domingo, 26 de febrero de 2017

La la Land

Imaginad que os espolvorean los párpados con estrellas, casi como en el "Sueño de una noche de verano," o que alguien ilumina con luciérnagas todos los jardines de la ciudad. Este cuento de hadas, con una Titania y un Oberón en estado de gracia, no tiene más pretensiones que explotar la dulzura y la melancolía, y lo hace con una delicadeza suave enfilando sin miedo el abismo del candor. 

Con "La la Land"  la gran pantalla vuelve a ser una fábrica de sueños, ese Cinema Paradiso y su guirnalda americana de besos imposibles, pero indelebles, grabados en la retina plateada de los recuerdos. Ya la vida real  se encargará por sí misma de echarnos de la sala.

Existe el eros griego, existe el ágape católico como existe la pasión endemoniada, pero lo primero que existe es el amor adolescente al amor mismo, y ese sentimiento romántico y almibarado unido al desengaño de las vocaciones fantásticas, que tantas veces van de la mano, consigue destilarlo "La la land".

En devolvernos a la edad de la inocencia, pero ¡ay! sin dejarnos allí reside la magia de esta película. 





NOTA: Arrasará esta noche en los Óscar, ojalá se los lleve todos e incluso alguno más. Sobre la bondad o naturaleza de estos premios poco hay que decir, salvo que su fidelidad al Star System los hace más fiables que el Nobel de Literatura.

¡That`s entertainment! 


sábado, 25 de febrero de 2017

Carnaval de Sevilla

Imperial y eclesiástica, Sevilla, fundida con su máscara, no celebra el carnaval. 

Turbia, sensual y beata como el Tenorio, duende preclaro de la ciudad, no ha de extrañarnos que Zorrilla, que ha cumplido esta semana doscientos años, ubique su fantasmagoría sevillana en una interminable noche de carnestolendas.

"Las fiestas de carnaval,
al hombre más principal
permiten, sin deshonor
de su linaje, servirse
de un antifaz, y bajo él,
¿quién sabe, hasta descubrirse,
de qué carne es el pastel?"

Cuando Lorca dice en el "Poema de la Saeta" que Sevilla une lo amargo de Don Juan y lo perfecto de Dionisio o cuando Gil de Biedma afirmaba que esta ciudad le resultaba más exótica que Manila, acaso se referían a esta fusión de su espíritu con un profundo antifaz.
Ved si no esos rostros que nos asaltan por la calle, niñas y mujeres como vírgenes de Murillo y señores cuya efigie conocemos por los cuadros de Velázquez.

Sí, el sevillano acaso sólo se quita la máscara durante la Semana Santa cuando la ciudad es un festival sagrado, wagneriano casi.

Ocultándose desvela su ser atormentado y carnal, hecho del incienso de doña Inés y la negra máscara de Don Juan. 

No, no es esta una ciudad de dagas florentinas como en alguna ocasión parece, sino una ciudad embozada en sí misma porque no necesita más.




jueves, 23 de febrero de 2017

La soledad del aguacero


Si queréis conocer a un poeta de verdad, venid el próximo viernes, es decir, mañana, a la Casa de la Provincia a las 18:00h. 
 
Presentación libro "La soledad del aguacero", de Rafael Adolfo Téllez.

No sé qué tiempo hará, pero no importa porque como acertadamente dijo Juan Bonilla en los versos melancólicos, elegíacos, sencillos y hondos de Rafael Adolfo Téllez, siempre llueve. 

La presentación correrá a cargo del siempre mágico José Julio Cabanillas, por lo que podras conocer no uno, sino dos poetas verdaderos, y eso es más difícil que dar con un pokemon legendario.
 

"La diputada de Cultura y Ciudadanía, Rocío Sutil, y el alcalde de Cañada Rosal, Rodrigo Rodríguez Hans, acompañarán al autor, Rafael Adolfo Téllez, en la presentación de su libro, "La soledad del aguacero. (Antolología poética, 1988-2016)", con epílogo de José Julio Cabanillas y prólogo de Andrés Trapiello"

Casa de la Provincia. Plaza del Triunfo, 1, 41004 Sevilla, España.

La fotografía pertenece a esta entrevista con el autor:

http://www.larazon.es/local/andalucia/soy-el-poeta-del-silencio-GA14360897?sky=Sky-Febrero-2017#Ttt1wQ9bdl7JCPly
 

domingo, 19 de febrero de 2017

Cuento de Jerusalén (VI)

La pequeña Raquel llora desconsolada a la puerta del Atrio de las Mujeres desde que sale el sol hasta el ocaso, cuando las hogueras de los sacrificios que alaban el nombre impronunciable del Santo de los Santos proyectan sombras extrañas en los muros del Templo. Hace tres días, en el tumulto que ascendía por la Pascua, perdió la mano de su padre, el Rabí Daniel. La primera noche, cansada de esperarlo bajó a su casa sola para preparar la cena de sus hermanos. Quizá la gran afluencia de peregrinos venidos de toda Judea y Galilea habían retrasado las ceremonias de purificación, quizá se había sumido, como a veces solía, en una oración profunda. Al despertar, aún no había venido. Entonces sí se angustió. Raquel, huérfana de madre, había asumido las responsabilidades del hogar, mientras su padre se entregaba en cuerpo y alma al estudio de la Torá. En vano inquirió a los doctores de la ley que cruzaban hacia el Atrio de Israel vedado a toda criatura hembra, humana o animal. La mayoría no supo o no quiso dar razón de su padre y otros tantos no habían retornado aún cuando declinaba el sol. En esta tercera noche, cuando su desesperación era definitiva, y ya apunto de marcharse escuchó a una mujer que lloraba aún más intensamente que ella, como si un puñal le traspasase el pecho. "Aguarda, mujer", le dijo el hombre de encrespadas barbas negras que la acompañaba. "De aquí no puedes pasar. Sosiégate." La mujer y la niña se abrazaron. A la joven Raquel la inundó una serenidad no conocida antes. Al cabo de una hora escucharon de nuevo, al otro lado de la gran verja de madera, la voz varonil que las había despedido: "Hijo, ahí tienes a tu madre". Un niño de unos doce años, sonriente y feliz, bajaba por las gradas acompañado de una cohorte de escribas. Entre ellos pudo distinguir a su padre el Rabí Daniel quien en lugar de atender a los reproches de su hija seguía admirado con los ojos al pequeño de rizos rubios, al tiempo que le decía a Raquel "¿Por qué me buscabas, hija? ¿Acaso no sabías que en los asuntos de nuestro padre me es necesario estar?"

Gustavo Doré, Jesús con los Doctores de la Ley

Céfiro


Hoy, como el pétalo de una flor prensada, acaso como una hoja de un otoño lejano, cayó revoloteando de las estanterías un marcapáginas con estos versos de Lamartine:


Naître avec le printemps, mourir avec les roses,

Sur l’aile du zéphyr nager dans un ciel pur,
Balancé sur le sein des fleurs à peine écloses,
S’enivrer de parfums, de lumière et d’azur,



....


Voilà du papillon le destin enchanté!

Que intento traducir más o menos literalmente así:

Nacer en primavera, morir entre las rosas
sobre el ala del céfiro surcar un cielo puro
y flotar en el seno de las flores que nacen
embriagada de aromas y de luz y de azul
...

He ahí tu (el) destino,  (de la) mariposa encantada.

Figuraba en el anverso está leyenda: Librería Céfiro.

Y ha sentido uno, al recoger el ala encantada de esta mariposa de papel una punzada de nostalgia en el corazón, porque la única librería del mundo que tenía su sitio en una calle con un nombre tan bonito como el de la leonesa "Virgen de los buenos libros", que inspiraba a los copistas de San Isidoro (otra vez, de Sevilla), cerró el mes de enero pasado.

Llevaba años frecuentándola, sobre todo en las mañanas triunfantes de los sábados, cuando, una vez al mes, llevaba a las niñas a nuestra querida Hermandad de la Soledad, en el apolíneo barrio de San Lorenzo.

Bajo la claridad de su rincón, donde la luz flotaba, había siempre un lugar para la poesía y no faltaban nunca, era su especialidad, libros de historia para surcar los mares, la ruta de las Indias, tan cerca el Centro de Estudios Hispano-Americanos.

Silenciosos, discretos, como los buenos libreros, artesanos en no romper la dorada calma de aquellos momentos, nunca había cruzado palabras con sus propietarios, más allá de la diligente transacción que por apenas un papel timbrado nos devuelve maravillas arcanas.

Incluso habiendo lucido en su escaparate mi vieja "Copa de Haendel" se puede decir que no los conocía y sí; como se conocen los naranjos y las piedras y los rostros amados de la ciudad. Fue con la ocasión de la publicación de "Gusanos de Seda" y gracias a la gentileza del poeta Lutgardo García, que creció entre sus anaqueles de América, habitual frecuentador y contertulio de aquel salón, cercano a su consulta  médica de la Gavidia, que al fin trabamos si no amistad, al menos confianza.

Ellos acogieron con cariño estos gusanos de morera, con ellos firmamos en la feria del libro y acudieron a la calle Sierpes a la presentación en el Círculo de Labradores, donde también y tan bien nos dieron casa (gracias, Rosario).

Suyo era el monopolio de esta seda, en la mejor caja de cartón del centro de Sevilla y ahora, cuando a mis pies ha caído esta ala de mariposa, con su polvo de oro y de tiempo, quiero agradecer al suave viento del Céfiro todo el cariño dispensado a estos versos que también querrían morir con las rosas, vueltos "papillons" en el aire puro de otra primavera.

Gracias, Eduardo, gracias Luis.



Voilà du papillon le destin enchanté!


Antigua librería Céfiro, en la Calle Virgen de los Buenos Libros.

Estilo



Frente a la rosa,
¿es culpable la orquídea
de ser barroca?

31 de diciembre de 2016, JMJ, Invernadero del Jardin Botánico de Madrid.

martes, 14 de febrero de 2017

Luna llena en febrero

Pasa la luna 
con su manto de reina 
celeste y oro.


Luna llena en febrero (JMJ), 2017

domingo, 12 de febrero de 2017

De cuatro hojas

Día de suerte,
hoy he cortado un haiku
de cuatro versos
entre los tréboles.




martes, 31 de enero de 2017

Febrero

Rosales podados, 31-01-2017, JMJ
Ahora que han podado los rosales
y arrancado los frutos del naranjo
ahora, de verdad, llega el invierno
sin flores y sin carne, despiadado

mensajero de muerte y de cenizas.
Se aparece en el vaho, en los espejos
cegados por el frío de los ojos,
en el barro mojado que se adhiere

a unos pasos más tristes y más lentos
que conducen derechos a la nada,
al abismo sin luna de la noche.

Ha llegado el invierno, no perdona,
embozado en el manto de la nieve,
en su capa de armiño ensangrentada.

Cosecha de naranjas 21-01-2017, JMJ

lunes, 30 de enero de 2017

Lumbre

Mirar el fuego 
como quien mira el alma 
o el pensamiento.


Escurial, Cáceres,, 27 de enero de 2017

domingo, 29 de enero de 2017

Amarillo

¿Quién ha tallado
sobre el limón maduro 
la rosa nueva?


JMJ, Rosa de JRJ

viernes, 13 de enero de 2017

Adicto al FB o "La Raya"

[Soneto de pompa -de jabón- y circunstancia]

Me acuerdo del “me gusta” que le diste
a mi haiku lunar, sencillo y puro
y cómo dulcemente compartiste

mis visiones astrales en tu muro.

No sonaron entonces más violines
que en la corte de un Papa del barroco,
me vinieron a ver los querubines
mientras desfallecía poco a poco

de amor rendido frente a la pantalla,
de rodillas postrado ante tu icono,
ya sentía tu mano en mi quimono,

una pasión tan cándida y canalla,
como el baño de almíbar de un pionono
o el calambre salvaje de una raya .*

*NOTA BENE: 
Obviamente nos referimos a la especie “Torpedo fuscomaculata”, cuyas descargas no deben confundirse (o no en todo caso) con el reputado alcaloide de nombre técnico benzoilmetilecgonina.


Jean-Baptiste Simeón Chardin, La raya. Óleo sobre tela, 1728

jueves, 12 de enero de 2017

Luna llena de enero

Miro la luna
en su estanque de noche
como un nenúfar.

La Campana, Sevilla, 11 de enero JMJ

miércoles, 11 de enero de 2017

Primavera huérfana

Corto las flores 
del naranjo de invierno, 
copos de nieve
.
Ikebana, JMJ , 10 de enero 2017

lunes, 9 de enero de 2017

Orquídea

"Raíces y alas. 
Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen."
(JRJ, Diario de un poeta recién casado)


Un ave de los trópicos
ha extendido las alas
sobre una espiga frágil
sin emprender el vuelo.

Mantiene el equilibrio
entre las hojas verdes,
su tiempo no es el tiempo
de las flores efímeras.

Las raíces escalan
hacia el cristal del cielo,
ahondan en la luz
y más arriba siempre.

Viven en el abismo
de los seres aéreos
y acarician el agua
que asciende de la ciénaga.

En el ángulo oscuro
de los invernaderos
hay un sexo de savia
y de piedras preciosas.

La belleza no duerme
en la casa de vidrio.

Madrid, Invernadero del Jardín Botánico, 31 de diciembre de 2016.
Obsérvese el sistema radicular aéreo propio de las orquídeas epifitas.


Martin Johnson Heade Orquídea y colibrí cerca de una cascada
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Museo Thyssen, Madrid.




 Debussy - La Plus Que Lente - Valse - Aldo Ciccolini 

domingo, 8 de enero de 2017

Sobre el estilo

Hay en la orquídea
una idea escondida, 
pero es esdrújula.

31 de diciembre de 2016, Jardín Botánico de Madrid.

martes, 27 de diciembre de 2016

Un año de seda


Pues sí, el año empezó como la seda:


La rueda del 2016, a la que no le faltaron dientes a pesar de todo, ha sido muy generosa con nosotros este año, estos gusanos vinieron con dos sobrinos nuevos debajo del brazo y, a pesar de las piedras de riñón, que son novedad, otros achaques se han marchado definitivamente de nuestras vidas.

Abandonamos la casa familiar en Cáceres, pero ahora tenemos otra más honda y familiar en Madrid, e incluso hemos acabado el año con 17Kg menos de poeta, por lo que es de esperar que a partir de ahora sea más airosa mi poesía, o quién sabe si justo lo contrario.

Ojalá fueran siempre así todos los años, sabemos que no, pero vaya mi gratitud a todos los que me han acompañado en este viaje por los campos de la morera: a mi compadre Pablo Pámpano y a mi amigo Lutgardo, que incluso les dedicó un poema cuando lo presentó en Sevilla. A Yelsy Heredia, que hizo una preciosa composición y a Santos Domínguez que lo apadrinó en Cáceres.

Al premio Nacional de Poesía 2015, Don Luis Alberto de Cuenca y al premio Reina Sofía, Don Antonio Colinas, que saludaron estos versos hace un año con las palabras que siguen, se ve que la seda da buena suerte.


Y gracias también a todos aquellos que tan bien y generosamente les brindaron unas caricias públicas: Antonio Rivero Taravillo, José Manuel Mora Fandos, José Manuel Benítez Ariza, Álvaro Valverde, Jesús María Gómez Flores, Concha Rodriguez, Gregorio Muelas, Gonzalo Gragera, Jesús Cotta, Rafael Roblas, Aquilino Duque, Alicia Mariño, Olga Bernard...


Y a los medios que se interesaron por él: Radio Nacional de España, Periódico Extremadura, Revista La Muy de Sevilla, Periódico HOY, XYZ, Oculta...

También mi gratitud con las caricias privadas y las de Facebook.

¿Y qué decir de los amigos libreros de Céfiro, Baba Yaga o El Buscón o del Círculo Mercantil que abrieron sus puertas para este pequeño rastrillo de la Ruta de la Seda?

A continuación copio alguna de estas reseñas, la cuenta de supergoogle da un total de dieciocho, sin contar repeticiones, lo que es mucho para un libro de poesía que nació huérfano de editorial por voluntad propia.

Si he omitido algún nombre no ha sido deliberadamente, pregúntenles  a los dueños del algoritmo.

TODAVÍA QUEDAN EJEMPLARES que pueden adquirirse contactando con la cuenta

gusanosdeseda2016@gmail.com

escribiendo a este correo os indicarán una cuenta en la que hacer un ingreso de 12€ para su envío sin más costes a la dirección que indiquéis (envíos al extranjero según tarifa oficial de correo).

Bueno, pues feliz, año, que la seda os acompañe.




(1) Concha Rodríguez


(2) José Manuel Mora Fandos


(3) Santos Domínguez



(4) Periódico Extremadura



(5) Gregorio Muelas


(6) Gonzalo Gragera


(7) Jesús Cotta



(8) Rafael Roblas


(9) Álvaro Valverde


(10) Antonio Rivero Taravillo




(11) Aquilino Duque



(12) Diario Hoy


(13) Jesús María Gómez Flores


(14) Colegio de Ingenieros de Telecomunicaciones de Andalucía y Occidental y Ceuta


(15) José Manuel Benítez Ariza


(16) Alicia Mariño







viernes, 23 de diciembre de 2016

Cuento de Jerusalén V


Arrollado por el bullicio el viejo Gedeón se tambalea a tientas por la empinada calleja, ha estado a punto de rodar por el suelo, pero agarrado como un náufrago a la lona de un puesto de quincalla, uno de los muchos que reptan hacia el Templo, increpa a la multitud agitando su báculo:

-¡Por el Valle de Josafat, explicad a este ciego qué sucede!

-¡El Nazareno!¡El Nazareno!¡Han crucificado al Nazareno!

-¿Al Nazareno? –el viejo Gedeón se pone en pie y se arranca el vendaje andrajoso bajo el que lloran dos ojos traslúcidos- ¿Al Nazareno? Pues sabed que mis ojos han visto su gloria.

-¿Tus ojos? –Pregunta con sorna la dueña del tenderete de especias mientras recoge la mercancía que ha derribado el tumulto- ¿Cómo van a ver visto tus ojos a ese desgraciado si hace más de treinta que perdiste la vista y veinte desde que mendigas en este mercado?

Gedeón no contesta, en su interior hace frío, la noche es cerrada y se aprieta a sus padres para no congelarse mientras humean las brasas dormidas junto al rebaño. La escena se repite cada día antes del sueño tras sus ojos vidriados. El resplandor primero,  después el calor y el estruendo imponente, las estrellas como soles en el cielo, las trompetas, y luego el camino bajo el brillo acerado de la luz y aquel niño ante el que los pastores se postraban. Y en seguida la vuelta hacia los montes, la oscuridad eterna, la noche fría de la pupila quemada y el eco de las voces en el cielo resonando en su cabeza a todas horas, unas voces sin palabras, unas voces que ahora, después de treinta años, vuelven otra vez a su garganta mientras grita echando espumarajos por la boca, lo mismo que un poseso, ante el gentío:

-¡Gloria a Dios en los cielos y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!


Rembrandt, "Anunciación a los pastores"



"Glory to God in the Highest" , de "El Mesías", Haendel

lunes, 12 de diciembre de 2016

Rimas y leyendas (VIII, epílogo y FIN)

Capítulo V
Capítulo IV
Capítulo III
Capítulo II
Capítulo I

VI
El primer acorde retumbó como un trueno, todo el silencio amontonado durante centurias resonó en las naves del templo y ascendió a las bóvedas donde la música se hizo claridad. Los tubos del órgano, como un inmenso altar de quinario, elevaban sus potentes hachas de fuego hacia las alturas y la luz, repetida en los oros barrocos del retablo, era la de una zarza que ardiera sin consumirse. Del profundo barranco de los siglos irradiaba una fuga, un haz velocísimo de imágenes y llamas que pintaba en los techos un rompimiento de gloria. Sobre el himno sonoro de Maese Pérez pudieron verse galeones henchidos de perlas y tesoros, papagayos y orquídeas de insólitos colores y una nave girar como un móvil perpetuo alrededor de un globo azul, apenas tripulada por dieciocho almas errantes y cargada de especias. Estas armonías no eran, desde luego, los coros de los ángeles, que según cuenta Becquer, atravesaban los espacios y llegaban al mundo, aquellas cadencias nacían del fondo de la tierra y elevaba en al aire el último hálito de la ciudad. Sobre la pira del sonido desfilaban las águilas de Roma y los resplandecientes hijos de Ismael hacían sonar las chirimías y degollaban corderos con alfanjes de plata. Entre los cañaverales los reyes de la Atlándida arrojaban al cieno pectorales de oro…
Galopaba la música sobre el tiempo y la historia mientras los ojos embelesados de los viejos espíritus admiraban el derrumbe de las casas antiguas, pero cuando el órgano fue debilitando su pugna, para regresar a la gruta del abismo y la muerte, también ellos, monarcas, santos y mujeres de genio, se desvanecieron como siluetas de humo.
-¡Inés, Inés, la abuela no se mueve!
La oscuridad reinaba en la Iglesia del convento. Un silencio de piedra y un vacío de hielo ocupaba el solar deshabitado al que habían arrancado y despojado de su alma para siempre. Alrededor no había nadie, solo el frío.
Paloma, la más pequeña, lloraba desconsolada mientras acariciaba los cabellos de nieve de la anciana.
-A ti nunca te lo dijo-añadió Inés gravemente- pero yo lo sabía y por eso me opuse a que viniéramos: la abuela conocía la fecha de su muerte. Sí, había rezado los once mil padrenuestros a la reliquia. Había visto en los sueños una vida muy larga, pero también el fin de sus días en una noche de Navidad, durante la Misa del Gallo, cuando la ciudad se hubiera olvidado de sus duendes y el viejo Maese Pérez tañera sobre el órgano la elegía del cisne.
Una vela apagada humeaba aún en la Iglesia en ruinas. 
Torno de Santa Inés (Fotografía JMJ, 3 de diciembre 2016)
VII
Miguel el vigilante caminaba tambaleándose por la calle Monasterio de Veruela, llevaba la guitarra al hombro y colgada al cuello una llave misteriosa, la que abría y cerraba la última peña flamenca de Sevilla, fundada por un médico anciano y respetable, al que adoraban los gitanos porque asistía a sus partos y sufragaba sus juergas por un poco de cante. Además del champán, que ya le quedaba lejos, a Miguel lo rodeaba un aura de coñac y manzanilla. Iba camino del Vacie, pasado el cementerio, con la improbable esperanza de que su prima aún no se hubiera dormido, aunque por el Aljarafe empezaba a pintarse una raya morada como sus ojeras. A la altura de la Venta de los Gatos, lo llamó la atención una hoguera muy alta, casi como una columna de fuego y no pudo evitar acercarse, contento de no ser, a esa hora del día, cuando aún es de noche, el único con ganas de jarana. Se acercó tocando por bulerías, olvidado del miedo de los días pasados, pero cuando estuvo más cerca se le desencajó la cara y se le aflojó el vientre, tiró la guitarra al suelo y corrió como nunca había corrido en toda su vida, ni siquiera detrás de la Guardia Civil, cuando aún había a las afueras huertos de nísperos e higueras que saquear si apretaban el hambre y el aburrimiento.
Mientras huía como alma que lleva el diablo Iba jurando por todos sus difuntos que nunca más abandonaría su puesto de trabajo, que jamás volvería abusar de la bebida y que acabaría los estudios de bachillerato como había prometido a su madrina y buscaría un trabajo decente y que para dejar constancia de su firme propósito iba a ser el primero en besar el talón del Gran Poder a cuya basílica marchaba corriendo.
Don Fadrique tomó lo la guitarra que había soltado Miguel y siguió tocando con las desnudas falanges de sus dedos, don Pedro y don Miguel, que ahora era de nuevo don Juan, competían por ceñir la cintura cadavérica de Carmen, y la vieja del candil, con su rostro horripilante, cantaba sin pausa por campanilleros. Y cuentan quienes por allí pasaron, aterrados y fugaces, que aún hasta bien entrada la mañana, cuando el sol deshizo su apariencia, se prolongó la última fiesta de aquella ciudad legendaria que había sido capital de un imperio.
VIII
Un hombre joven, embozado en una capa negra, el cabello ensortijado, breve el bigote y larga la perilla, baja de una casa con un balcón de cristal enrejado, sobrevolado de madreselvas y nidos de golondrinas, por la Calle Conde de Barajas. Miguel lo ha visto pasar, mientras espera a que se abra la Puerta del Gran Poder y decide seguirlo sin saber por qué. Amanece y las calles sepultadas bajo la niebla de la mañana de Navidad parecían un laberinto de cal y humo. Va camino del río, no hay duda  de que sabe exactamente a qué punto se dirige. Superadas las últimas construcciones fluviales y las más modernas dársenas de piraguas, existe aún una alameda. El otoño dura aún en Sevilla y son doradas las hojas de los árboles, sobre su tronco se enrosca una yedra que da flores azules a pesar de la estación. Hay en el centro de aquel pequeño claro un laurel muy alto, Miguel conoce el sitio, ha cogido hojas allí para su madrina con más de una amiga. El hombre joven corta una rama, parece que fuera a trenzarla, pero antes la desmenuza y la echa al río, acto seguido se tiende en el suelo, como para dormir un sueño eterno. La bruma se condensa en una fina lluvia que pronto se hace más fuerte, pero el joven no se inmuta, como si fuera mármol, y Miguel comprende que no debe perturbar su descanso en aquel ángulo oscuro de la orilla. Poco a poco sube el cauce del río y arrastra al durmiente hacia su seno, como a una Ofelia ahogada.

Miguel ha deshecho su camino y aguarda nuevamente a que se abra la gran hoja de madera del Gran Poder.  Piensa en lo vivido y en lo soñado durante la noche, contempla, bajo el puro sol de invierno, que asoma entre las nubes, los descarnados huesos de la ciudad, su caserío exangüe y arruinado, y exclama para sí con un suspiro: ¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!

FIN
Gustavo Adolfo Bécquer [1836-1870] (Museo de Bellas Artes de Sevilla)
Retrato por su hermano Valeriano Bécquer [1833-1870]



Maurice Ravel (1875 - 1937) Daphnis et Chloé (1909 - 1912)

Ballet en tres partes


 
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