ni te cuento, todos aquellos de los que no hayas hablado nunca y que por lógica serán un número infinitamente superior te categorizarán como enemigo hasta que lo redimas con una reseña que sea de su agrado, que nunca hay ninguna que lo sea, salvo la que los propios poetas escriben en las contraportadas de sus libros.
En fin que aquí tenemos un joven lanzado al mundo de la lírica y no ha empezado aún a gatear cuando ya tiene más emboscadas que niños bandoleros había en Écija.
Para evitarse problemas hay que "Parsifal" de todo, es decir, cruzar el jardín de las tentaciones como hacía el portador del grial, más haciéndose el tonto que el bueno, porque no se puede ser bueno en esta cofradía de renegados y renegridos.
Y yo lo entiendo, porque aquí, quien más que menos es Rilke y está en juego nada menos que la gloria literaria, que aunque abriga poco a los muertos, es el sueño perenne de los vivos, sobre todo si es intercambiable o pagadera en forma de premio, columna diaria o publicación.
Por otro lado es justo que cada poeta se sienta si no Rilke, Homero como mínimo, porque los versos de cualquiera, tomados de uno en uno y leídos ante el espejo con voz solemne y rotunda, siempre suenan bien, está ahí en nuestra garganta toda la historia de la lírica y el corazón en la mano, ¿quién negaría su propia inmortalidad?
Ahora, es curioso que, aspirando tanto a la inmortalidad, anhelen tantos el reconocimiento terrenal. Esto es por lo que muchas veces he sospechado que para muchos la poesía es un medio, no un fin.
A la mayoría de los innominados poetas la poesía les da igual.
La Poesía, así, con mayúsculas, la que es Verdad y Belleza, está siempre en busca y captura, donde aparece es siempre perseguida por los que se dicen sus ministros, cazadores de luciérnagas a los que siempre les molestan los brillos en corona de laurel ajena.
Viene todo esto a cuenta de un artículo aparecido en prensa en que un vocero de la lírica andaluza regala una retahíla de adjetivos a cuenta del homenaje a Bécquer y quizá porque no se le hubiera invitado, retahíla que yo creo -si no estuviera curado de espantos- que debiera haber reservado (estamos en Navidad y no vaya a ser que Dios no quiera nacer) para algún sindicato del crimen o, al menos, para alguna acción más pérfida o execrable digna de tan egregios epítetos.
En fin que nuestro crimen fue dar una Misa por Bécquer (y Valerian) y que solo fuéramos trece felices escogidos cuando las puertas del templo estaban abiertas para todos, como las del monte Parnaso...
Menos mal que Bécquer, con esos ojos suyos, los suyos nada más, ya me había advertido de esto en la rima XLVII:
Yo me he asomado a las profundas simas
de la tierra y del cielo,
y les he visto el fin, o con los ojos,
o con el pensamiento.
Mas ¡ay! de un corazón llegué al abismo
y me incliné un momento,
y mi alma y mis ojos se turbaron:
¡tan hondo era y tan negro!!
Y quizá por eso, por hondo y negro, no se le invitó.
Que sigan radiando.



El color (lírico) del dinero

Cuando un poeta dice que una editorial "apuesta" por él lo que quiere decir, salvo excepción, es que el pobre ha apostado su dinero por la editorial.
Editoriales que, por cierto, son la banca de este juego porque nunca -aunque afirmen lo contrario- pierden; todo lo más, ganan poco, o menos de lo que querrían, como todos.
Todo el dinero que se mete en la poesía está perdido de antemano, así que lo que se gasta una editorial en poesía, si se lo gasta, es parte de las regalías pasadas o de la bolsa de la beneficencia, es decir a fondo perdido.
¿Perdido?
Dinero no ganan, claro, pero ganan influencias, presencia en medios y redes, prestigio, traductores de gratis, reseñistas aplicados, asistentes a presentaciones, miembros en los jurados de los premios, etc...
En esta mascarada participamos todos, y no difiere del resto de mascaradas de la vida, siempre que se sea consciente de cuál es la posición de uno y si le trae cuenta o no rodar cuesta abajo en los hulahops del poder.
No, la edición de poesía -no la poesía- no es ni buena, ni noble ni sagrada, si esto ya era así en los días de Propercio, ¿cómo no habría de serlo en los felices días de Glück? 

Conspiración

Las teorías de la conspiración se basan, por lo general, en la conexión de puntos que, sin aparente relación entre sí, nos devuelven un mapa o dibujo de la realidad en la que todo alcanza "una explicación".

Dicho de otro modo, abusando de la causalidad proponen que "nada es casualidad", sin embargo, hay, me parece, dos poderosas objeciones que plantear a este modelo de pensamiento distorsionado.

La primera guarda relación con la existencia de “los puntos en sí”: si los conspiranoicos pudieran predecirlos a priori en lugar de justificarlos a posteriori merecerían más respeto. Una vez puesta la pandemia en el mapa, por ejemplo, es tan posible conectarla con el Papa Francisco como con la Guerra de Secesión americana. 

Digamos que ya no tiene mérito.

La segunda es el abuso del "Deus ex machina", el procedimiento dramático por el cual, interrumpiendo la lógica interna de una trama se acude a un agente exterior que justifica cualquier suceso y su resolución, un ejemplo clásico sería la aparición del "Séptimo de Caballería" en las películas del Oeste.

Dice la Wikipedia que Aristóteles habla del “Deus ex Machina” en su Poética:

«Por esta razón es menester, así en la descripción de las costumbres como de los hechos, tener siempre presente o lo natural o lo verosímil; que tal persona haga o diga las tales cosas, y que sea probable o necesario que esto suceda tras esto. De donde consta también que las soluciones de las dificultades han de seguirse naturalmente de la misma fábula, y no como en la Medea por tramoya (deus ex machina)».

El “Deus Ex Machina”, la tramoya más socorrida en el universo conspiraonico, es el de la existencia de una organización supranacional que, reunida en diversos aquelarres, desde el Club Bilderberg al Fondo Monetario Internacional, facilitaría instrucciones anuales para que el mundo oscile en un sentido o en otro.

Un nuevo orden mundial, para que nos entendamos.

Yo no dudo de que se cursen esas instrucciones tan poco secretas y tan contradictorias a veces, como tampoco dudo de que se hayan sustituidos los Estados por "foros de opinión" o de que las grandes corporaciones, financiando los medios de comunicación, impongan una visión programada del mundo.

La ingeniería social está a la orden del día y la pugna entre el relativismo materialista y el cristianismo se está -aparentemente- resolviendo por goleada a favor del primero.

Me parece que esto está sucediendo a la luz del día y con taquígrafos al menos desde la Revolución francesa. Es decir que lo que para un conspiranoico constituye la clave del secreto me temo que es lo obvio, que los poderosos mandan, que son los malos y que utilizan toda clase de recursos deshonestos para mandar más.

Aceptemos, no obstante, lo que ya sabíamos y que hemos descubierto gracias a las pesquisas de estos nuevos caballeros andantes. En efecto, “alguien mueve los hilos"; sucede que llegados a este punto y con su verdad destilada el conspiranoico se encuentra con el paso cortado, pues no existe ninguna otra operación mental que suceda al "descubrimiento" que no sea la mera denuncia: "nos vigilan, nos manipulan, nos controlan…". Constituye el suyo una suerte de pensamiento fatalista que solo reafirmara la libertad propia de disentir y de ser “más listos que nadie”.

La cuestión de fondo es, sin embargo, si la mano que mueve los hilos puede realmente mover el cerebro y corazón de TODOS los hombres, además de los conspiranoicos que no por disidentes son menos sometidos, al menos en segunda derivada. Esto nos conduce directamente a los problemas filosóficos del mal y la libertad.

Problemas que exceden el ámbito de esta reflexión, pero que constituyen la clave de bóveda de toda la ética política. Y es que pese a los engaños, las fabulaciones y las falsas recompensas de los poderosos nada ni nadie puede doblegar la conciencia de un hombre verdaderamente libre.

Y es ahí donde radica la impredecible, increíble, no domesticable y nunca escrita “eterna novedad el mundo”.

Esto es lo que siempre se les olvida a los conspiranoicos.

Y a los conspiradores.


IMAGEN: Algoritmo MINIMAX



domingo, 27 de diciembre de 2020

La blasfemia y la mendacidad

La lideresa del Psoe en Valencia nos ha recordado a todos, no tanto con ánimo de ofender como de hacerse la víctima luego -estos golpes se preparan así- que el Hijo de Dios nació de una mujer.

Ella no lo ha dicho así exactamente, sino que ha hecho uso de un eufemismo -un eufeminismo- que podamos entender todos.

Yo me he acordado al leerla de aquella cita de George Bernanos que decía que hay en la blasfemia un resto del amor a Dios.

Ella no se ha dado cuenta, pero por la vía negativa, nos ha recordado tres verdades evidentes:

1) Que Dios -que en su omnipotencia podría haber elegido cualquier otra vía para hacerse presente en el mundo- decidió encarnarse en una mujer.

2) Que ya desde el Génesis cuando la Virgen es anunciada al demonio -"una mujer aplastará tu cabeza"- el Cristianismo coloca en un lugar principal a la mujer (lugar que no existía ni en el judaismo, ni en Roma, ni en Grecia).

-Y no solo a la Virgen: María Magdalena es la primera en ver el sepulcro abierto y las mujeres acompañan a Jesús en su ministerio como el resto de discípulos.-

3) Que todos nacemos del vientre de una mujer y que la maternidad, que nos concierne a todos, ha de ser ensalzada y protegida.

En lo que a mí respecta que siga blasfemando tan intensamente, no porque manos rojas no ofendan, sino porque, como decía Bernanos, hay una adoración implícita en su vulgar jaculatoria.

Otros les han recordado que no se atrevería a decir lo mismo de otras religiones, como el Islam, pero yo esto lo comprendo -no por el miedo a que la cimitarra le rebane el cogote- sino porque lo honesto es renegar solo de lo que se conoce muy bien y se ha practicado mucho. Lo contrario sería ser mendaz.

Los escupitajos a lo alto tienen esto que, de vuelta y por la racional ley de la gravedad, caen sobre la propia cabeza.

Quizá por eso los antiguos prohibían la blasfemia.

Y  "la mendacidad".




IMAGEN: Inmaculada del Escorial. Murillo.

La grandeza de Bécquer (IV)

Cuando Bécquer escribe sus primeros textos hacia 1850 el romanticismo ya quedaba muy lejos; no obstante, una y otra vez, solemos referirnos a su obra como tardorromántica bajo la hipótesis de que la plenitud del movimiento se hubiera manifestado en España con un retraso que él hubiera contribuido a reparar, junto con Rosalía de Castro.

Si bien es cierto que la sensibilidad romántica se extiende en el arte hasta bien entrado el siglo XX, la realidad es que lo hace de forma transmutada y muy estilizada, ya como simbolismo y modernismo, y con mecanismos de expresión muy alejados del énfasis romántico.

Románticos “stricto sensu” habrían sido Larra (1809-1837) -quien se suicida cuando Bécquer apenas cuenta un año-; Espronceda (1808-1842) -que muere cuando Gustavo Adolfo ha cumplido los seis- o Zorrilla (1817-1893)- que siendo casi veinte años mayor que nuestro poeta lo sobrevivirá aún más de veinte. Y aun en el caso de estos autores se trataría -frente al más temprano romanticismo europeo- de la segunda ola romántica, siendo el primer frente español el de Blanco White, (1775-1841) o el Duque de Rivas (1791-1865) y la primera manifestación del pathos romántico la de José Cadalso en sus "Noches lúgubres" (1741-1782) aunque todavía dentro del clasicismo

Con estos autores arranca la formación poética de Bécquer quien habría leído con mucho provecho a Chateaubriand (1768-1848), Víctor Hugo (1802-1885) -que nace 34 años antes que Bécquer y muere 15 después que este- o Walter Scott (1771-1832). La rebeldía romántica ya había sido domesticada por la ilustración burguesa a la que Bécquer perteneció por clase y por edad y él lee estos libros en la atildada biblioteca sevillana de su madrina Manuela Monehay. Su primera rima es, por ejemplo, una imitación de Byron ("tu pupila es azul y cuando ríes"), precisamente del Byron de "Las melodías hebreas", menos patético y más sentimental.

Si atendemos a la poesía, cuando se publican en 1871 las "Rimas" de Bécquer el poeta de más éxito en España es el Campoamor (1817-1901) de las "Doloras" (1846)  quien probablemente proporcionó a Bécquer, a través de su prosaísmo, algunos mecanismos de expresión que lo ayudaron a aligerar la pesada retórica que se arrastraba en la poesía nacional como cañones desde la Guerra de la Independencia, y cuyo máxima -es mejor decir, mínima- expresión era la enfática obra de Gaspar Núñez de Arce.

Aunque Bécquer recree amores y fantasmagorías -asumidos ya como temática burguesa- su paleta literaria -muy adelgazada- tiene mucho más que ver con el realismo estético, por ejemplo de un Juan Valera, compañero suyo en el "El Imparcial". Las narraciones de Bécquer, no dejan de ser en su arranque sino cuadros de costumbres y sus artículos son -con vagas idealizaciones- daguerrotipos de la realidad como no podía ser de otra forma en quien había hecho del periodismo su "modus vivendi".

El año de la muerte de Bécquer lo es también de la primera novela de Galdós, "La fontana de oro", sería absurdo, basta cotejar las obras de ambos, suponer entre uno y otro una distancia de medio siglo en la expresión.

Ahora bien, tampoco se puede afirmar sin más que Bécquer fuera un autor realista -más allá de la estética de su dicción- sin incurrir en un error de enfoque no menos errado que el de tildarlo anacrónicamente de romántico.

Pienso que la  obra de Gustavo Adolfo Bécquer, más por temperamento y por descubrimiento propio que por emulación o aprendizaje, es homologable a otras corrientes artísticas europeas de su tiempo. Pongámoslo, por ejemplo, en relación con un Ruskin y se encontrará la misma pulsión por lo medieval, la misma intensidad emocional en el uso del color y el adjetivo.

No, no hubiera desentonado Bécquer como escritor en la Hermandad Prerrafaelita fundada en 1848 en Inglaterra, con qué facilidad podemos superponer los cuadros de Waterhouse, Millais o Burne Jones a sus leyendas. Es más, podríamos confrontar los poemas de Dante Gabriel Rosetti (el más alto representante del prerrafaelismo poético) a los de Bécquer con resultados sorprendentes.

Véase:

Vaporous, unaccountable,
Dreamland lies forlorn of light,
Hollow like a breathing shell.
Ah! that from all dreams I might
Choose one dream and guide its flight!
I know well
What her sleep should tell to-night.

Vaporosos, inabarcables,
Las tierras del sueño yacen en despojos de luz,
Vacías como cáscaras de aire.
¡De mis fantasías se me permite
Elegir un sueño y guiar su vuelo!
Conozco bien (y te conozco, doncella)
Lo que tus sueños deben decirte esta noche.

("La noche del amor", fragmento. Traducción, fuente: https://ciudadseva.com/autor/dante-gabriel-rossetti/poemas/)

¿Será verdad que, cuando toca el sueño,
con sus dedos de rosa, nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas,
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?

(Rima LXXV)

Es cierto que el movimiento prerrafaelita -de limitados resultados artísticos según convención universal de los (discutibles) teóricos del arte- es de raigambre romántica, pero no es Romanticismo puro, y otro tanto podríamos decir de Bécquer que, según esta tesis, habría encarnado en el español esta escuela estética -casi agotada en él mismo- cuyo resultado inmediato fue la liberación de la prosa y de la poesía de su corsé decimonónico; como fue el prerrafaelismo,  a través de la obra de Morris, precursor del "Art and Crafts", esto es, de la universalización de las artes plásticas y el diseño.

No hay mucha distancia, por no decir ninguna, entre la obra pictórica de su amigo el pintor José Casado del Alisal, a quien debemos la salvación de la obra becqueriana, y la pintura de los prerrafaelitas, tómese por ejemplo el cuadro "La campana de Huesca", donde muy probablemente por cierto está representado Bécquer, que hubieran podido firmar Millais o Burne-Jones.

"La campana de Huesca", José Casado del Alisal (1880)


Sir Isumbras at the Ford (1857)

Haber sido el portador de esta sensibilidad estética medievalista, común a toda la Europa simbolista (pienso ahora en el Rilke de "La canción de amor y de muerte del AlférezCristoph Rilke), constituye una parte no demasiado reivindicada de la grandeza de Gustavo Adolfo Bécquer.

¿Y quién podría resistirse a ilustrar como colofón a estas ideas la "Rima VI "dedicada a la Ofelia del Hamlet de Shakespeare -del que Bécquer fue devoto como los prerrafaelitas- con las pinturas consagradas a este carácter enfermizo e ideal por la Hermandad?

Como la brisa que la sangre orea
sobre el oscuro campo de batalla,
cargada de perfumes y armonías
en el silencio de la noche vaga;

símbolo del dolor y la ternura,
del bardo inglés en el horrible drama,
la dulce Ofelia, la razón perdida,
cogiendo flores y cantando pasa.

Ofelia, Waterhouse

Ofelia, Waterhouse


Ofelia, por Millais, detalle 

jueves, 24 de diciembre de 2020

El silencio de los corderos

Que en mitad de una pandemia que ha supuesto la muerte de decenas de miles de ancianos el gobierno legisle sobre la eutanasia evidencia, una vez más, el inmutable cumplimiento de una hoja de ruta.

Neguemos la mayor, ¿qué muerte no es digna? ¿En qué dignifica la muerte convertirla en homicidio aun cuando realmente la palabra correcta, según el diccionario sería el asesinato?

Homicidio: delito que consiste en matar a una persona sin que exista premeditación.

Asesinato: Matar a una persona con premeditación.

¿Cui prodest? ¿A quién beneficia, a quién conviene? ¿Cuál es la demanda social de esta abyecta y criminal legislación? Así como en los delitos sexuales clamaba al cielo un endurecimiento de las penas y la necesidad de una ley permanente de prisión, ¿qué urgencia había de legislar sobre esto y, puestos a legislar, por qué no se ha hecho sobre los cuidados paliativos?

No, estar en contra de la eutanasia -esto es, esa tautología que es estar contra la muerte- no significa -como los okupas de la realidad intentan hacernos creer- estar a favor de la prolongación artificial de la vida, prolongación que es otra forma de muerte. Tampoco implica enaltecer una visión redentora y trascendente del dolor: el dolor es malo y debe ser eliminado, aunque engrandezca a quien lo soporta.

Pero eliminar el dolor no se puede hacer por el camino expeditivo de eliminar el cuerpo.

Es fácil argumentar a favor de la eutanasia acudiendo -como en todas las leyes que atienden a una singularidad interesada- a los ejemplos extremos, pero todos hemos visto “Million Dollar Baby”, dirigida por el conservador republicano Clint Eastwood, y hemos comprendido por qué la mano del entrenador desconecta la máquina.

La compasión es humana, extremadamente humana, pero las leyes son frías y si permiten algo, lo permitirán con todas sus consecuencias. Con las leyes de hoy y en los poquísimos casos juzgados  los jueces saben encontrar mil y un atenuantes que amortiguan la condena, si acaso llega a haberla.

El viejo adagio de que cuando se hace la ley, se hace la trampa, se ha de considerar muy cuidadosamente cuando se amplía un derecho que -lejos de ser individual- interfiere en la vida (en la muerte) de terceros.

¿Y quién decidirá por mí? ¿La medicina? ¿Con qué legitimidad hipocrática? ¿Con cuánta hipocresía paliativa?

Esta luego la cuestión jurídica de dar validez a los testamentos vitales aun cuando se hayan emitido hace lustros. No son en sí testamentos, porque estos solo tienen validez tras la muerte:

Testamento: Declaración que de su última voluntad hace alguien, disponiendo de bienes y de asuntos que le atañen para después de su muerte

No es más que un desiderátum, ajeno -biológica y psíquicamente- a la realidad del trance futuro. Atendiendo -así se justifica la ley- al caso extremo, bien pudiera ser que en mi invalidez futura mi conciencia no quiera mi muerte, pero no pueda expresarlo y escuche a mi alrededor el corifeo de brujos empeñados en cumplir una voluntad QUE HA CAMBIADO.

Yo no firmaría jamás un papelito de esos ni aunque estuviera a favor de esta ley canalla por la misma razón que nuestros antepasados temían ser enterrados vivos.

Otra vez se legisla a favor de la muerte. ¿Por qué?

No creo que nuestros gobernantes tengan una opinión madura sobre un caso tan grave porque no la tienen sobre casi nada, pero va en su naturaleza cercenar, allá donde sea posible, todas las raíces que entroncan al ser humano con su naturaleza histórica, con su organización tradicional: familia, patria, memoria, religión, idioma... esas cuestiones que se resisten a cambiar y que una y otra vez -y en toda sociedad- reapareceN como modelo de organización natural.

Está comprobado que la estrategia funciona: debilitada la moral de la sociedad, nadie presentará oposición, como no lo hacía el Lazarillo de Tormes  con el ciego que lo engañaba (“¿Sabes en qué veo que las comiste de tres en tres? En que comía yo dos a dos y callabas “).

Y callamos.

Es el silencio de los corderos.

De los corderos llevados al matadero.


 
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