viernes, 9 de octubre de 2009

Otra vez FGL

¿Y qué iba a hacer un padre? ¿Dejar que los perros arrancaran a trozos el cadáver de su hijo y lo llevaran a los altares de las iglesias como se cuenta de Polinices en la Antígona de Sófocles? Esta historia es antigua como el mundo: a los pies de la muralla de Ilión el Rey Príamo se humilló ante Aquiles para suplicar al asesino de su hijo la entrega de su cuerpo y el aqueo, conmovido, apaciguó su cólera funesta y concertó nueve días de tregua para que se hicieran las honras de Héctor, domador de caballos. No sería, pues, de extrañar que finalmente los ladrones de tumbas no encuentren su particular máscara de Tutankamon, ni es improbable que Federico García Rodríguez, un hombre bueno y acomodado, un terrateniente liberal de la Vega de Granada, pagara, como dicen, 300.000 pesetas para dar una sepultura digna a Lorca. Lo había intentado todo ya durante los últimos días del poeta, pero cuánto más fácil es rescatar a un cuerpo de su muerte que arrebatarlo de su martirio. La muerte, con su irremediable elocuencia, asusta hasta a los criminales. “No quiero volver a esa jodida tierra”, dicen que dijo en el barco que lo llevó a Nueva York...Y todavía la siguen removiendo.

2 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Tú lo has dicho, José María. ¿Y qué iba a hacer un padre?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Si ese rumor resulta ser cierto, me parece que actuó bien ese padre. Buen recuerdo el de Príamo.

 
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