lunes, 27 de julio de 2020

La Montaña Mágica (I)

(Leyenda de Aracena)

En Aracena, en la misma entrada de la Gruta de las Maravillas, mientras aguardábamos nuestro turno para acceder al subterráneo palacio oriental de las mil y una noches donde los siglos han ido tejiendo un prodigioso encaje de estalactitas y estalagmitas de alabastro, escuché esta historia de boca de una misteriosa guía que, como una nueva Sherezade, encandilaba a lo que a tenor de sus vestimentas debía de ser una expedición de jeques árabes en viaje de negocios. En vano he intentado luego encontrar la fuente original de la narración: inaccesible en internet, tampoco era conocida por los agentes turísticos locales ni figura en las memorias o compendios de los eruditos lugareños.
Cubierta por un hiyab que apenas descubría sus ojos, verdes y profundos como los lagos de la gruta, la mujer dio inicio a su narración en lo que a mí me parecía un inextricable árabe clásico que trocó inmediatamente por un inglés dulcísimo a petición de uno de los fantásticos beduinos, circunstancia esta que ahora me permite transcribir, aunque no libre de los adornos que son marca de la casa, más o menos fielmente sus palabras:
“Cuentan (pero solo Alá conoce la verdad) que hubo en otro tiempo en esta ciudad de Qtrsana o  Aracena un joven walí o gobernador, primo segundo de Al-Mutamid, rey de la taifa de Sevilla, que atendía al nombre de Abu Al-Hasan Ibn Alí Ibn Abbad y que se jactaba de la belleza de los jardines de su alcazaba, cuyo esplendor, a decir de algunos viajeros, no envidiaba y aun superaba al de los alcázares abadíes de Sevilla, al de los primitivos palacios de la colina roja de la Sabika en Granada y aun al de las terrazas de Madinat Al-Zahara cuyos naranajos se tienden plácidamente a la orilla del río grande.

Continuará...

Aracena, 15 de julio de 2016

Divino tesoro

"Reuniones sociales, discotecas y botellones: el coronavirus empieza a hacerse fuerte en la noche"

[De los periódicos]

Son bellos e inmortales,
danzan al son de un fuego prometeico
y no hay amanecer ni noches en sus ojos
velados por la vida.

No hace mucho tú eras también uno en su tribu,
pero no lo supiste a tiempo
y ahora envidias la pira en donde arden,
el fulgor de su carne inmaculada.

No te acerques a ellos, 
inmunes al dolor 
habitan un crepúsculo sin máscaras
que no conoce el día.

Y la muerte palpita en su aliento de oro.

Hipómenes y Atalanta - Colección - Museo Nacional del Prado
Guido Reni, "Hipómenes y Atalanta", Museo del Prado.
"La historia narra cómo Atalanta, hija de un rey de Arcadia, se había ofrecido en matrimonio a aquél que fuera capaz de vencerla en la carrera, deporte para el que había alcanzado una habilidad sobresaliente. El castigo establecido para todos aquellos que fueran derrotados era la muerte. A pesar del riesgo, Hipómenes aceptó el desafío contando para ello con la ayuda de Venus, que le proporcionó tres manzanas de oro que el joven fue arrojando a su paso, logrando con ello retrasar a Atalanta que se detuvo a recogerlas. Sin embargo, una vez casados, Hipómenes olvidó agradecer la ayuda de la diosa que había propiciado su victoria, la cual terminó metamorfoseando a los dos en leones." Fuente: MUSEO DEL PRADO.

miércoles, 22 de julio de 2020

Memorias del Romanticismo Inglés

Excelentemente traducido por Catalina Martínez Muñoz y con magníficas notas (e introducción) de J. E. Morpurgo que enriquecen muchísimo el texto original. Estas "Memorias de los últimos días de Byron y Shelley", por E. J. Trelawny, un aventurero amigo de ambos, se me antojan una lectura indispensable para casi cualquier lector de poesía, cuanto más para quienes consideramos el romanticismo inglés una de las cima de la creación poética universal.

Aunque Trelawny probablemente exagera detalles y oculta otros,  es muy honesto al dar su visión parcial de los hechos que vivió en primera persona, el náufragio de Shelley en Italia, de cuyas exequias y entierro en Roma junto a Keats se encargó personalmente y la expedición de Byron a la revolucionaria Grecia frente a cuyas costas murió.

Soprende por contraste la profunda y seria admiración por Shelley y la visión siempre irónica, humana y desencantada del Peregrino a quien ridiculiza siempre que puede, pero de quien fue fiel compañero hasta el trágico final.

Keats (24), Shelley (29), Byron (36).

El Romanticismo no era país para jóvenes.

Leer estas páginas es asistir en primera persona a una conversación, bajo los altos techos de los palacios italianos, de aquella corte de exiliados que recorrían Europa de Suiza a Italia con sus intrincados y tenebrosos conflictos literarios y amatorios.

Este mundo que tan maravillosamente reflejó Gonzalo Suárez en "Remando el viento".

Al frente del libro han puesto el cuadro de la pira de Shelley de Louis Edouard Fournier , Lord Byron al frente, con el que yo mismo, YO, ilustré mi poema inédito sobre el Romanticismo.

Romanticismo

Soy el llanto de Chopin sobre el piano,
soy la oda de Keats al ruiseñor,
soy la noche inmanente de Novalis,
soy de Bécquer las alas del amor.

La Balada del viejo marinero,
los paisajes ingleses de Wordsworth,
el naufragio Infinito de Leopardi,
los cañonazos de Napoleón.

Soy la sangre de Pushkin en la nieve,
las tormentas de Turner y el vapor,
los mármoles de Hölderlin y Goethe,

soy los terrores de Edgard Allan Poe
y la tristeza azul de Baudelaire.
El yo, el yo, el yo, el yo, el yo.

JMJ

http://lacolumnatoscana.blogspot.com/2011/07/romanticismo.html?m=1


lunes, 13 de julio de 2020

La metamorfosis de las plantas

Portentosa es la edición que ha hecho la editorial Atalanta del más perdurable trabajo científico de aquel semidiós que fue Johan Wolfgang von Goethe, LA METAMORFOSIS DE LAS PLANTAS. 

Es una triple joya: bibliográfica, botánica y literaria.

Acompañan al texto, ilustrando cada referencia de Goethe, imágenes espectaculares hechas ex-profeso para esta edición modélica.

Con todo, lo más fascinante del volumen -a lo que sin duda ha contribuido su traductora, Isabel Hernández- es la claridad expresiva del genio alemán. La obra, cuyo rigor científico fue celebrado en su época y que proporcionó a su autor los más dichosos instantes de su vida según dejó dicho en más de una ocasión, está escrita en forma de breves epígrafes enumerados. Cada uno de ellos se centra, prolijamente, en el desarrollo secuencial de la hoja, el único órgano auténtico que distingue en la planta Goethe, en su devenir hacia las distintas formas vegetales (flor, tallo, raíz).

Si desde un punto de vista de la biología molecular la exposición de Goethe carecería hoy de interés, no es menos cierto que su metamorfosis no deja de ser una relectura, a alto nivel -metafísico si se quiere- de la decodificación genética. Sin las herramientas de hoy sustituye la descripción microscópica por una visión de la ascensión y expansión de los fluidos vegetales que obedecería a una voluntad -recordemos ese otro prodigio científico y lírico que es "La inteligencia de las flores" de Maeterlinck- de reconciliación reproductiva entre contrarios que conforman una unidad (1).

Deudora de una visión panteísta de la naturaleza fundada por Spinoza el libro anticipa una visión unitaria del Cosmos que alcanzaría su esplendor en la obra de Humboldt que tanto admiró la explicación botánica goethiana.

Unas oportunas notas finales nos ilustran sobre la distinción que el genio alemán mantenía entre ENTENDIMIENTO y RAZÓN, conceptos procedentes de Kant. A través del entendimiento nos formamos una visión fenomenológica del mundo, la razón en cambio nos permitiría reinterpretar este conocimiento hasta remontarnos a una divinidad original, explicación del todo.

Muy respetuoso con el método científico en su desarrollo, Goethe sostenía que  la ciencia carecía de  "razón" y aquí hay que entender por "razón", como decíamos, una visión poética que permita remontarse desde el dato cuantitativo hasta la verdad moral.

Las bellísimas descripciones de Goethe -que evidencian un ojo especialista del que cualquier aficionado a la botánica aprenderá muchísimo- tienen ese ethos lírico del que el científico-poeta estaba investido.

No en vano los editores han colocado al frente de la edición el poema que con el mismo título que su obra científica dedicó a asunto: Die Metamorphose der Pflanzen y que no es sino la exposición poética -en ese anhelo por fusionar ciencia y poesía, entendimiento y razón,-de su investigación y que termina con la misma conclusión que sus indagaciones:

(1)"El sagrado amor se afana en alcanzar el supremo fruto de idénticas ideas, de idéntico aspecto de las cosas, para que en armónica contemplación se una la pareja y encuentre así el mundo supremo."

viernes, 10 de julio de 2020

España sin Rey

Siempre fui republicano, (quizá a lo Castelar, pero entonces no lo sabía), aunque más probablemente aloprimoderivera. Quiero decir que en mi República Española ideal no se borraban con morado las cruces pectorales.
Luego supe que en realidad -nunca mejor dicho- era, más que monárquico, cesarista, de los de Carlos I y los Austria: "Un monarca, un imperio y una espada". Y puede que también "aloprimoderivera" (pero entonces tampoco lo sabía).
Siempre me fue antipática nuestra dinastía y anómala la monarquía (ya dijo Quevedo que no había más nobleza que la del bautismo), tanto como aquella República que se empecinó en quemar iglesias y arrastrarnos en llamas a la Urss, ese paraíso.
España, país poco político -decía Castelar- probablemente necesita -leía el otro día- solo orden y paz para prosperar.
Así ha sido siempre si se revisa bien la historia. A poco que se le inyecta el covid de la política al pueblo español surgen carlistas, liberales, radicales, falangistas, anarquistas o comunistas, todos a su vez enfrentados entre ellos, con la quijada de Caín en ristre.
Además, somos tan poco sutiles, que nos dejamos arrastrar por un partido solo por afinidad, a machamartillo, como cuando nos dio por Roma y Trento.
En el fondo la gente es de izquierda o derechas como pudiera serlo del Betis o del Sevilla, ni con la tabla de la liga por delante se confesara´la ineptitud del equipo de uno.
Aquí se es del partido manque pierda, salvo que le ofrezcan un puesto a uno y entonces ya la cosa cambia etc.
Bueno todo esto viene, pues decía que era republicano, para declarar solemnemente que visto el patio y conociendo la cera que arde que no hay otra patria posible ni otra república que no sea la de Felipe VI.
Ni quito ni pongo rey, pero jugar con fuego, como se está jugando, solo nos traerá miseria y decrepitud, y -al tiempo- otra Restauración.
Es mejor ahorrarse el trámite


Benito pérez galdós : episodios nacionales - es - Vendido en Venta ...

jueves, 9 de julio de 2020

Banderas del Jueves

Hoy he vuelto al jueves, el rastro de la calle Feria, y parece que el jueves ha vuelto a su vez después de los confinamientos.
Los personajes (y las cosas) que uno puede encontrar en este mercadillo pertenecen a otro mundo.
Mientras compraba esta copia del cartel de las fiesta de primavera de 1943 cuya hora violeta tanto me gusta, el vendedor, con luenga barba valleinclenesca me decía: "buena elección, lleva la guitarra y la bandera patriótica".
"Patriótica", esto solo lo podría haber dicho un soldado de Riego, de Espartero o de Pavía.
Quizá esta es la clave que explica por qué la bandera decimonónica repele a tantos y a tantos entusiasma y cómo vuelve y volverá al cabo de los años.
Ya en el fútbol, ya en la revolución o en la guerra, no es una bandera más, símbolo del Estado o del sistema, es la bandera patriótica, es decir, la de los patriotas, las de quienes, unidos, abrazan una causa común y superior.
Patriota no es patriotero, en el amarillo y gualdo de la bandera va también el morado -el violeta- de las comunidades, tiñéndola de malva la República rindió homenaje a la enseña que orlaba los Episoddios Nacionales de Galdós.

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viernes, 3 de julio de 2020

Espejos

En 2002, durante nuestro viaje de novios a París, nos trajimos esta lámina -"Himmelblau"- de Kandinsky visto en el centro de arte contemporáneo Pompidou, adonde probablemente no volviera si no es encadenado o salvo causa mayor.
Hoy, después de dieciocho años, Kandinsky ha sido sustituido por un espejo, cabría decir "otro espejo", pues el cuadro reflejaba lo inocentes que éramos.
Hoy es el fin de las Vanguardias.
Y siempre nos quedará París.

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jueves, 25 de junio de 2020

Segunda Ola

Cuando yo era un niño no mucho más pequeño de lo que ahora soy me di cuenta de que la mayoría de los otros niños desobedecían las normas de los mayores, en la escuela sobre todo. 

Además, ni los castigos se cumplían, ni había grandes perjuicios para los reos, en caso de que fueran identificados. 

Pero yo cumplía, aunque el cumplimiento de esta norma solo satisficiera a mi yo interior y a quienes, entes metafísicos o reales, ejercían su autoridad sobre mí. 

Esta desobediencia la continué observando, con mayor intensidad, en el bachillerato, en la universidad y, particularmente, en el trabajo. 

Suelto ya a la red de la vida concluí que cumplir no servía más que para aplacar la conciencia y -en la mayoría de las ocasiones- para hacer el bien, sin que se dedujera de esto necesariamente que quien no cumplía hiciera el mal. 

Mi experiencia en la vida me ha enseñado que solo la fuerza física o la punitiva (multas) y únicamente cuando está presente, doblegan puntualmente la voluntad de las personas. Aunque en general la autoridad -no sé si por qué formara parte en su juventud del grupo desobediente- se aplica siempre con más intensidad y denuedo sobre las personas más cumplidoras; de suerte que ya es un clásico -que todos los niños buenos hemos vivido- el que el guardián de turno levante la mano al que va antes o después que tú y tú pagues por algo que es un episodio secundario de la norma. 

Yo creo que de aquí nace mi largo historial de disputas con la autoridad, civil, religiosa, temporal, que me ha llevado a arrastrar un rosario interminable de pleitos pobres. 

Tener finalmente la razón vale para muy poco. 

De esta experiencia, de este conocimiento sobre la forma humana, está el hecho de que no espere nunca lo mejor de mis congéneres -y vea como un don o un milagro hasta el simple hecho de cumplir- y dé por consumado o irremediable el caso peor. 

Es por tanto pecar de ingenuidad extrema el apelar a que la gente cumpla las normas de distancia social cuando hay tantas normas que no se cumplen y que aunque la mayoría cumpliera bastaría con que no la cumpla uno para que no valgan para nada. 

Es imposible acabar con la economía sumergida del COVID,que se manifiesta, ya lo dijimos, con mediana claridad en el refranero español: "el muerto al hoyo y el vivo al bollo". 

Pienso que en relación al virus habrá que asumir sin más que habrá confinamientos intermitentes en pequeñas zonas y que con el tiempo nos iremos acostumbrando a que cada temporada la enfermedad degüelle a algunos de los nuestros, como tantas enfermedades que en el mundo son.

Es decir, que la esperanza de vida ha bajado y que los riesgos de morir son más. Para que esto no sea un problema lo único que se puede hacer ahora es ampliar el número de camas y redimensionar las funerarias. En esto me gusta recordar lo que dijo Gutiérrez Solana sobre el cementerio de Plasencia en su "España Negra": es muy grande, señal de que aquí debe de morir mucha gente. 

La gran ola gigante de Kawanaga nos va arrastrar a todos, llevemos mascarilla, que yo la llevo -y cumplo-, o no.

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Hokusai. Gran ola de Kawanaga

sábado, 20 de junio de 2020

Argumentum ingeniorum

Muchas mujeres y hombres extraordinarios han habitado la tierra constelándola de momentos estelares.

La lista, sin ser infinita, es imponente.

Sus obras, a la vuelta de los siglos y en nuestros siglos, son magnas, cuando no milagrosas.

Pero solo Uno partió en dos la historia, mutando para siempre la forma de ser, de estar y de sentir, de la humanidad en el mundo.

Por simple comparación con los genios que en el mundo han sido, cabría concluir que esa máxima altitud, ese vuelo de águila sobre el tiempo, solo puedo proceder de quien, elevándose aún y todavía más sobre ellos, no fue, no pudo ser humano.

Quod erat demostrandum.

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miércoles, 17 de junio de 2020

Tres clásicos

Si hay algo que caracteriza a las voces literarias verdaderas y profundas -aquellas que han devenido en clásicos-, es la fraternidad. Fuera de toda impostura y más allá de dos o tres modismos o rasgos de época, nos hablan al oído, como un amigo o una presencia cercana, acaso porque su voz no se marchó nunca de la tierra.
Se celebran este años homenajes centenarios a Bécquer, Dickens o Galdós.
Qué tres magníficos ejemplos de esto que decimos: son del siglo XIX -el que fuera el siglo pasado en otra vida-, pero todo en ellos resuena vivo, puro, fuera del tiempo.
Parece dicho hoy.
Reconocemos -nos reconocemos- en esos personajes y voces que tienen vida propia. Comparad esta escritura con cualquier otro de aquella era bendecido por el éxito (que a dos de ellos no les faltó y el tercero se quedó a las puertas porque lo segó la muerte, todo hay que decirlo): un Zorrilla en poesía, un Duque de Rivas en teatro, un Fernández y González -el Pérez Reverte de su época- en novela, y veréis que aunque dignas y aún sobresalientes (Rivas, Zorrilla) se os caen sus libros de los brazos como plomos, por ortopédicos, remotos, engolados, artificial.
Ha sido así siempre, cuando uno lee a Homero o a Virgilio no suenan como una estela funeraria o un enunciado de un código latino, sino que en ellos resuena y retumba la vida: el mar está en las letras del nombre Homero y en las de Virgilio se esconde la virtud.

La literatura es, después de todo, la máquina del tiempo de la especie y los siglos van haciendo de filtro, de selección natural que solo decanta lo puro, lo verdadero, lo fraternal.
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domingo, 14 de junio de 2020

Setenil, Fase Tres

Durante más de mil siglos las aguas del arroyo
labraron en la roca esta muralla,
estos techos de piedra como el cielo,
este hondo cañón de puñales de pita.

Durante más de cien siglos unos pobres homínidos
ahumaron estos muros con su amor y su miedo,
copularon al raso cuando la luna nueva
y excavaron la roca con sus uñas.

Durante cientos de años las casas escalaron
con sus garras de cal estos abismos,
pusieron una pica de luz en cada prisma
y fue cubismo al cubo la blancura.

Durante décadas creció la enredadera,
este Niágara verde que desploma
su clorofila ingrávida en un salto
de sol sobre la sombra de la bóveda.

Y es ahora, después de la pandemia,
-la luz tecnicolor sobre mis ojos-,
otra vez el estreno de la vida
sobre la gran pantalla del paisaje.

La realidad renace en este ahora,
en el radiante instante contemplado,
en la campana que forma el cielo con la piedra,
donde la luz retumba y se hace tiempo.


IMÁGENES: Mosaico de Setenil de las Bodegas, 11 de junio de 2020

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Santo Antonio 2020

Los efectos del virus han restaurado una conciencia universal de la muerte que había desaparecido de la realidad existencial de los países prósperos transmutada en la eventual lotería del cáncer o el accidente de tráfico.

Nuestra vida se parece ahora más a la de nuestros antepasados y aun a la mayoría de la humanidad sujeta a los vaivenes de la naturaleza y los conflictos militares o políticos.

Víctimas del miedo (que es libre) y de la sinrazón (que es ilimitada) personas jóvenes y sanas persisten en sus confinamientos extremos a la espera de una vacuna cuando este virus es solo "el primero de una serie infinita".

Pero la vacuna, si llega, no dará la vida eterna.

La finitud de la vida ha sido siempre el primer motor de la voluntad humana, de su anhelo de trascendencia y perdurabilidad.

Somos aves de paso que recibimos y cedemos el testigo de una llama ignota entre generaciones.

Víctimas de la opulencia o del freudiano principio del placer, habíamos dejado que esta antorcha prometeica se debilitara hasta convertise en un fuego fatuo mortecino, en un resplandor fosfórico de pantallas frías.

Ya no daba calor. ¿Y ahora qué?

En el día de San Antonio, fraile de la Orden Menor, me acuerdo de que San Francisco alababa a Dios por la hermana muerte: "Laudato si' mi' Signore per sora nostra morte corporale."

Claro que él se abrazaba a los leprosos y a los enfermos de COVID porque no tenía miedo de vivir.
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De Écija a Sevilla, día de San Antonio, 2020.

martes, 9 de junio de 2020

Omega

La verdad es que lo que hemos padecido ha sido muy fuerte.

Todas las generaciones (¡ay los milenaristas!), imaginan que el fin del mundo acontecerá durante su paso por la tierra.


Pero ya parecía que, indiferente a nuestra tiempo, el terremoto de la historia se hubiera olvidado de nosotros.


Y hete aquí que, de improviso, hemos conocido el diluvio universal, el apocalipsis.

Nunca hubo en la historia de la humanidad un cese de su populosa actividad, del tráfago de los días, como este del primer gran confinamiento mundial.

Nos falta perspectiva, pero de esto se hablará durante siglos.


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La Peste de Roma, Delauny

lunes, 8 de junio de 2020

Zarzuela y poesía

Hasta la aparición de Bécquer -nuestro Chopin- y Rosalía de Castro -nuestra Fanny Mendelshon, nuestra Clara Schumann o Lili Boulanger-, la poesía del siglo XIX en España es a la poesía europea lo que la zarzuela -Barbieri, Chapí, Bretón- es a la ópera de su siglo: Rossini, Wagner, Verdi.
Dicho sea esto en favor de esta poesía, entrañable como la zarzuela, es decir, como nuestra. Plena de color y sabor, tan castiza como ligera, pero con el inevitable chorreón provinciano del porrón de vino y el mantel a cuadros rojos y blancos de un cocido.
Pero, ¿quién no preferiría el cocido a las finas hierbas alemanas?
Esto es lo que todavía (lo único) hace moderadamente legibles a Nuñez de Arce o Campoamor.

Pero ojo con el colesterol.
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domingo, 7 de junio de 2020

Federal

Se atribuye a Fernando VII el dicho de que España sería como una botella de cerveza a la que al quitarle el tapón, que sería la Corona, desbordaría.

Por su parte a Prim no le pareció oportuno conformar una República -luego vino el fracaso cantonal de la primera (y casi mejor no hablar de la segunda)-, porque "en España no hay republicanos".

A esto añadiría que en España no hay (ahora menos que nunca) ni siquiera monárquicos, pero que lo que distingue a los republicanos convencidos y confesos -salvo excepción en la que yo creía encontrarme hasta que tomé partido por la causa de Austria- del variado espectro ideológico de los otros (del socialismo a la derecha ultramontana) es que probablemente los republicanos no crean en la nación española, lo cual, siendo legítimo, no deja de ser un problema.

Está mal generalizar, pero sus actos los retratan.

Así, me temo, que cualquier cambio de régimen volvería a ser destapar un corcho de imprevisibles consecuencias, como pasara en el siglo XIX cuando había en Sevilla quien creía que la República -declarada federal en el circo Price de Madrid- lo era -"federal"- por ser uno de sus adalides D. Federico de Rubio y Galí.

Y poco más, no crean, sabe ahora la gente en general.


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Inconstitucional bandera de la Primera República



viernes, 15 de mayo de 2020

Murciélagos

La peste antonina procedía de Asia, acaso también del murciélago.

¿Existirá una memoria ancestral en la que el recuerdo inmunitario se funde con el pensamiento simbólico dando lugar a ese horror atávico al vampiro, envenenador de la sangre?

Desde esta perspectiva el inconsciente no sería -o no solo- un zulo de traumas, sino un arsenal de antígenos, capaz de afrontar las más graves amenazas mediante el más símple de los mecanismos: el miedo.

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jueves, 14 de mayo de 2020

El recuerdo de un sueño

Dos noches después de la muerte de mi padre se me apareció en sueños, me miraba con mucho cariño sentado en un gran sofá.
-Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?- Recuerdo que le dije.
-Claro, dime, hijo.
-Ahora que has muerto, ¿existe Dios?
-Claro que existe.
-¿Y cómo es Dios, papá?
-Todavía no lo sé, pero no te preocupes que yo te espero. Vamos a ir a conocerlo juntos.
{Esta conversación tuvo lugar exactamente tal y como la he transcrito, no he añadido ni un gramo de literatura. Fue real, como acaso solo puedan serlo los sueños}

martes, 12 de mayo de 2020

La ramita de olivo

Bueno pues ya hemos bajado del Arca que quedó encallada en el Monte Ararat:
1. La mirada descubre nuevos edificios y nuevos elementos en los edificios. Hemos estrenado ojos.
2. En la ciudad se nota la herida que ha dejado la ausencia de al gente.
3. En las terrazas se está muy bien, pero asusta que te traiga el café Darth Vader.
4. Impresionaba la cola en el Gran Poder, adonde hemos ido todos con el antifaz de la mascarilla.
5. La Giralda está igual o más bella.
6. En los jardines han florecido árboles y flores nuevas, nunca vistas.
7. Se pisa la calle con miedo, con la sensación de lo irreal.
8. Volver a las terrazas y a las librerías es necesario, aunque no haya nada que celebrar, hay que recuperar el terreno libertario perdido.
9. Hay, de todas formas, una luz mortecina y triste que produce una tristeza infinita porque el enemigo sigue a las puertas y la nueva normalidad deprime.
10. Creo que me he sentido como un obrero alemán que volviera a la fábrica después de los juicios de Núremberg.
Ha merecido la pena, es un pequeño paso para una famiia, pero un gran paso para la ciudad.

domingo, 10 de mayo de 2020

Diario del Año de la Peste LVIII ("Así murió de covidia el Marqués de Caños - III y FIN del Diario de la Peste" )

En capítulos anteriores:

Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación, escribió Pascal por los años en que se desencadenaba en Europa la peste negra del barroco o, lo que es lo mismo, cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas, según el dicho castizo. El caso es que, después de más de un mes de secuestro voluntario y aislado de toda comunicación con amigos y familiares, a nuestro Ezequiel León, a quien el lector no habrá  concedido con buen criterio demasiada capacidad reflexiva, no se le ocurrió mejor uso del móvil que el de revisar su cuenta de Tinder.
Que el confinamiento y la peste aumentan los apetitos carnales es, además de algo sabido desde el principio de los tiempos, una cuestión que el propio Ezequiel había sufrido en las suyas propias. La naturaleza humana es tan caprichosa y es tan tortuoso el curso de la vida o el deseo que antes de darse cuenta estaba buscando compañía femenina en las soledades imensas del Coto de Doñana.
Ante la presencia inminente de la parca se acelera la danza final entre eros y tánatos,  y como quiere la fortuna que nunca falte un roto para un descosido, en menos de cinco minutos estaba departiendo por el whatsapp del marqués con una compatriota dominicana que  trabajaba como limpiadora en uno de los hoteles de Matalascañas afectada de un ERTE y un aburrimiento infinito.
En este punto era donde Stendhal hacía correr el velo de la alcoba en sus novelas, baste decir que la mucama tenía coche y que, escondidos entre los cañaverales y el arroyo cantor, bajo el nocturno aroma primaveral de la noche andaluza y el círculo de aves peregrinas que se detenía alrededor en homenaje, ambos se coronaron de mas hiedra y más romero del que nunca se hubiera coronado Curro Romero en sus corridas (las del Faraón, se entiende).
-¡Aaaaachís! - se ve que he cogido frío - ¡Aaaaaachís! -o lo mismo es la alergia- ¡Aaaachís! Bueno, miamol, te dejo en el camino de tu casa y ya sabes si te aburres dónde estamos mis amigas y yo. Lo he pasado genial, muuuaaccc, toma otro besote, muaaaac.
A la mañana siguiente, cuando el marqués despertó semidesnudo y abrazado como siempre a su lacayo -quien estando ya su casa sosegada había retornado subrepticiamente al real tálamo - no pudo dar crédito al mensaje que leía en su teléfono con los ojos abiertos como platos de la Cartuja.
-Me he levantado con fiebre, miamol, la verdad es que ya llevaba varios días pachucha, a ver si con lo de ayer me curo.
No pasó más espanto el Príncipe Próspero cuando la máscara de la Muerte Roja hizo asiento en su palacio en el relato de Poe:
"Y, entonces, reconocieron la presencia de la «Muerte Roja», Había llegado como un ladrón en la noche, y, uno por uno, cayeron los alegres libertinos por las salas de la orgía, inundados de un rocío sangriento. Y cada uno murió en la desesperada postura de su caída "
Las más terribles imágenes de la desolación, los más ominosos cuadros y escenas de la peste de 1649 en Sevilla vinieron a su mente todas juntas y en tropel. Ni siquiera se le pasó por la cabeza la posibilidad de no haber contraído la enfermedad o ser inmune a sus devastaciones.
-No es uno grande de España por casualidad.
La covidia, dictaminó, fulminaba con su rayo ineluctable al último Bandera.
Aún no careciendo de interés el resto de la historia es conocida y previsible, si alguna vez se lleva al cine sería digna de grabar con los mejores medios la escena de la persecución por los corredores y alacenas, cuando Jacinto amenazaba con una no figurada alabarda la integridad de Ezequiel quien se internó desnudo por el coto como un Adán en el Paraíso.
Alguien dio el aviso dos o tres semanas después, justo el domingo antes de que la provincia de Huelva pasara a fase uno. Había entonces más tránsito por la carretera porque los hoteleros se disponían a una exangüe reapertura y el hedor a la altura de algún cruce se hacía insoportable.
Muerto en las soledad de su palacio no es preciso describir los terribles estertores que se llevaron al quincuagésimo marqués de caños del reino de los vivos. Una pulmonía había matado al fin a este don Guido, pero no sonaron por él las campanas de Sevilla.

En el puesto de la Guardia Civil en Matalascañas, junto a la torre que hace de tapón para el océano atlántico se desembotelló el resto de la historia. Ezequiel León, que se había reconfinado con su Eva junto a la playa había acudido voluntario a declarar.
-Busque, busque en gooogle al  "Marqués de Caños", todo junto- le decía al cabo que tomaba nota.
-¿Marqués de Caños? ¿En Sevilla? Aquí no sale nada... A ver, aguarda, un momento que lo busque en el móvil que aquí en la playa el wifi va a pedales. Mira sí, aquí lo veo, pero esto es un blog, la columna toscana. Dice "Así murió de covidia el marqués de caños -cuatro".
-¿Y no dice nada más?
- Sí, espera un segundo, luego pone FIN DEL DIARIO DE LA PESTE.
El triunfo de la muerte Bruegel el viejo
El Triunfo de la Muerte (1562), óleo sobre tabla de Pieter Brueghel el Viejo (1525-1569). Museo del Prado

sábado, 9 de mayo de 2020

Diario del Año de la Peste LVII ("Así murió de covidia el Marqués de Caños - III" )

En capítulos anteriores:

Capítulo I
Capítulo II


A batallas de amor, campos de pluma. En mitad de sus ardorosos empellones el Marqués se quedaba dormido, según pasaba los días siguió subiendo la dosis de alcohol y las siestas se hicieron más profundas y más largas. Así pues al alivio interrumpido del señor de la casa se añadía el alivio de su lacayo a quien solo un hilo fragilísimo de elemental supervivencia -¿dónde podría buscarse ahora la vida con el país al completo metido en el calabozo? - lo hacía cómplice de esa extraña simbiosis en la que ora ejercía de huésped, ora de parásito.


Mientras el marqués sucumbía a las garras de Morfeo, casi tan afiladas como las suyas propias, Ezequiel podía deambular por la mansión a su antojo, pero el de Caños se había prevenido a conciencia y las intenciones de su criado chocaron con toda clase de caja fuertes y cerraduras. Lo había previsto todo: no solo había escondido la llave del coche sino que había tenido la precaución de vaciar el depósito de combustible. Ni siquiera podía acceder a los más selectos manjares de la despensa o a las bebidas espirituosas, confinadas bajo siete llaves en un arcón del siglo XVIII.

-No es uno grande de España por casualidad -se decía a sí mismo con complacencia- mientras cerraba los candados.

Tras una semana de excursiones a todas las estancias del palacio Ezequiel concluyó que no tenía más alternativa que permanecer enclaustrado junto a su carcelero hasta que llegara la desescalada y pudiera hacer auto stop en la carretera de Matalascañas que pasaba a medio kilómetro de la finca.

Como ni siquiera le era permitido el uso de un teléfono móvil no llegaba a creerse del todo las noticias que le daba su señor, que cada sábado (sin importar el plazo transcurrido desde su encierro) anunciaba otros quince días más de condena. Para su sorpresa, tras la muerte del marqués y mientras hacía sus declaraciones a la policía, tuvo la evidencia de que eso era en lo único en lo que Jacinto Bandera no le había engañado.

Un día de tantos muy avanzado ya el confinamiento, después de casi treinta días de reclusión, sucedió algo inesperado, alguien llamó al marqués en mitad de la alta noche y este llegó a descolgar su real iphone, regurgitó extrañas imprecaciones e incompensibles borborigmos y cedió otra vez al sueño.

Pero esta vez había dejado el teléfono desbloqueado.

(Continuará...)

Diario del Año de la Peste LVI ("El Ministerio del Tiempo")

Si el confinamiento hubiera sido despresurizado antes, permitiendo una hora de paseo diario en el patio de la cárcel, como en esta última semana, quizá la ronda de los presos sería menos apretada cada tarde. El caso es que por fin el lunes, al menos en Sevilla, nos dan la condicional y dispondremos de una relativa libertad de movimiento aunque seguiremos durmiendo en la trena, lo cual tiene cierta lógica porque es nuestra casa.

Todos somos Undargarín, todos somos Junqueras.

Mi deporte favorito ha sido siempre leer en la calle, en un jardín, en una terraza o en la piscina. Pero hasta el lunes no estará permitido practicarlo -salvo que lo entendamos como paseo a velocidad cero-, aunque tengo mis dudas porque es probable que el Gran Hemano Marlaska se deje llevar por el ardor guerrero y no sea tolerada la lectura en la nueva normalidad.

Leer ya era una actitud provocadora y provocativa en la normalidad vintage, por lo que quizá ahora estemos un paso más cerca de Farenheit 451, a pesar de que pocas actividades favorezcan más la distancia social: es sacar un libro y hacerse el vacío alrededor.

Claro que adentro suceden multitudes. Escucho con mis ojos a los muertos.

Como aquel príncipe del Renacimiento que cada noche subía, vestido con sus mejores galas, a la biblioteca de su castillo a conversar con Sócrates o Platon, el lunes nos pondremos la chaqueta del domingo de ramos para hablar con Galdós en las terrazas.

Y ahí se acabará el diario, no había escrito uno cien páginas sobre casi nada y aunque me parece que han salido casi por ensalmo, me temo que han sido a costa de sacrificar la lectura. Lo hemos dicho muchas veces: leer es más difícil que escribir y después de tantos meses confinados habrá que iniciar la desescalada libresca.

Echaré de menos este diario y el diario encuentro con vosotros, pero lo mismo que la realidad se ha transformado en la  nueva normalidad, también mutarán las columnas toscanas, como mutan los virus. Conviene, además, espaciarlas, como demostró Bernini en la columnata de San Pedro.

Tengo la sensación de estar aún en el primer día, como si fuera a retomar la lectura, perdón, digo, la vida, en el punto donde la dejé. Desde el día en que nos pusieron un muro de Berlín en la puerta de casa dejó de existir el espacio exterior y sin espacio no hay, no ha habido tiempo.

En hablando del tiempo me he acordado ahora de que esta semana se ha estrenado la nueva temporada del ministerio de la cosa. Yo tengo una idea para un capítulo: la historia sucede en vísperas del la manifestación del 8M del año en curso, bajo la sombra de la pandemia -de la Visitación que decía el místico Daniel Defoe- del coronavirus. 

A los agentes del Ministerio les muestran un dossier con las consecuencias de las concentraciones. Un descenso a los infiernos conocidos. Para evitarlo deberán a viajar treinta años atrás y nada menos que a Ruanda (uno de los capítulos más valorado sucedió en Filipinas) para rescatar a un joven médico voluntario que ha estado a punto de perder la vida durante el despiadado conflicto de los tutsis y los hutus.

Su misión consistirá no solo en salvarle de los balazos sino sobre todo -libre de amenazas tribales- convencerle -cuesto lo que cueste y usando técnicas marlaskas si hace el caso- para que se quede allí en el África profunda, donde seguirá prestando grandes servicios a la humanidad y por los cuales Fernando Simón recibirá, a la vez y para gloria de la patria, el Premio Nobel de la Paz y el de la Medicina.

El lunes, el lunes se acaba todo.

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Mecanoscrito de "El diario del año de la peste"


 
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