domingo, 11 de octubre de 2020

Lugares de paz y oración: Santa María de Jesús

Con textos de Gloria Centeno, Antonio Santos, Pablo Noguera y tres láminas preciosas numeradas de Lola Montero, el próximo jueves 15 se presenta en la carpeta, con cartones dorados y papel al agua florentina.

Se trata del Capítulo VIII de "LUGARES DE PAZ Y ORACIÓN (Hortus Conclusus)" que la Orden de los Caballeros de San Clemente promueve cada año en homenaje a un convento o monasterio de clausura de Sevilla, con el fin de ayudar a sus monjas siempre necesitadas de socorro material en un mundo que ha olvidado la oración.

Este año está dedicado al Monasterio de Santa María de Jesús que cumple cinco siglos. Emplazado en la Calle Águilas, donde nació mi madre, he tenido la dicha de poder participar con mis poemas en este proyecto que nace de la excelencia espiritual, literaria y artística.

Son cinco los poemas que he aportado a la carpeta, aquí os dejo uno, no sin antes encomiaros a que os hagáis con ella: es más que una buena acción.

EN EL CAMINO DE LA CALLE ÁGUILAS

(Con Ángela García-Posada Huelva - Monasterio de Santa María de Jesús)

Mi madre era vecina de esta calle,
nació cerca, muy cerca, de estos muros
y escuchaba la esquila del convento
llamar a la oración y a los oficios.

Los domingos subía a la azotea
de la casa de Águilas, 14
a contemplar los cielos que perdimos.
Desde allí divisaba la espadaña,
la nave y los tejados de la iglesia
y las cigüeñas altas como nubes
sobre las torres de San Ildefonso.
Más al Sur ascendía la Giralda
como el mástil de un barco que surcara
los mares de los siglos de los siglos.

Yo creo que los cielos se transmiten
a través de la sangre y que las calles
roturan corredores en las venas,
secretos pasadizos que conducen
a lugares remotos y paisajes
que apenas entrevemos en los sueños,
hasta que llega el día en que, de pronto,
con toda claridad reconocemos
un lugar en el mundo como propio.

He cruzado el umbral del monasterio,
ahora estoy en el claustro, la alta cúpula
del naranjo proclama la belleza
del cielo y de la tierra reunidos.
Es este mi lugar, en el camino
de la Alfalfa a la Puerta de Carmona,
en la antigua decúmena romana
donde encalló la barca de un fenicio
que fue el primero en escuchar la esquila
tras estos muros que golpea el tiempo.

JMJ

PS: Si alguien quiere reservar una me lo puede indicar por mensajería privada para más información.







miércoles, 7 de octubre de 2020

Cosecha del 74

La queja trae descrédito nos recuerda Gracián, los toreros no se miran las heridas cuando vuelven a la cara del toro.

Porque basta que uno publique una jeremiada para -in ictu oculi- escuchar un horizonte de carcajadas caninas.
No obstante y aunque voy contra mi interés al confesarlo, me pregunto, como aquél Vargas que inquiría cuándo se jodió el Perú, ¿qué he hecho mal?
Bueno en los estudios, eficaz, responsable y sufrido en el trabajo, discreto poeta y de sentimientos nobles cuando no elevados, no mal padre de familia (creo) y en general cumplido ciudadano, al día de impuestos y lealtades (creo), ¿qué he podido hacer mal o qué hemos podido hacer mal para que tantas personas como yo y muchísimas más, muchas más que conozco, de mi misma edad o años seamos irrelevantes en la vida pública?
Me refiero, sobre todo, a quienes nacimos poco antes o poco después de la muerte del gallego y el advenimiento borbónico, a los últimos hijos de la EGB y el COU: bloqueado el paso por la gerontocracia de la transición primero y adelantados por la derecha por las hienas y chacales de ochenteros y milenials, nuestra generación -que como todas fue la más preparada de la historia- apenas ha tenido oportunidades de mejorar empresas, instituciones, medios de comunicación, academias, editoriales, cenáculos de poesía.
Entre los que construyeron el régimen del 78 y los que lo destruyeron han partido el bacalo.
Claro, que aún no está dicha la última palabra y acaso la regeneración nacional al fin proceda de quienes aún llevamos en la sangre un cuarto del siglo XX.
Aunque que si uno piensa que PSNCHZ nació en el 72, la conclusión está clarísima: nuestros padres se equivocaron de colegio.

martes, 6 de octubre de 2020

Muerte completa

Solo cuando se cierra el ataúd de un poeta se abre el libro de sus obras completas.

Lo que acaso torció la caligrafía ingrata de la vida, lo puede reordenar la tipografía clara de la muerte.
Aunque la mayoría de las veces sucede al revés y, por lo general, olvidado en las estanterías de la muerte, queda el ataúd completo de una obra vacía.

Huérfana Sevilla

Abandonada, vacía, triste.

Estos días parece la ciudad más Venecia o Lisboa que la dionisíaca Sevilla. 

Cubiertas por la leve gasa de la decadencia, se ha posado en las calles y casas una belleza más triste que melancólica, más melancólica que indolente. 

A ratos nos parece caminar por la ciudad del diecinueve, diezmada por el cólera: el cielo inaccesible como un largo sombrero de romántica copa 

No nos extrañaría cruzarnos ahora, a la vuelta de una esquina, con un adolescente Bécquer. 

Mirad su sombra alejarse, lleva madreselvas y alas de golondrinas oscuras en los ojos.





sábado, 26 de septiembre de 2020

Una vida en plenitud

BÉCQUER. VIDA Y ÉPOCA

Joan Estruch Tobella.

Editorial CÁTEDRA

Alto cargo del Estado, periodista en Cortes, trepidante reportero, leal, mordaz e infatigable polemista político del ala conservadora, recibido por la Reina en Palacio, fundador de la sociedad de autores, amigo personal del Presidente del Gobierno, acomodado esposo burgués y padre emancipado adelantado a su siglo, la extraordinaria biografía de Joan Estruch Tobella sobre Gustavo Adolfo Bécquer nos devuelve una imagen ya entrevista en las monumentales obras de Rica Brown, Pageard y Montesinos, pero desde una visión más lúcida, menos prejuiciosa y más contemporánea.


Aplicando la navaja de Ockham Estruch Tobella examina cada disyuntiva borrosa en la vida de Bécquer optando por la solución más lógica y natural, aunque no siempre -por no decir casi nunca- la más transitada hasta la fecha.

Etérea y vaga como sus sueños hay en la vida de Bécquer, pese a ser muchísimos los datos disponibles -muchos más de los que pudiera imaginarse- (y más ahora con las consultas en línea a la prensa digitalizada del siglo XIX que Estruch Tobella ha fatigado incansablemente), siempre un fondo de neblina, de fantasmagoría donde todo queda entredicho y vacilando entre el sí y el no.

Para casi todo en la vida de Gustavo Adolfo hay dos versiones, no siempre amables, y casi siempre contradictorias.

Este hechizo de su biografía evanescente, envuelta en el halo romántico del retrato pintado por su hermano Valeriano del que también se nos da abundantes noticias- es el que atrajo desde muy temprano, a innumerables becqueristas, desde el mítico Franz Schneider que exhumó "El Libro de los Gorriones" de la Biblioteca Nacional, al añorado Montesinos. Siempre en busca del dato, del recorte periodístico que pueda dar un giro a lo que se daba por asentado.

¿Aparecerá alguna vez el manuscrito original de las rimas con el prólogo del Presidente del Gobierno, el déspota y sensible Gonzalo Bravo?

¿Y la novela que por este libro de Estruch Tobella estamos ahora casi seguro que Gustavo compuso?

¿Guarda alguien los expendientes de la censura novelística en cuya oficina fue él el más alto dignatario?

En ocasiones parece que asistimos a una novela de detectives en pos de una trama de mil entrelazados hilos: la historia de amor y desamor con Casta Esteban, afortunadamente reivindicada en la obra frente al más clásico desdén misógino que había alentado los estudios más significativos, eso sí aunque no del todo inocente en cuanto a los sufrimientos conyugales del poeta; las tournés por Rusia de una Julia Espín acaso no merecedora de un solo probable romance; el inexistente balcón de las golondrinas o la desgraciada suerte de los hijos y el insólito embrutecimiento de su sobrino Alfredo, famoso delincuente de Madrid, un carterista apodado el Pollo Bécquer.

Magistral me ha parecido la concluyente argumentación con la que se desmonta la ignominiosa atribución de "Los Borbones en Pelota" -parece increíble que alguien tan escrupuloso como Pageard sucumbiera a esta posibilidad- así como la narración del escandaloso suceso del periódico de un día "Doña Manuela".

Aunque su retrato preside mi biblioteca y siempre he tenido las rimas de Bécquer en la memoria y eché los dientes leyendo las leyendas, durante algunos años (oh erróneo influjo de Borges) tuve a Bécquer como un minor poet inglés (en el buen sentido de la palabra minor) y como un narrador más convencional que genial.

Sí, toda la prosa, la poesía y la dicción del español moderno procedían de Bécquer, pero al mismo tiempo sus versos tenían escasa trascendencia en la literatura más allá del castellano, parecía además que determinados modismos e imágenes rozaban lo almibarado o abiertamente cursi. Qué error el mío.

Pues no: con más lecturas y mejor conocedor de la tradición propia y extranjera -incluido todos los romanticismos europeos- creo que es imprescindible afirmar que Bécquer es -antes del machadiano, lorquista y juanramoniano siglo XX- el más alto poeta en español tras la tríada genial que forman Góngora, Quevedo y Lope, a la altura también de Garcilaso, Fray Luis y San Juan.

Su poesía y su prosa son de oro como los siglos y, justo es reconocerlo, no ha existido en el idioma poeta más inspirado que él, capaz de fijar en un verso, en una rima, un objeto mental y figurativo indeleble. El acorde, que diría el becqueriano Luis Cernuda.

No hay poeta más memorable que Bécquer, y la memoria -Mnemosine- según se sabe, es la madre de las nueve musas.

Sin proponérselo y sin la afectación de los bohemios parisinos, Bécquer encarnó la figura arquetípica del poeta y la poesía en España -poesía es él- lo que de alguna manera lo perjudicó en un siglo impersonal y deshumanizado como fue el siglo XX tras las guerras, cuando la figura de Bécquer se desdibuja quedando, frente a Machado, Lorca, Juan Ramón y todo el becqueriano 27 como producto de consumo para adolescentes enamoradizos.

Es hora de actualizar estos juicios y la biografía de Estruch Tobella es la magna contribución a esta necesaria reivindicación y con toda seguridad el suceso más perdurable de este pandémico año del ciento cincuenta aniversario de la muerte del poeta (el centenario del nacimiento coincidió con el aciago año de la Guerra Civil y solo -y solo- Montesinos en Sevilla lo honró junto a su tumba en el Panteón de Hombres Ilustres, por cierto siempre cerrado salvo los viernes a la hora de la siesta).

Para todos los que amamos la obra de Gustavo Adolfo Bécquer y sentimos siempre piedad por su triste destino esta biografía nos ofrece un consuelo, la de saber, que aunque muy breve, brevísima, nuestro poeta vivió -y no solo en su poesía- una vida en plenitud.








lunes, 21 de septiembre de 2020

La carrera por la vacuna


Por Stefan Zweig

[Algún día, no muy lejano, algún escritor austriaco, con el temperamento de Zweig hará la crónica lírica y épica, como las suyas, de cuando la humanidad estuvo en vilo por la vacuna. Del enorme esfuerzo de los científicos y empresarios mientras la humanidad agonizaba en su desesperanza, los políticos fracasaban en sus intentos y la OMS era incapaz de marcar una estrategia. En ese momento estelar de la humanidad, con sus retrocesos, como la enfermedad generada hoy en uno de los vacunados voluntarios, los grandes héroes serán los químicos, médicos y microbiólogos, con su mínimo nombre y apellido, que cada día se volcaban sobre los microscopios. Y Moscú, Oxford y Nueva York correrán fraternalmente una carrera en la que al final y a tiempo habrá dosis para todos dando origen a un mundo nuevo, podría empezar así:
"Nunca antes la humanidad, a pesar de haber sido fatigada por mil guerras, catástrofes naturales y enfermedades, se había enfrentado a una situación como esta. Miles de millones de personas encerradas en sus casas, sin poder ni siquiera visitar a sus familiares, aguardaban el remedio de un milagro que se antojaba imposible ante la visión diaria de miles de ataúdes apilados. De nuevo la oscuridad, como en los días tenebrosos de la Peste Negra se cernía sobre el mundo y las más absurdas teorías se apoderaban de la gente como en otro tiempo hacían los brujos y los hechiceros. En medio de las tinieblas toda la esperanza estaba puesta en el humilde farol de la ciencia, en la Medicina gloriosa que en los siglos precedentes había vencido a la viruela, la rabia, la poliemelitis y que gracias a los ímprobos trabajos de Jener, Pasteur y Fleming parecía haber erradicado todas las enfermedades del globo.
Etcétera. "
]


domingo, 20 de septiembre de 2020

Apocalypse Now

He tenido que acudir hoy a un centro comercial y he salido espantado del comportamiento de la gente. He dejado la compra para otro día, no hay necesidad de infectarse en sábado de coronavirus.

O confinamiento o nada, este me temo que es el nuevo mantra de la nueva normalidad.
Convencido de la inevitabilidad de una inminente encerrona parece que el personal se entregara al desenfreno respecto a las recomendaciones u obligaciones sanitarias de ¿todos? conocidas: ni distancia, ni mascarilla.
Todo era multitud en las tiendas y hacinamiento en el interior sin ventilar de los locales de restauración.
A mí me parece que el origen de estas actitudes está en una profunda inmadurez social: se ha delegado en el estado la autoprotección, se acatan las normas solo cuando hay autoridad para imponerlas y se espera de la administración que con ertes y subsidios amortigüe la miseria a la que nos vemos abocados.
Es un comportamiento que ni siquiera se puede calificar de insolidario, porque esto presupondría el conocimiento de la palabra solidaridad, cuestión que excede a las mayorías.
Autómatas despersonalizados los esclavos felices obedecen solo al principio del placer o el miedo, miedo que aún les duraba en julio, cuando no había ni un solo virus en la calle y aún la gente refrenaba su salida; placer que se extinguirá en cuanto nos obliguen a quedarnos en casa para esas multitudes sin mundo interior.
Con este palo y zanahoria, el miedo/la diversión, seremos administrados en el nuevo orden mundial.
Es evidente que con la degradación histórica de la educación, que cada día se abisma más hacia la falta de valores, tampoco cabía esperar otro resultado.
Todavía hay en el Gobierno gente que cursó la EGB, a saber a dónde iremos a parar cuando lleguen, ya hay alguno, los ministros de la ESO. Porque de los de bachiller y reválida lamentablemente, ay, no queda nadie ya.
En lugar de cantar como niños de San Ildefonso el número ascendente y diario de positivos que crecen sin cuento como si la infección fuera eterna -bastaría el número de contagiados en catorce días- se deberían haber llevado a cabo campañas intensivas de concienciación y, sobre todo, formación, para que se tuviera claro cómo y por qué se está contagiando la gente y quiénes enferman y cómo deben actuar -y por qué- los positivos.
El Gobierno Central que ha delegado la autoridad y, de paso, la responsablidad, en las autonomías, tampoco se ha implicado en absoluto en el fomento de la app Radar Covid, de la que nada se sabe, y me temo que al borde del colapso en la atención primaria los resultados de las pruebas PCR se están entregando tan tarde que hacen inútil en sí la prueba.
Siento decir que yo he visto a los cadáveres marchar en fila sobre las multitudes y me ha dado una pena infinita comprobar que nos dirigimos, otra vez, al apocalipsis de los mil muertos diarios.
Yo he amado siempre mucho a mi país, España. Más allá de cainismos y complejos de inferioridad he creído siempre en la virtud y en la heroicidad anónima de los españoles, siempre por encima de sus gobernantes y -a poco que se conozca el mundo y sin que medie ningún chovinismo ni patrioterismo de primera derivada-, también de la mayoría de los países civilizados y no civilizados, y esto a pesar de sufrir vicios inmundos como la pertinaz envidia ibérica. No sé, quizá la gracia estaba en el contraste. Teníamos esa suerte, ese devengo de la historia que coronaba la bondad de nuestro clima y que todavía exprimíamos.
Pero me temo que algo ha cambiado en los últimos años, Seguramente será la globalización, pero uno empieza a sentir que este país ya no merece tanto la pena y que da igual lo que uno se esfuerce en mejorar las cosas. Hemos vuelto a la terrible fatalidad del siglo XIX, salvo que ya España no nos duele, sino que nos da lo mismo.
Y en eso estamos, en el sálvese (de luxe) el que pueda, en el muerto al hoyo y en el vivo al hoyo.
Es el apocalipsis, ahora, ya.


viernes, 11 de septiembre de 2020

1870

Otra vez 1870, el año de la muerte de los hermanos Bécquer, del asesinato de Prim, de la "Fontana de Oro" de Galdós y la Peseta.

El gobierno provisional aguardaba la llegada de Amadeo y en los timbres y monedas oficiales se representaba a España como una mujer coronada por un torreón republicano.
Quizá este sello fue el último que estampó Gustavo Adolfo en la carta que anunciaba a Casta Esteban la muerte de Valeriano y que la hizo retornar al hogar, el apenas un par de meses que lo sobrevivió, en la calle de Claudio Coello, Barrio de Salamanca, Madrid.
Cápsulas del tiempo, vestigios, cantos rodados de la historia que se acercan un tiempo a nuestro lado y siguen rodando luego su camino.

La imagen puede contener: texto que dice "COMUNICACIONES CACIONES COMUNICA 50. MILS DEEO DEEO"

domingo, 30 de agosto de 2020

La moral de Jano

 ¿Qué diferencia existe en situar el origen de la pandemia en un Dios que nos castiga por nuestros pecados o en una naturaleza salvaje que, cambio climático mediante, nos condenara por nuestras acciones irresponsables?

Ambas afirmaciones invocan a un ser oscuro y ominoso, cruel y vengativo, pero son en el fondo, la misma afirmación.
Sin embargo los adoradores del primer Dios, si quedan, llevarían a la hoguera a quien lo negase apelando a la verdad revelada, mientras que los adoradores de la naturaleza avivarán el mismo fuego apelando a evidencias tanto menos científicas como interesadas a su fin.
Porque el fanatismo, inquisidor o jacobino, obedece a un instinto primario común: el de superponer a la realidad natural otra realidad política mediante el control de las conciencias.

Son la misma doble cabeza de Jano.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

jueves, 27 de agosto de 2020

Scrapbook (Belle Époque)

(A la manera de José Carlos Llop)

Para Inés con su tijera sobre un libro de recortes.

Un mapamundi desvaído, una lupa con mango de madera, un pasaporte sellado, un cuaderno de pastas de piel, una factura del Savoy, un reloj de arena, un camafeo de ónice, un cartel de la Cunard, una violeta prensada, el retrato amarillento de una dama, un idolillo azteca, la efigie de Francisco José, una máscara africana, una apuesta de Ascot, un alamar de Belmonte, los horarios del Orient Express, un penny black matado, el sobre de un telegrama, el autógrafo de Sarah Bernhardt, un broche de nácar, un baedeker, una planilla de ajedrez, una brújula, una rosa de los vientos, la vitola de un habano, el menú de Maxim's, un cristal de Murano, el cargador de una Remington, una chilaba y un gorro de Fez, la insignia de la Hispano-Suiza, un azulejo de Triana, un billete de Ucrania, una empuñadura de ébano, un abrecartas de marfil, un astrolabio, un pliego de papel veneciano, una corona de Suecia, un recorte del Times, una ficha de Montecarlo, un quepis, un pai-pai, una lámpara Tiffany’s, las mariquillas de la Macarena y de José, una walkyria de crisoelefantina, el programa de conciertos de Karlovy Vary, una fotografía de Sebastopol,  la niebla junto al bateau mouche y el Danubio a su paso por Budapest.

Mapa del Mundo en 1914 - Su Majestad Imperial Francisco José 

lunes, 24 de agosto de 2020

La Montaña Mágica (III)

Capítulo II https://lacolumnatoscana.blogspot.com/2020/08/la-montana-magica-ii.html

Capítulo I https://lacolumnatoscana.blogspot.com/2020/07/la-montana-magica.html

Si bello era el jardín de Abu Hasan, más bello era aún su palacio semejante a una fantástica y gigantesca tienda oriental cuyas cúpulas y tejados conservaban la irisada ondulación de los desiertos y sus cambiantes colores.

Acogía a los visitantes, a manera de salón, un gran baldaquino profusamente labrado en yeso asomado a un largo estanque por el que se prolongaba sin fin una arquería en la que se entrelazaban las ramas de los árboles que al reflejarse en las aguas le conferían un transparente verdor sin fondo. En los muros y columnas de las galerías los versículos del Libro Sagrado se trenzaban con las hojas y las flores de los arriates de forma que apenas eran distinguibles el reino mineral y el vegetal, pues, así como se dice que respiran las plantas, parecía que las bóvedas y artesonados que coronaban las numerosas estancias se henchían insuflando al palacio los perfumes del jardín.

Muchos eran los recintos que albergaba el palacio, algunos de belleza tan singular que eran conocidos más allá de estas fronteras y usados como modelos por otros príncipes del Islam, como el salón del harén, conocido en voz baja como “de los desnudos” aunque sobre todos ellos destacaba aquel que llamaban “la cristalería de Alá”, de hermosura indescriptible pues como dijo el Profeta "Alá es bello y ama la belleza" 

Aquí y allá crecían diseminadas, compitiendo en altura con las palmeras, torres y cresterías, destacando sobre todo el finísimo alminar coronado por la media luna y en el que, se decía, vivía encerrada y apartada de los ojos del mundo la hija del walí quien, por estar destinada por su cuna y su belleza a alguna remota corte arábiga era ya conocida desde niña como la Sultana, siendo su nombre real ignorado por todos pues así lo había dispuesto su padre, Abu Hasan quien, a sus numerosos temores había de añadir el de esta celosa vigilancia.

No, las ruinas que ahora se pueden contemplar no son los restos de aquella residencia prodigiosa de la que ningún rastro se ha podido encontrar salvo un pequeño murete esgrafiado, con inscripciones apenas legibles. Después de la reconquista se construyó aquí un nuevo castillo para vigilar las incursiones del reino de Portugal alrededor del cual fue creciendo la villa de Aracena. Han de saber que esta tierra ha sido milenariamente rica en metales y oro y por eso largamente codiciada.

Es precisamente a esta abundancia de oro a la que debía Abu Hasan su esplendor y su miedo, pues como guardián de las minas de Sierra Morena había regido las explotaciones con mano tan sabia como poderosa, ampliando las prospecciones sin por ello dejar de cumplir con los tributos inherentes a su cargo y posición, preeminente en riqueza, pero secundaria en honores, en la taifa de Sevilla.

La imagen puede contener: cielo y exterior
Plaza de doña Elvira, Aracena, julio 2017

Continuará....

jueves, 20 de agosto de 2020

La Montaña Mágica (II)

[En el capítulo anterior]: haz click aquí.

Quienes contemplan los muros desdentados y las torres abatidas de la fortaleza que coronó este cerro no imaginarán que en esos secarrales y desmontes sin sombras creció una vez un vergel. Sobre los restos de las almenas desmochadas donde ahora sestean las lagartijas y rugen las cigarras entre líquenes secos, piritas calientes y exangües cañas de pasto amarillo donde unas cabras espectrales ramonean, se alzaron un día terrazas y bancales de ladrillo regados por un intrincado laberinto de acequias. Una compleja maquinaria formada por varias norias en distintos niveles, cuyo chirrido solo cesaba con la llamada a oración del almuédano, hacía subir el agua desde los profundos manantiales de la gruta cuya existencia era aún desconocida.

Desde la misma base de esta loma y hasta las más altas cúpulas de su palacio, rozadas por la madreselva, crecía una frondosa vegetación que vista desde las otras estribaciones de la sierra y sus caminos polvorientos daba a la montaña el aspecto de una colosal esmeralda o una malaquita ciclópea según los rayos del sol alumbraran una u otra ladera.

Cada vez que Abu Hasan deambulaba bajo los palmerales y arboledas de su alcázar siempre henchidas de dátiles y colmadas de flores y frutos en cualquier época del año, junto a las sonoras corrientes y cascadas y el griterío incesante de los pájaros, repetía para sí la sura del Profeta: “los que obedezcan a Alá pasearán por jardines bajo los cuales fluyen los ríos de la inmortalidad”.

El walí era un hombre piadoso y no había mandado construir estos jardines, que aquí y allá repetían geométricamente los versos del Corán, movido por un afán mundano o placentero, sino para la alabanza de Alá, a quien solo pertenecen la gloria y la grandeza. Comprendía, sin embargo, los celos y la envidia que aquel paraíso instilaba en el corazón del emir y los distintos embajadores de las taifas y al que él había contribuido no poco con su intensa actividad diplomática y sus excesos de vanidad impropios de un buen musulmán.

Rara vez terminaba sus paseos sin llorar bajo la sombra del primer naranjo que plantó y cuya semilla había hecho traer de la ciudad de Damasco. Temía que alguna incursión de los caudillos del Atlas o del mismo Rey de Sevilla o Badajoz le arrebataran la plaza y sus jardines sucumbieran a los estragos de la guerra y la dominación. Pero sobre todas las cosas temía por su alma, en vano había querido refugiarse tras los vegetales muros de su edén terrestre anticipando el celestial Jannah, porque nada permanece oculto a los ojos de Alá.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS

                                                Castillo de Arcena, julio 20017

lunes, 27 de julio de 2020

La Montaña Mágica (I)

(Leyenda de Aracena)

En Aracena, en la misma entrada de la Gruta de las Maravillas, mientras aguardábamos nuestro turno para acceder al subterráneo palacio oriental de las mil y una noches donde los siglos han ido tejiendo un prodigioso encaje de estalactitas y estalagmitas de alabastro, escuché esta historia de boca de una misteriosa guía que, como una nueva Sherezade, encandilaba a lo que a tenor de sus vestimentas debía de ser una expedición de jeques árabes en viaje de negocios. En vano he intentado luego encontrar la fuente original de la narración: inaccesible en internet, tampoco era conocida por los agentes turísticos locales ni figura en las memorias o compendios de los eruditos lugareños.
Cubierta por un hiyab que apenas descubría sus ojos, verdes y profundos como los lagos de la gruta, la mujer dio inicio a su narración en lo que a mí me parecía un inextricable árabe clásico que trocó inmediatamente por un inglés dulcísimo a petición de uno de los fantásticos beduinos, circunstancia esta que ahora me permite transcribir, aunque no libre de los adornos que son marca de la casa, más o menos fielmente sus palabras:
“Cuentan (pero solo Alá conoce la verdad) que hubo en otro tiempo en esta ciudad de Qtrsana o  Aracena un walí o gobernador, primo segundo de Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, que atendía al nombre de Abu Al-Hasan Ibn Alí Ibn Abbad y que se jactaba de la belleza de los jardines de su alcazaba, cuyo esplendor, a decir de algunos viajeros, no envidiaba y aun superaba al de los alcázares abadíes de Sevilla, al de los primitivos palacios de la colina roja de la Sabika en Granada y aun al de las terrazas de Madinat Al-Zahara cuyos naranjos se tienden plácidamente a la orilla del río grande.

Continuará...

Aracena, 15 de julio de 2016

Divino tesoro

"Reuniones sociales, discotecas y botellones: el coronavirus empieza a hacerse fuerte en la noche"

[De los periódicos]

Son bellos e inmortales,
danzan al son de un fuego prometeico
y no hay amanecer ni noches en sus ojos
velados por la vida.

No hace mucho tú eras también uno en su tribu,
pero no lo supiste a tiempo
y ahora envidias la pira en donde arden,
el fulgor de su carne inmaculada.

No te acerques a ellos, 
inmunes al dolor 
habitan un crepúsculo sin máscaras
que no conoce el día.

Y la muerte palpita en su aliento de oro.

Hipómenes y Atalanta - Colección - Museo Nacional del Prado
Guido Reni, "Hipómenes y Atalanta", Museo del Prado.
"La historia narra cómo Atalanta, hija de un rey de Arcadia, se había ofrecido en matrimonio a aquél que fuera capaz de vencerla en la carrera, deporte para el que había alcanzado una habilidad sobresaliente. El castigo establecido para todos aquellos que fueran derrotados era la muerte. A pesar del riesgo, Hipómenes aceptó el desafío contando para ello con la ayuda de Venus, que le proporcionó tres manzanas de oro que el joven fue arrojando a su paso, logrando con ello retrasar a Atalanta que se detuvo a recogerlas. Sin embargo, una vez casados, Hipómenes olvidó agradecer la ayuda de la diosa que había propiciado su victoria, la cual terminó metamorfoseando a los dos en leones." Fuente: MUSEO DEL PRADO.

miércoles, 22 de julio de 2020

Memorias del Romanticismo Inglés

Excelentemente traducido por Catalina Martínez Muñoz y con magníficas notas (e introducción) de J. E. Morpurgo que enriquecen muchísimo el texto original. Estas "Memorias de los últimos días de Byron y Shelley", por E. J. Trelawny, un aventurero amigo de ambos, se me antojan una lectura indispensable para casi cualquier lector de poesía, cuanto más para quienes consideramos el romanticismo inglés una de las cima de la creación poética universal.

Aunque Trelawny probablemente exagera detalles y oculta otros,  es muy honesto al dar su visión parcial de los hechos que vivió en primera persona, el náufragio de Shelley en Italia, de cuyas exequias y entierro en Roma junto a Keats se encargó personalmente y la expedición de Byron a la revolucionaria Grecia frente a cuyas costas murió.

Soprende por contraste la profunda y seria admiración por Shelley y la visión siempre irónica, humana y desencantada del Peregrino a quien ridiculiza siempre que puede, pero de quien fue fiel compañero hasta el trágico final.

Keats (24), Shelley (29), Byron (36).

El Romanticismo no era país para jóvenes.

Leer estas páginas es asistir en primera persona a una conversación, bajo los altos techos de los palacios italianos, de aquella corte de exiliados que recorrían Europa de Suiza a Italia con sus intrincados y tenebrosos conflictos literarios y amatorios.

Este mundo que tan maravillosamente reflejó Gonzalo Suárez en "Remando el viento".

Al frente del libro han puesto el cuadro de la pira de Shelley de Louis Edouard Fournier , Lord Byron al frente, con el que yo mismo, YO, ilustré mi poema inédito sobre el Romanticismo.

Romanticismo

Soy el llanto de Chopin sobre el piano,
soy la oda de Keats al ruiseñor,
soy la noche inmanente de Novalis,
soy de Bécquer las alas del amor.

La Balada del viejo marinero,
los paisajes ingleses de Wordsworth,
el naufragio Infinito de Leopardi,
los cañonazos de Napoleón.

Soy la sangre de Pushkin en la nieve,
las tormentas de Turner y el vapor,
los mármoles de Hölderlin y Goethe,

soy los terrores de Edgard Allan Poe
y la tristeza azul de Baudelaire.
El yo, el yo, el yo, el yo, el yo.

JMJ

http://lacolumnatoscana.blogspot.com/2011/07/romanticismo.html?m=1


lunes, 13 de julio de 2020

La metamorfosis de las plantas

Portentosa es la edición que ha hecho la editorial Atalanta del más perdurable trabajo científico de aquel semidiós que fue Johan Wolfgang von Goethe, LA METAMORFOSIS DE LAS PLANTAS. 

Es una triple joya: bibliográfica, botánica y literaria.

Acompañan al texto, ilustrando cada referencia de Goethe, imágenes espectaculares hechas ex-profeso para esta edición modélica.

Con todo, lo más fascinante del volumen -a lo que sin duda ha contribuido su traductora, Isabel Hernández- es la claridad expresiva del genio alemán. La obra, cuyo rigor científico fue celebrado en su época y que proporcionó a su autor los más dichosos instantes de su vida según dejó dicho en más de una ocasión, está escrita en forma de breves epígrafes enumerados. Cada uno de ellos se centra, prolijamente, en el desarrollo secuencial de la hoja, el único órgano auténtico que distingue en la planta Goethe, en su devenir hacia las distintas formas vegetales (flor, tallo, raíz).

Si desde un punto de vista de la biología molecular la exposición de Goethe carecería hoy de interés, no es menos cierto que su metamorfosis no deja de ser una relectura, a alto nivel -metafísico si se quiere- de la decodificación genética. Sin las herramientas de hoy sustituye la descripción microscópica por una visión de la ascensión y expansión de los fluidos vegetales que obedecería a una voluntad -recordemos ese otro prodigio científico y lírico que es "La inteligencia de las flores" de Maeterlinck- de reconciliación reproductiva entre contrarios que conforman una unidad (1).

Deudora de una visión panteísta de la naturaleza fundada por Spinoza el libro anticipa una visión unitaria del Cosmos que alcanzaría su esplendor en la obra de Humboldt que tanto admiró la explicación botánica goethiana.

Unas oportunas notas finales nos ilustran sobre la distinción que el genio alemán mantenía entre ENTENDIMIENTO y RAZÓN, conceptos procedentes de Kant. A través del entendimiento nos formamos una visión fenomenológica del mundo, la razón en cambio nos permitiría reinterpretar este conocimiento hasta remontarnos a una divinidad original, explicación del todo.

Muy respetuoso con el método científico en su desarrollo, Goethe sostenía que  la ciencia carecía de  "razón" y aquí hay que entender por "razón", como decíamos, una visión poética que permita remontarse desde el dato cuantitativo hasta la verdad moral.

Las bellísimas descripciones de Goethe -que evidencian un ojo especialista del que cualquier aficionado a la botánica aprenderá muchísimo- tienen ese ethos lírico del que el científico-poeta estaba investido.

No en vano los editores han colocado al frente de la edición el poema que con el mismo título que su obra científica dedicó a asunto: Die Metamorphose der Pflanzen y que no es sino la exposición poética -en ese anhelo por fusionar ciencia y poesía, entendimiento y razón,-de su investigación y que termina con la misma conclusión que sus indagaciones:

(1)"El sagrado amor se afana en alcanzar el supremo fruto de idénticas ideas, de idéntico aspecto de las cosas, para que en armónica contemplación se una la pareja y encuentre así el mundo supremo."

viernes, 10 de julio de 2020

España sin Rey

Siempre fui republicano, (quizá a lo Castelar, pero entonces no lo sabía), aunque más probablemente aloprimoderivera. Quiero decir que en mi República Española ideal no se borraban con morado las cruces pectorales.
Luego supe que en realidad -nunca mejor dicho- era, más que monárquico, cesarista, de los de Carlos I y los Austria: "Un monarca, un imperio y una espada". Y puede que también "aloprimoderivera" (pero entonces tampoco lo sabía).
Siempre me fue antipática nuestra dinastía y anómala la monarquía (ya dijo Quevedo que no había más nobleza que la del bautismo), tanto como aquella República que se empecinó en quemar iglesias y arrastrarnos en llamas a la Urss, ese paraíso.
España, país poco político -decía Castelar- probablemente necesita -leía el otro día- solo orden y paz para prosperar.
Así ha sido siempre si se revisa bien la historia. A poco que se le inyecta el covid de la política al pueblo español surgen carlistas, liberales, radicales, falangistas, anarquistas o comunistas, todos a su vez enfrentados entre ellos, con la quijada de Caín en ristre.
Además, somos tan poco sutiles, que nos dejamos arrastrar por un partido solo por afinidad, a machamartillo, como cuando nos dio por Roma y Trento.
En el fondo la gente es de izquierda o derechas como pudiera serlo del Betis o del Sevilla, ni con la tabla de la liga por delante se confesara´la ineptitud del equipo de uno.
Aquí se es del partido manque pierda, salvo que le ofrezcan un puesto a uno y entonces ya la cosa cambia etc.
Bueno todo esto viene, pues decía que era republicano, para declarar solemnemente que visto el patio y conociendo la cera que arde que no hay otra patria posible ni otra república que no sea la de Felipe VI.
Ni quito ni pongo rey, pero jugar con fuego, como se está jugando, solo nos traerá miseria y decrepitud, y -al tiempo- otra Restauración.
Es mejor ahorrarse el trámite


Benito pérez galdós : episodios nacionales - es - Vendido en Venta ...

jueves, 9 de julio de 2020

Banderas del Jueves

Hoy he vuelto al jueves, el rastro de la calle Feria, y parece que el jueves ha vuelto a su vez después de los confinamientos.
Los personajes (y las cosas) que uno puede encontrar en este mercadillo pertenecen a otro mundo.
Mientras compraba esta copia del cartel de las fiesta de primavera de 1943 cuya hora violeta tanto me gusta, el vendedor, con luenga barba valleinclenesca me decía: "buena elección, lleva la guitarra y la bandera patriótica".
"Patriótica", esto solo lo podría haber dicho un soldado de Riego, de Espartero o de Pavía.
Quizá esta es la clave que explica por qué la bandera decimonónica repele a tantos y a tantos entusiasma y cómo vuelve y volverá al cabo de los años.
Ya en el fútbol, ya en la revolución o en la guerra, no es una bandera más, símbolo del Estado o del sistema, es la bandera patriótica, es decir, la de los patriotas, las de quienes, unidos, abrazan una causa común y superior.
Patriota no es patriotero, en el amarillo y gualdo de la bandera va también el morado -el violeta- de las comunidades, tiñéndola de malva la República rindió homenaje a la enseña que orlaba los Episoddios Nacionales de Galdós.

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viernes, 3 de julio de 2020

Espejos

En 2002, durante nuestro viaje de novios a París, nos trajimos esta lámina -"Himmelblau"- de Kandinsky visto en el centro de arte contemporáneo Pompidou, adonde probablemente no volviera si no es encadenado o salvo causa mayor.
Hoy, después de dieciocho años, Kandinsky ha sido sustituido por un espejo, cabría decir "otro espejo", pues el cuadro reflejaba lo inocentes que éramos.
Hoy es el fin de las Vanguardias.
Y siempre nos quedará París.

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jueves, 25 de junio de 2020

Segunda Ola

Cuando yo era un niño no mucho más pequeño de lo que ahora soy me di cuenta de que la mayoría de los otros niños desobedecían las normas de los mayores, en la escuela sobre todo. 

Además, ni los castigos se cumplían, ni había grandes perjuicios para los reos, en caso de que fueran identificados. 

Pero yo cumplía, aunque el cumplimiento de esta norma solo satisficiera a mi yo interior y a quienes, entes metafísicos o reales, ejercían su autoridad sobre mí. 

Esta desobediencia la continué observando, con mayor intensidad, en el bachillerato, en la universidad y, particularmente, en el trabajo. 

Suelto ya a la red de la vida concluí que cumplir no servía más que para aplacar la conciencia y -en la mayoría de las ocasiones- para hacer el bien, sin que se dedujera de esto necesariamente que quien no cumplía hiciera el mal. 

Mi experiencia en la vida me ha enseñado que solo la fuerza física o la punitiva (multas) y únicamente cuando está presente, doblegan puntualmente la voluntad de las personas. Aunque en general la autoridad -no sé si porque formara parte en su juventud del grupo desobediente- se aplica siempre con más intensidad y denuedo sobre las personas más cumplidoras; de suerte que ya es un clásico -que todos los niños buenos hemos vivido- el que el guardián de turno levante la mano al que va antes o después que tú y tú pagues por algo que es un episodio secundario de la norma. 

Yo creo que de aquí nace mi largo historial de disputas con la autoridad, civil, religiosa, temporal, que me ha llevado a arrastrar un rosario interminable de pleitos pobres. 

Tener finalmente la razón vale para muy poco. 

De esta experiencia, de este conocimiento sobre la forma humana, está el hecho de que no espere nunca lo mejor de mis congéneres -y vea como un don o un milagro hasta el simple hecho de cumplir- y dé por consumado o irremediable el caso peor. 

Es por tanto pecar de ingenuidad extrema el apelar a que la gente cumpla las normas de distancia social cuando hay tantas normas que no se cumplen y que aunque la mayoría cumpliera bastaría con que no la cumpla uno para que no valgan para nada. 

Es imposible acabar con la economía sumergida del COVID,que se manifiesta, ya lo dijimos, con mediana claridad en el refranero español: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo". 

Pienso que en relación al virus habrá que asumir sin más que habrá confinamientos intermitentes en pequeñas zonas y que con el tiempo nos iremos acostumbrando a que cada temporada la enfermedad degüelle a algunos de los nuestros, como tantas enfermedades que en el mundo son.

Es decir, que la esperanza de vida ha bajado y que los riesgos de morir son más. Para que esto no sea un problema lo único que se puede hacer ahora es ampliar el número de camas y redimensionar las funerarias. En esto me gusta recordar lo que dijo Gutiérrez Solana sobre el cementerio de Plasencia en su "España Negra": es muy grande, señal de que aquí debe de morir mucha gente. 

La gran ola gigante de Kawanaga nos va arrastrar a todos, llevemos mascarilla, que yo la llevo -y cumplo-, o no.

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Hokusai. Gran ola de Kawanaga
 
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