lunes, 8 de octubre de 2018

Tartessian monday

(Mañanita de niebla,tarde de paseo)

Esta mañana, por el efecto de la bruma y los reflejos de la primera luz del día sobre la superficie blanca y gris de las nubes, Sevilla parecía amanecer tendida junto al mar.  Las aguas llegaban hasta la misma base de la Giralda que nuevamente se alzaba como un  faro sobre las olas.

El cielo nubloso, acomodado a la geografía histórica del paisaje, reproducía sobre el horizonte todos los accidentes geográficos del Lago Ligustino que describiera Avieno en su Ora Marítima, cuando desde Alcalá del Río hasta Doñana todo era una inmensa ensenada en la que, sobre algunas islas o montículos dispersos de barro y cañabrava, como en un Macondo primordial,  se alzaron los primeros palafitos (“spal”) que dieron a la ciudad su nombre en la eternidad y que la hermanan con la Reina del Adríatico.

A la altura del Giraldillo, pero al otro lado de la lámina de agua inmaculada y tersa que cubría los barrios del Arenal y de Triana -cuyo invisible puente de hierro yacía sumergido– se alzaban la crestas del Aljarafe y sobre ellas destacaba, bajo los rayos de un sol desvaído, el promontorio del Carambolo como un pináculo sagrado.

Así desde las atirantadas cumbres del Puente del Centenario se han abierto para mí esta mañana, a uno y otro lado del río, las doradas puertas de Tartessos.

JMJ Abril 2018. Plaza Virgen de los Reyes


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Cata que amanece


Hoy  al amanecer me han conmovido el esplendor de la luna llena y el colosal nacimiento del sol. Cruzaba yo la ciudad de sur a norte sobre  la vertebral columna atirantada del Puente del Centenario mientras, a poniente, la luna iba esbozando haikus espectrales sobre las grúas y naves del puerto. La noche, a ese lado de la bóveda era ya de un intenso azul plasmático, eléctrico, y la luna fulgía como un blanco fogonazo fluorescente hasta desvaírse sobre el arco del horizonte como una marca de agua, mientras del levante, sobre los castillos sin foso de los bloques de pisos de Sevilla Este, emergía una corona naranja creciente dispuesta a reinar sobre la inmensa llanura de Tartesos.

Y en el instante supremo en el que ambos astros se contemplaban como dos espejos enfrentados, me ha parecido entender el lenguaje del cielo.


Dark matter

Lo de la materia oscura es de traca: resulta que como la velocidad y trayectorias de algunas galaxias erráticas no se explica, en lugar de revisar la ley de la gravedad se ha decidido suponer que hay ahí, detrás del telón, toda la cantidad de materia que haga falta hasta que las cuentas salgan, pero ¡ojo que a esta materia ni se la ve ni se la espera! No emite luz ni interacciona electromagnéticamente con nada. Podríamos traspasarla como hacían los fantasmas victorianos en los castillos escoceses. De hecho hay desplegadas sondas para intentar cazar alguna de estas partículas, pero de momento no parece que 'piquen'.

No sé, a mí me parece que hay aquí algo de trampa, sucede un poco como con la existencia del éter o la generación espontánea, que eran verdades científicas inmutables en el XIX, de hecho quienes las defendían lo hacían con la misma autoridad que los cosmogurús.
Decir que hay materia oscura o que "aquí hay dragones", viene a ser lo mismo, de modo que a día de hoy, glosando al Miguel d'Ors, cabe afirmar que la explicación del libro del Génesis resulta menos extravagante y más plausible, por no decir que es mucho más inteligible y bella.
Conviene pues, recordar a los cientifistas extremos que son de algún modo adoradores de esta materia oscura como la ignota piedra de la Kaaba.
Los creyentes en Dios no tienen sin embargo este problema, ya que lo de la materia oscura como cualquier otro asombro que revela la ciencia no subvierte su comprensión del mundo, que abarca todo lo posible.
Todavía no he llegado a esa parte del libro en que se hable de los agujeros negros de materia oscura que seguro que también existen en el santoral cosmológico junto con el relicario de las partículas subatómicas, con las que, ya que no se puede jugar a los dados, se juega a las canicas en un donut subterráneo en Suiza.
Lo de la 'dark matter ' es, me temo, como lo del sexo de los ángeles, pero con telescopios y, lo que es peor, sin sexo.
NOTA BENE: El libro de Lisa Randall es una maravilla.

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domingo, 23 de septiembre de 2018

Voces del verano

Para Antonio del Junco

Es la vida la hermana del dolor
que a nuestro lado fluye como un río,
todo emerge de ahí y en su corriente,
en sus hondos remansos y en sus barrancos profundos,
encuentra su sentido, su muerte y transfiguración.

Pero ahora es verano,
sobre los muros encalados crecen
la sombra y la verdad, como crece la muerte
en las sábanas blancas perfumadas de espliego.

Abandonad los cuartos amarillos,
hacia la noche abierta colmada de deseo.

Bajo el cielo estrellado del gran verano cósmico
contemplad los abismos­,
escuchad el crujido de la rueda del tiempo,
la rotación de las constelaciones
y las remotas voces del chamán
que anuncian el cristal de la nueva conciencia.

Antes de que regresen las auroras de otoño
y retorne la angustia a los desfiladeros.

Sylvia McNair: Knoxville Summer of 1915 by Samuel Barber


sábado, 1 de septiembre de 2018

Havana

                   (Camila Cabello)

¿Quién corta las amarras de la noche?

¿Quién quema alcohol azul en las trompetas
para las viejas almas condenadas?

Antes de sumergirnos en los vórtices
de este espectral naufragio del deseo
servidme el huracán en una copa
porque mi corazón está en la Habana.

Somos las criaturas de la noche,
la sombra es nuestra luz y a la deriva
por un banco de algas y madréporas
aguardamos la muerte entre los cayos
cuando el viento estremece los manglares
y azota lujurioso a las palmeras.

No existe salvación en esta hora.

Pero mi corazón está en la Habana.

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viernes, 10 de agosto de 2018

La palabra secreta de Aquilino Duque

¡Qué maravilla la antología que sobre la poesía de Aquilino Duque ha preparado Juan Lamillar para Renacimiento en su colección de rayas!

Es un completo y exhaustivo recorrido, pleno de belleza, por una obra lírica rotunda como un templo romano y, como estos, destinada a perdurar más allá de los tiempos cubierta de laureles profundos.

Entre los dones que me ha concedido el ejercicio de la poesía no ha sido el menor el de haber podido entablar conversación con algunas de las voces más eminentes de nuestra Literatura. Entre estas voces se alza aquilinamente la voz de este Duque del Aljarafe que a sus muchos más de ochenta y vigorosos años mantiene su noble porte de Senador romano, de antes del Imperio.

No erramos al decir que su poesía está entre la más alta y honda escrita hoy en España, basta tomar el último poema del libro, escrito apenas las pasadas navidades para quedar subyugados por tanta belleza, la que un artista ciego, el torero Pepe Luis Vázquez, sujeto del poema, contempla en la niebla absoluta de su vejez.

Juan Lamillar ha seleccionado cronológicamente los textos, que parecen por su frescura recién escritos, pues su escenario de fondo es antiguo y presente: siempre la Andalucía de la eternidad o la Mittleleuropa de la alta cultura, con Roma como faro hacia el plus ultra.

La poesía de Aquilino participa de la profusión verbal de cántico, pero también de la exactitud grácil y angélical de la poesía popular y, sobre todo, del gran estilo del modernismo lírico europeo, es la suya una casa querida y admirada, de la estirpe de Bécquer, pero también de Zweig o, mejor, de Hoffmansthal.

A diferencia de lo que sucede con muchos líricos milennials, esta es una poesía con sustancia, a diferencia de lo que ocurre con muchos escribidores de acertijos místicos y verbales que no dicen nada bajo su corteza, esta es una poesía que se comprende y alcanza el corazón y la inteligencia de una vez, como una flecha, una saeta acaso.

Entre los escritores pocos complacientes con el poder del mundo y su sucursal principesca que son los medios de comunicación, los hay de dos especies, la de quienes dicen siempre la verdad y la de quienes, además, no se callan nunca la mentira, aunque su palabra política conspire contra su obra, quiero decir contra el reconocimiento fatuo de la misma que es el éxito literario. Esta es la razón por la que Aquilino Duque no ha recibido los honores que merece por derecho propio como los mejores de su generación.

Pero ser indiferente a la grandeza, en palabras de Chesterton, es la expresión más común de la mediocridad y así de mediocre es nuestro panorama que ha silenciado una poesía que sin embargo cantará siempre sola.

"Las cosas de Joaquín", se decía de Romero Murube, las cosas de Aquilino decimos equivocadamente los poetas de Sevilla cuando alguien nos afea alguna opinión política de nuestro autor que en otros no censurarían a diestra y, sobre todo, a siniestra. Sabe el maestro que no hay peor censura que la que uno mismo se aplica y que quien no se calla en la Polis tampoco tiene voto en el Parnaso, pero no le importa, porque las rentas de la modernidad solo traen desastres y alguien tiene que señalar la verdad de Agamenón, que la del porquero se esparce sola. 

Porque las cosas de Aquilino son estos poemas altos y verdaderos dichos con palabras secretas que ahora han vuelto a la luz.

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sábado, 4 de agosto de 2018

El eterno Morante


Morante camina por la plaza como caminaban acaso los toreros del siglo XIX, cuando el romanticismo despojó a la tauromaquia de la rudeza que recogen aún los aguafuertes de Goya y el toreo -¿también el flamenco?- se despojó de la brutalidad, de la bravuconería y la temeridad a favor de la gracia, la inteligencia y el valor sereno. Nace así el traje de torear, se ordena la lidia y se embellecen las plazas y se decanta una tauromaquia cada vez más fina que culmina en la figura más alta de todos los tiempos taurinos, Joselito el Gallo, un gitano de visaje melancólico y nobleza homérica que llegó a hablar el idioma de los toros y fue arrebatado por los dioses a la edad de veinticinco años en la Plaza de Talavera cuando la Macarena vistió de luto. 

Gallito es el espejo donde se miró Belmonte, como quien se asoma a un pozo insondable, para huir hacia su destino desesperado y Gallito es, casi un siglo después de su ausencia, todavía el gran afluente del que mana la armonía torera.

Esto pensaba, quiero decir que sentía, cuando Morante daba ayer inicio a su faena al cuarto de la tarde en la Plaza de Toros de Huelva. “Si os partiéredeis al alba/quedito pasito, amor/no espantéis al ruiseñor”, cantaba Lope de Vega y es así el paso de Morante, como lo fuera así el de aquel seise de San Bernardo, que se llamaba Pepe Luis, la misma fragilidad, la misma delicadeza.  Apenas sí levanta el albero de la plaza cuando camina y así, igual que hay gestos y movimientos consustanciales al idioma o la cultura, existe una cadencia en la expresión de este torero, propia de otro siglo. 

Sin prisas, sin aspavientos, sin velocidad ni fuerza: más bajo, más suave, más lento, se acerca pues  Morante a la cara del toro y es ya un hombre de otro época y a mí me parece que veo con los ojos del corazón a Joselito el Gallo y a los barcos de velas blancas que aún llegaban desde las costas y ríos de Huelva a las orillas del Guadalquivir. Sé, por los andares, que estoy en otro tiempo, un tiempo en que la vida, la muerte y la vida más allá de la muerte tenían otro significado y estaban enhebrados por un mismo hilo de oro. Un tiempo en que el ser y el estar, dentro y fuera de la plaza, eran una única cosa. 

Toma Morante la muleta o el capote y no para el tiempo, sino que es otro tiempo el que discurre. Otra época. Morante no torea, Morante acontece. Es verdad que esta transfiguración no sucede todos los días, pero es bueno que así sea o moriríamos extasiados de belleza, hundidos quizá en el terror de lo indiferente. 

Pero es verdad sí, ayer, a veces, como el arte, simplemente sucede (it just happens).

Y en ese instante alto de belleza convulsa, no es ninguna blasfemia estética comparar el toreo con una composición de Schubert o de Mozart, pues participan de la misma armonía. La que el corazón del hombre bueno acoge, porque le es revelada, de manera inmediata, sin explicaciones ni silogismos. 

Carece de sentido que yo explique lo que sentí cuando Morante tomó las banderillas como el ánima misma de Joselito, ¿y cómo explicar las lágrimas de mis ojos cuando la banda hizo sonar la banda el pasodoble Gallito, de alegría y melancolía vienesa, y nuestro torero dibujaba, pincelada a pincelada, como Monet, como Fantin-Latour, flores rojas sobre las crines y la testuz del toro, que era una luna galopando por el cielo?

Vimos a Morante lidiar al toro con la mirada, sin mover la muleta: le decía aquí te pones y el toro lo seguía hasta entregarse completo en la muerte, que fue instantánea o sublime. ¿Y cómo juzgar esto, la muerte del toro? Una muerte que es, que acontece, como expresión de amor, lo mismo que danzaban –eros/tánatos- Tristán e Isolda en el abismo de la más profunda noche existencial y erótica.

Y entonces, con la muerte y sin saber muy bien por qué ni cómo, todos salimos de aquel rapto, como Europa de los lomos de Zeus, padre de hombres y dioses. Y allí había quedado una obra imperecedera y fugaz temblando aún en su nada y en su todo y entendimos aquello que decía Lorca de que se vuelve de la inspiración como se regresa de un país extranjero.

NOTA BENE: Para que acontezca un milagro han de encadenarse muchas maravillas, una de ellas, y no menor, sino muy importante, fue la faena de David de Miranda al tercero de la tarde que antecedió al prodigio. En otro mundo y en otro terreno, fue plena de expresión, de valor, de sinceridad y también de amor a la profesión más difícil y bella del mundo por quien lo ha tenido todo cuesta arriba. Citó David por gaoneras como si el capote fueran las alas de un ángel y haciéndonos partícipes de ese misterio, abrió las puertas del tiempo para que retornara el mundo antiguo hasta la plaza.

JMJ, Morante de la Puebla a la verónica con el toro que abrió plaza (3-VIII-2018)

Completando el lance




Piedra lunar

Esta tarde daba el sol sobre la luna en el pleno azul del cielo, si uno se fijaba la esfericidad del astro era evidente por el juego de luces y sombras celestes y grises, parecía una gran piedra redonda, sobre los hombros de no se qué atlante.
Brillaba, pero no como brilla la luna en la noche, sino como lo hace una enorme roca de arenisca blanca o de piedra ostionera en un acantilado que se hunde o nace en el océano del cosmos.
Daba miedo verla suspendida en el aire, desafiando a la gravedad que le otorga la ingravidez.
Tenemos leyes y modelos que explican estas órbitas, ¿pero qué intenso rayo transparente qué inasible influencia enhebra la rotación de los cuerpos celestes?
Y no se cae.

Aracena

Algún día quiero contar mis recuerdos de infancia en Aracena, no hay un tesoro más preciado en la aljaba de mi corazón.
Como el Moguer de JRJ en su Huelva marinera, aquí fue para mí, en la sierra feraz y sobre la gruta milagrosa, la luz con el tiempo dentro.
Lo que pueda tener de andaluza mi alma procede naturalmente de mi madre, pero, sobre todo, de haber aprendido el nombre de las cosas en este pueblo blanco, antes que de haber abierto los ojos a la luz en Sevilla . Aquí, a mis seis y siete años, fui feliz sin interrupción y libre e inmortal.
Conocí las plantas, los animales y minerales y hasta creo que me enamoré, y fui correspondido, por primera vez, una lejana y única tarde de septiembre, en 1980.
Fue mía toda la vida en su esplendor y no hay un momento de dicha en que no recuerde aquellos días del paraíso perdido. Está bien que fuera aquí, en el Reino de Sevilla, pero ya casi en Extremadura, el resumen de una vida en lejano Oeste de todas las cosas.
Tardé muchos años en volver, pero desde hace unos años no falto a las fiestas de julio, algo ha quedado cincelado en el cerebro que me concede una alegría inmediata cuando piso este suelo sagrado.
No existe la tristeza aquí.
Y sin embargo, no había leído yo aún a Lorca cuando en estas rejas hondas y verdes comprendí la tragedia abisal de Andalucía, su amargura de chumberas y de muerte, y su alegría bulliciosa de cal y de sol.
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Gibraltar

Me recuerda, en fin, Gibraltar a algunas ciudades que todavía no conozco: Marsella, la Valeta, Génova... Pienso también en Santa Helena, en el Atlántico, por la cosa militar y británica, que no se entiende sin un Napoleón, gobernador o comodoro que administre este nido de espías, túneles y bunkers, perfumado por los fardos del tabaco, el vino y el ron.
Tropical y africana, sus alturas exceden los dominios humanos y pertenecen a Hércules, sus vistas son las de la bahía de Pompeya y Herculano que aquí se llaman Tarifa y Algeciras.
Yo comprendo que Joyce hiciera de Molly Bloom en el Ulysses ~que como todos he leído y no~ una gibraltareña, esa desesperación promiscua y concuspiciente sólo puede nacer de la angustiosa necesidad de huir de esta roca pelada, combatida por los vientos, y de un alma templada por la exuberancia carnal de su vegetación a nivel del mar: flores de hibisco rojo, lirios de Ciudad del Cabo, palmerales del Rif.
Hay, luego, esa melancolía portuguesa de todos los pueblos que bajan a comerciar y despiden con pañuelos la buenaventura que los deja en tierra, esa espuma blanca de la luz, que vela el continente africano, y que yo he visto en Lisboa y he soñado en Argel. Una tristeza honda a la que se podrían sumar dos o tres gotas de la guitarra algecireña de Paco de Lucía.
¿Británica? ¿Inglesa? No. Ni siquiera española. Las construcciones, más italianas que british, sí le conceden un aire exótico, internacional, pero los pueblos varados en los estrechos de la historia sólo se pertenecen así mismos.
Y por eso el llanito, mercader judío o moro o fenicio, te dice con conmovedor acento de la bahía después de envolver la colonia o el extravagante paquete de habanos "that's why a mí me funciona la cabeza".

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Confitería Rufino

(Aracena)

Sobre la repisa, de voluntariosa marquetería blanca, crecen pálidas rosas de madera y ramos verdes de hojas esmaltadas: componen la cándida celosía del azúcar, la filigrana de la miel. En los tarros de cristal traslúcido y verdoso hay caramelos de violeta y café con leche. El aplicado carpintero, artesano de la propia Sierra quizá o de Sevilla acaso, ha labrado una modesta capilla, un retablo art decó para este templete de canela y cidra. El aire es dulcísimo, huele a oblea, a bizcocho recién hecho, a magdalena de Proust. Ningún lugar más cosmopolita al sur del Guadiana que esta confitería de Rufino, transportada de Baden Baden, de Biarritz, a este rincón de la Sierra donde encargan los piononos, borrachos de almíbar, los marqueses de Aracena y donde Alfonso XIII se descubre la cabeza -pañuelo de moaré en la solapa, sombrero de canotier- y hace girar un bastoncillo de mimbre mientras, cigarros de París, lanza una larga voluta de humo que traza la melancólica espiral del mundo de ayer en las cristaleras en las que brilla el piñonate ámbar, cuya arbitraria forma es hermana de las estalactitas y estalagmitas de la gruta que, tras el café endulzado con azúcar de caña y el licor de marrón glacé, la comitiva real visitará.

Es aún aquí la Belle Époque, en el quiosco Austro-Húngaro del Paseo, la plaza mayor de Aracena, la pequeña banda municipal hace sonar un pasodoble y los terratenientes y ganaderos del pueblo se asoman a la vidriera de colores del casino, el acuario semicircular con cornisas de nata y tejado de zinc, ahora de teja y cerámica, que Aníbal González regaló a la villa que desde esa esquina redonda ve pasar la vida como una película muda de los años veinte. Bajo el arco naif del hierro verde forjado que abraza los cristales emplomados, cuando las piezas del ajedrez hacen chasquear las casillas de granito bruñido y se sirve el anís en mesitas de mármol, caoba y piel, pasan las sombras espectrales de los años felices: banderilleros de Belmonte, señoritas en bicicleta, ingleses a caballo, orondos curas de pueblo, negros como los bombones de chocolate suizo que pediremos al camarero junto a una botellita de agua de Seltz.

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En el FErry

Más o menos la anécdota es así: se arrodillaba Unamuno junto al Cristo de los Faroles en Córdoba y sus acompañantes, sorprendidos, le inquirieron, ¿pero, don Miguel, no era usted ateo? Me arrodillo ante la fe de estos hombres, fue su repuesta.
Hoy no he podido evitar emocionarme hasta las lágrimas cuando en el Ferry de vuelta un miembro de la tripulación ha echado una esterilla en medio del pasaje y mirando hacia el levante remoto de la Meca ha empezado a rezar y adorar a su gran Dios.
Ojalá tuviera yo una milésima parte de su fe: el hombre que cree en Dios firmemente se arrodilla ante algo más grande que sí mismo y no por miedo o superstición, sino por humildad, humildad que lo ensalza ante los hombres, tengan fe o no.

lunes, 16 de julio de 2018

Virgen del Carmen

Carmen, procede del árabe, del semítico, y significa jardín - y por eso los cármenes de Granada-; pero también un carmen es, en latín, un canto, un poema, como los Carmina Catulli o los Carmina Burana que musicó Carl Orff.
Buena fortuna la de este nombre que incorpora, además, el arquetipo femenino e indómito y, sobre todo, la de las vastas soledades del mar, que emerge también entre sus letras y que alumbra la Virgen que se yergue en el promontorio de los cuartetos de T. S. Eliot.
Mi abuela paterna se llamaba Carmen Áurea.
¿Y cómo no acordarse hoy, día del Carmen, de aquello que decían los antiguos griegos, es decir, los de ayer mismo? A saber " que hay tres clases de hombres: los vivos, los muertos y los que van por el mar."

lunes, 25 de junio de 2018

A Midsummer Night's Dream

Como anoche me quedé dormido leyendo a Shakespeare se ve que el bueno del duende Puck también untó mis párpados con el mágico jugo de la pasionaria y todo el día de hoy me ha parecido precioso. También dejó a mis pies este envío en forma de sonetillo que bien pudiera figurar como coda veraniega e inglesa a aquellas canciones alemanas que escribí por el invierno y que, somewhere, someday, se integrarán junto con toda mi poesía rimada, que tan poco estimo, pero tanto quiero, en mi "Cancionero consonante".

Como rosas del manzano
sobre la rama escogida
bajo la luz del verano
ha florecido mi vida.

Con la carne estremecida
por los misterios arcanos
pruebo la fruta prohibida
del corazón en la mano.

Ungido por la certeza
del sol que todo lo hechiza
y que arroja la tristeza

a la sombra que agoniza,
renazco de la ceniza
traspasado de belleza.

Joseph Noel Paton: Estudio para “La disputa entre Oberón y Titania” (1849)

viernes, 22 de junio de 2018

Teología política

En mi opinión la mayoría de las cuestiones que ahora pretenden resolver los estados a golpe de decreto ya habían sido resueltas satisfactoriamente por el Cristianismo.
A diferencia de la religión estatal frente a la que uno se puede escabullir o disimular, la ley divina ilumina hasta el último escondrijo del alma humana y ya tenía puestos vigilantes, policías y jueces donde ahora hay un vacío existencial, moral y legal.
Es natural que el siglo de las luces y sus posteriores manifestaciones revolucionarias renunciaran a una estructura política teológica, aunque hubiera funcionado razonablemente bien por varios siglos.
Pero ha sido un error cósmico abandonar los valores cristianos únicamente por evadirse del yugo eclesial.
Por más que los filósofos buenistas se empeñen es imposible articular una ética objetiva de aplicación universal si no está soportada por una comunidad de valores trascendentes.
Individualmente claro que es posible, pero como un proceso largo, costoso y de depuración intelectual que no es exigible al común.
No todos los ciudadanos son Marco Aurelio o Confucio que no obstante también serían una solución.
Si el paganismo abandonó la barbarie gracias al amor cristiano y la lucha de clases fue elevada sobre las grandes masas de comunistas utópicos devotos de Dickens, Tolstoi y Víctor Hugo, ¿en manos de quién nos hemos arrojado ahora que no hay brújula ni norte, y solo existe una ética social falsaria?
Muchas veces me acuerdo de lo que André Malraux, icono de la gauche divine y del conservadurismo republicano dijo acerca del siglo XXI, que sería religioso o no sería.
Y si la humanidad va mejor, porque en muchos aspectos es así, es porque aún no se ha evadido de ese humilde afán de servir a una causa más alta.
No sale a la vida pública, pero está ahí, como la institución familiar o la nación, que son sentimientos no legislables.
Pero en fin, el siglo XX tenía un problema con el sexto mandamiento ~y es verdad que es una cuestión por resolver~ y decidió dinamitar dos mil años de occidente para acabar creando un problema mayor y sin solución posible.
No me cabe duda de que al final de este proceso histórico se volverá la mirada al gran edificio cristiano y el hecho de que algún lector al leer esto se enfurezca y se vuelva del color del azufre no deja de ser una prueba a favor, pues largo, solitario y pesaroso es el camino que conduce a la Cruz.

La luz con el tiempo dentro

Yo estoy convencido de que, como decía Borges que había dicho Unamuno, el tiempo fluye hacia atrás.
En las viejas fotografías tenemos una evidencia clara, aunque amarilleen, nuestro rostro y el de nuestros seres queridos aparece cada vez más joven. Apenas nos reconocemos en el rostro que un día fue el nuestro.
Asi, nuestra vida discurre hacia el origen y según avanzamos contra la corriente del tiempo, vamos acumulando no las sucesiones de difunto de Quevedo, sino el presente total de Eliot.
Puedo cerrar los ojos y evocar cualquier instante de mi vida volver al tiempo recobrado y proustiano, pero no por un sortilegio del aroma o la memoria, sino porque todo el tiempo está enteramente dentro de nosotros.
Quien muere ha vivido eternamente, pues vivir tiene su amanecer y su noche y todos los días son un día. Morir es renunciar "aparentemente" a la conciencia, pero la circunstancia es la misma para el joven o el anciano, nadie ha vivido más, solo se vive, como el tiempo que es siempre presente hasta que ya no lo es.
Al dormir, incorporamos la vida al recuerdo, el tiempo al tiempo. Al despertar renacemos como un reloj en su hora. Por eso los sueños se olvidan, aunque al levantarnos nos parezcan recientes, son solo registros de tiempo apuntes de la fugacidad, mientras el cuerpo y el espíritu se sincronizan.
Sí, viajamos hacia el origen, hacia la muerte profunda en la que el haz y el envés se encuentren como las guardas de un libro que súbitamente se cierra.
En el trance de la muerte se opera la disolución del tiempo, no su victoria, cuando llegamos al manantial desde donde fluye la conciencia y quedan abolidas las categorías kantianas del espacio y el tiempo.
Fuera de la flecha que rige las horas, sentados al borde del surtidor misterioso, podremos contemplar nuestra vida como una sola y gran obra, y a la vez gozaremos de la plenitud de contemplar todas las vidas y toda la vida.
Y eso será la armonía y eso será la eternidad y eso será Dios.

Gardenia en flor, JMJ 21 junio 2018

jueves, 21 de junio de 2018

Corazón


Siempre los primeros días de curso las niñas y yo leemos Corazón antes de dormir, algún año incluso hemos llegado hasta casi la mitad porque los avatares de la vida cotidiana tuercen siempre los buenos propósitos.
Pocos libros llenaron tanto mi infancia como este, mi colegio en la ciudad antigua de Cáceres, acaso el suceso más importante de mi vida, era un trasunto del liceo de Turín del que nos habla Amici.
En el lejano San Antonio leí por primera vez estas historias dulces y tiernas que me enseñaron las probadas virtudes de la honradez, el sacrificio, la heroicidad y el compañerismo.
Qué importancia la de los maestros y profesores en la vida de un niño, qué profesión más grande y qué responsabilidad la de enseñar.
Hoy, que se acaba el colegio, hemos leído ya es una tradición, como todos los años el último capítulo que no puedo terminar sin lágrimas.
El patio de recreo se repite en cada centro de trabajo y no dejamos de ser niños, corred y abrazad a vuestros compañeros, pedid disculpas si os habéis enemistado antes de que llegue el verano arrasador.

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domingo, 17 de junio de 2018

En el Desguace

El viernes pasado durante el ibérico partido de fútbol saltamos a las ondas en el Desguace, el divertidísimo programa de Radio Betis. La presentadora titular, la influencer Marta G. Navarro, ha estado cediendo los trastos de presentador a su propio equipo en un curioso experimento radiofónico. El viernes le tocaba al poeta, rockero y hombre del Renacimiento, Jesús Beades quien me honró con su invitación para hablar de algunas maldades literarias y poéticas que podéis escuchar en el siguiente enlace, desde el minuto 37 30" en adelante, aunque haríais bien en escuchar el programa entero. Eso sí, absténganse feministas radicales y amantes de la corrección política.

Barbarizar es sano.


http://www.ivoox.com/capitulo-91-edicion-especial-jesus-beades-audios-mp3_rf_26577899_1.html

Manifiesto botánico


El colectivo de jardineros colgantes y regantes del bajo Guadalquivir quiere trasladar a la sociedad civil nuestro estupor y malestar ante el uso continuado y arbitrario de la frase, "es más probable que te mate un tiesto", por considerarla una falta de respeto que atenta contra la dignidad de la alfarería y nuestra propia labor hortícola. Tras muchos años de afrentas que se han intensificado durante los temporales de viento de la presente primavera es nuestro deber y voluntad manifestar lo siguiente:
1. Reclamamos de la sociedad un uso paritario del término que designa a la vasija que da cobijo a nuestras plantas y exigimos de la ciudadanía y los medios que a partir de ahora se refieran a "la maceta" en lugar del "tiesto", designación claramente heteropatriarcal y excluyente.
2. Las macetas contribuyen con su ornato a embellecer nuestro entorno y reciclar la atmósfera en una apuesta decidida por una economía sostenible y enfocada al autoconsumo.
3. No se ha registrado en la última década ninguna muerte por caída de maceta, en cambio todos asistimos a diario en los medios a numerosos accidentes provocados por las nuevas tecnologías capitalistas que deshumanizan la relación con la ciudadanía.
4. Está comprobado que la tenencia de macetas reduce el riesgo de cáncer como han evidenciado diversos estudios de prestigiosas universidades americanas.
La asociación de jardineros colgantes y regantes del bajo Guadalquivir emprenderá las acciones legales que estime oportunas y las acciones civiles de protestas que sean necesarias en defensa de sus macetas hasta erradicar esta lacra vergonzante que nuestro país no puede permitirse si quiere estar a la cabeza de la Unión Europea. La situación ha rebasado los límites tolerables como han atestiguado las denuncias de prestigiosos observadores y organismos internacionales. Exigimos una repuesta rápida del Gobierno de la Nación cuyos dirigentes deben estar a la altura de esta flagrante conculcación de los derechos macetarios y, si necesario, demandaremos la intervención extranjera y solicitaremos el amparo del tribunal de los derechos botánicos de Estrasburgo.
JMJ y alguna gardenia más

martes, 5 de junio de 2018

Una tragedia doméstica


Aunque tanto ella como él estaban casados no podían ocultar su amor clandestino que diariamente exhibían de modo febril y apasionado en el trabajo. Incluso en ocasiones ante sus propias parejas, quienes, sin embargo, restaban importancia a aquellos lances que consideraban gajes naturales de su oficio. De nada servía que sus compañeros les advirtieran todas las tarde del peligro que corrían. Audaces e inconscientes, la tragedia se cernía sobre ellos, día tras día ignoraban los avisos y cruzaban miradas intensas a la vista de todos, se repetían en voz alta palabras ardorosas y abrazos como guirnaldas de fuego que impresionaban muchísimo a quienes asistían al espectáculo de aquella pasión. Tanta intensidad no coartaba su rendimiento, antes al contrario, aquel escenario favorecía las ventas, que se incrementaron exponencialmente. Su éxito pronto se convirtió en la comidilla de la profesión por la que circulaban, de forma más o menos enmascarada, toda clase de críticas. El director estaba encantado, aunque en ocasiones tuviera que terciar ante las llamadas inquisitivas de sus cónyuges, no tanto por la cuestión amorosa, que como ya se ha dicho habían asumido con mímico estoicismo como para mitigar los reproches que les hacían por las muchas horas que aquella dedicación tan absorbente les consumía de su, por otro lado, feliz vida doméstica. Tenía muchas tablas y sabía cómo apaciguarlos: “esto es solo una racha y tenemos que aprovecharla, representan un éxito para la compañía, veréis que pronto os cansáis de tenerlos todo el día en casa, otra vez entre bastidores, tened un poco de paciencia”. Y no le faltaba razón, de forma paulatina, en unas pocas semanas, la gente dejó de prestar atención a aquellas escenitas. Ellos seguían sin disimular su cariño ante el mundo, pero aquello  ya no era novedad y la gente dejó caer un telón sobre el asunto. Se habían cansado de hablar de ellos y del papelón que habían hecho con su aventura que ahora a todos parecía demasiado cómica. En cuanto los ingresos se redujeron la compañía decidió cortar por lo sano aquella farsa y reponer otra, acaso una comedia salvaje, un musical o quizá mejor una obra existencialista, de tintes oscuros y detectivescos, que tanto éxito reportaban ahora a los otros teatros de la ciudad, porque aquella adaptación contemporánea de “Romeo y Julieta” de Shakespeare después de dos meses en cartel había dejado de funcionar y ya no traía público a la sala.




lunes, 4 de junio de 2018

I. U.


No deja de ser una tragedia de Shakespeare, a mí me recuerda la historia a “Match point” de Woody Allen, solo que la bola ha caído del lado de la cárcel.
En mi opinión es humanamente culpable, pero metafísicamente inocente, y me explico: de la mlsma forma que una persona humilde que ingresa en prisión nos puede inspirar piedad, pues su delito puede ser consecuencia ciega de su destino aciago, también nos debería inspirar piedad quien, favorecido aparentemente por los dioses, es arrastrado a una perdición fatal.
La opinión pública practica con mucha crueldad el linchamiento mediático, pero el principio famoso de Concepción Arenal "odia al delito y compadece al criminal" no debería excluir si bien se piensa a los poderosos.
Solo creo en la prisión como un mecanismo de protección en casos extremos o como una vía de reinserción, pero no como un modo de venganza, pues el descrédito social y la inhabilitación pública deberían ser penas suficientes - esto vale también para los del lazo amarillo que tuvieron la mala fortuna de que su jefe se fugara, pero que con un criterio moral y no legal, deberían estar en su casa, inhabilitados, pero en casa-.
Bueno, a lo que venía, no me parece justo, en el sentido divino de la palabra justo, que este Iñaki pague en la cárcel los desmanes de medio siglo de borboneo. Es una víctima de la fatalidad, como lo fue, y aún más gravemente, Isabel Pantoja, que pagó los platos de la fiesta rota por saber cantar.
En cualquier caso el rey y la reina de España tienen ahora una gran ocasión de mostrar a su pueblo su nobleza y su virtud yendo a ver a la cárcel a su familiar, sin preguntarse si había culpabilidad o no, pues bastante desgraciaí hay en ser preso. No lo podrán hacer o lo harán, estoy seguro, por persona interpuesta, es lo que tiene ser rey y no Rey, que obliga al gobierno a golpe de tweet.
En la medida en la que juzgues, serás juzgado dijo Aquel que anunció que quienes no fueran a la cárcel a visitarlo en la persona de cualquier preso serían arrojados al Geehnna, a la siniestra del Padre.
Pero ¡qué dices, insensato! , si esto ya no está de moda, y lo que rige al mundo es la moda y no la virtud.

viernes, 1 de junio de 2018

Bajo los granados en flor

            “¿Es el granado loco que brinca en la luz esparciendo su risa de frutos?”
                                       Odiseas Elytis, (“El granado loco”)



He olvidado mi vida si la tuve:
una explosión de júbilo naranja
ha trenzado en las ramas, franja a franja,
los pétalos y el cielo con las nubes.

Pasión del árbol la guirnalda sube
al ingrávido abismo de una zanja
de aire y luz cenital, etérea granja
de pájaros y abejas, yo retuve

en mis ojos el sol, y me hice enjambre,
vibración de lo azul, abismal onda
de penachos en flor, ascua y estambre,

fuego en las copas verdes y redondas
donde un ígneo fulgor sació mi hambre
de amor y eternidad bajo la fronda.

Sevilla, mañana del Corpus

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domingo, 20 de mayo de 2018

Al recibir una primera edición de los "Sonetos a Orfeo"

Con Lutgardo García 

Levanto la cubierta,
la cenefa de oro sobre el marbete verde
y la inscripción levemente Jugendstil,
como quien retirara
una losa de mármol cubierta por la yedra
de una tumba sagrada.

Acaricio las hojas,
huele a tierra mojada,
¿en qué jardín lejano, bajo qué madreselva,
oscura hilera de árboles, estatuas de silencio
y arriates de sombra o caminos de grava
cae ahora esta lluvia
que empapa el corazón?

Es otra vez la primavera,
el pájaro en la rama aterido de frío,
el último aguacero de las rosas
y las frutas del bosque en los labios de Orfeo,
antes que parta el tren que conduce a la noche
y hacia el fin de la Historia.

Las lágrimas del tiempo en los mapas de Europa
dejan llagas de bronce sobre el papel vencido,
recorro con mis dedos las huellas de la lluvia
y hago temblar la tinta de las liras del sueño.

Acuden a mis labios las voces de Alemania:
me han mirado a los ojos los ojos de los muertos,
los coros de los ángeles caídos.

No puedo soportar tanta belleza.

Vuelvo a poner la lápida en su fosa
y un murmullo de angustia se prensa en el vacío.
Recojo unas violetas y unas bayas de enebro
y las pongo a los pies de esta estela terrible.

¿Quién grita de lo hondo y no lo escucha nadie? 



 
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