domingo, 12 de enero de 2020

Milenial


(He titulado así la entrada porque hace justamente la número mil, doce años después de su fundación, en mi blog La Columna Toscana, pero también, claro, porque la limitación de la que hablo es resultado en parte de la gran pira que encendimos en internet hacia el año dos mil y es a los llamados mileniales a quien más angustiará con su desolación)

No somos lo que comemos, como se quiere ahora, sino lo que hablamos. De la abundancia del corazón habla la lengua dice el evangelista y también que no solo de pan vivía el hombre, etc. Persisten en nuestro lenguaje cotidiano remotos vestigios de una sociedad teocrática desmantelada y no resulta ni inusual ni anómalo escuchar todavía a un agnóstico o a un ateo demandar algo “por Dios”. Más como onomatopeya que como jaculatoria, claro. La lengua determina el pensamiento. Desde que los sembradores de la duda instilaron la zozobra en el corazón del hombre al tiempo que iluminaban sus oscuras cavernas con la lámpara empolvada del siglo de las luces, es imposible la fe ciega en lo trascendente. El cadáver lingüístico de lo sagrado fue luego apuñalado por los maestros de la sospecha con Nietzsche al frente y lo hemos terminado de incinerar entre todos en la gran pira de las redes digitales, aunque es indudable que antes las dos guerras mundiales ayudaron mucho.

El lenguaje de hoy es materialista, el idioma ha dejado de creer.

Antes de la edad de la razón hubiera sido prácticamente imposible encontrar un ateo entre el común de la gente: el lenguaje no lo permitía, como tampoco permitía concebir la inmensidad del universo en cuyas últimas fronteras abisales la luz y la materia combaten atrincheradas en los agujeros negros. El científico -el poeta- hace crecer el idioma, de modo que el avance no opera únicamente en el plano técnico sino muy específicamente en el lingüístico. Así, lo mismo que el siglo diecinueve no inventó el amor romántico y solo le puso nombre, el número de emociones que ahora podemos describir con una irisada escalera de matices es infinitamente mayor a las que podían designarse antes, pongo por caso, del Doctor Freud.

Esta ampliación del lenguaje, multiplicada en nuestro tiempo por la capacidad de las redes de suplir nuestra memoria o completar nuestras emociones con datos e imágenes, tiene su lado oscurísimo junto a sus claras ventajas: han crecido los síntomas del alma -o de lo que esta palabra ahora denote o incluso signifique. Nuestras herramientas para comprender el mundo, esto es, para nombrarlo como Adán, han ampliado nuestra capacidad cognitiva hasta límites nunca imaginado, pero también ha ampliado nuestra capacidad de enfermar, ha cebado un nuevo spleen.

De esta centralidad del lenguaje da cuenta la actual obsesión política por edificar un idioma inclusivo y establecer para cada suceso un “relato de los hechos” controlando el pajareo de las redes sociales, no tanto por escribir la historia, como por inyectar en el idioma una realidad consumada. Como la preponderancia del lenguaje visual y su carácter hipnótico ha anulado el discurso mental estamos más indefensos que nunca. Nos queda, pero solo a algunos, el escudo de la lectura, porque si somos lo que hablamos cuánto más no seremos lo que leemos.

Nestra ideas religiosas, filosóficas, morales o políticas están condicionadas por el lenguaje que hemos recibido de nuestro tiempo. Esta lengua materna es, ahora, en sí misma agnóstica y existencial, ha expulsado lo sagrado como ha expulsado a la muerte y banalizado el amor. La lengua dominante es el pensamiento dominante. Para elevarse por encima de esta identidad que en cada tiempo imponen las ideas de curso legal es para lo que se invoca a la poesía. La poesía detona (no denota) el lenguaje y la magnitud de la deflagración es o será siempre directamente proporcional al desarrollo y madurez de este. Los verdaderos poetas ensanchan el mundo, hablan en los límites del Cosmos que crece como crece su palabra.

Dios ha quedado apresado en las redes del idioma y aun cuando ahora dispongamos -de la ciencia a la filosofía– de una infinita colección de imágenes para describir y en consecuencia vislumbrar la divinidad, es inútil, no llegamos a ver, los dioses han huido, estamos cegados por un silencio verbal que ha desplazado lo sagrado fuera del pensamiento del hombre. Salvo en los vestigios arqueológicos nuestra lengua es agnóstica o atea, y ateos o agnósticos somos todos los que lo hablamos, querámoslo o no, incluso a pesar del corazón pascaliano -quiero decir humano- que se revela y esgrime las razones que no entiende la razón. ¿Qué podemos hacer si un soldado austriaco nos enseñó en las trincheras que de aquello de lo que no se puede hablar es mejor callar? Probablemente poco o tanto como simplemente cantar: cantar, agradecer o alabar alzándonos por encima del lenguaje demediado de la época sobre los hombros de cuatro milenios de ciencia y de poesía. Aquel esfuerzo de la mística por alcanzar a decir lo indecible debe ser retomado, hay que llevar el lenguaje más allá de la Puerta de Tannhäuser, más allá de Orión.

Imagen relacionada
Los Maestros de la Sospecha




sábado, 11 de enero de 2020

La despedida de los dioses

Aunque el de Bellas Artes tiene cuadros portentosos, el museo más bonito de Sevilla, por ubicación y contenido, es el Arqueológico, en el Parque de María Luisa de Sevilla.
Lo cierran pasado mañana, por tres años, así que hoy hemos corrido a despedirnos de las obras maestra que alberga.
Parece que se expondrán en Santa Inés temporalmente algunas de estas piezas y que está garantizada la restauración del precioso palacio de la Exposición Iberoamericana que todavía los custodia, cuestión que nunca estuvo clara.
De Itálica, de Écija, de las mismas calles de Sevilla, la historia de la civilización está entre estos muros.
Estoy muy unido a este museo, invitado por la Asociación de Amigos del Arqueológico aquí leí por primera vez mis poemas en público a la alta edad de mis 33 años (véase la leyenda de César y la estatua de Alejandro Magno).
Repetí en varias ocasiones, siempre me trataron con cariño y generosidad, así que no podía faltar hoy a la despedida de los dioses.
Con el tiempo incluso salió una publicación "Poemas en el Museo", que compilaba las lecturas de aquellos años.
Todavía tenéis mañana la oportunidad de admirarlos.

(Imágenes tomadas hoy)
No hay ninguna descripción de la foto disponible.La imagen puede contener: una o varias personasNo hay ninguna descripción de la foto disponible.La imagen puede contener: personas de pie
No hay ninguna descripción de la foto disponible.

viernes, 3 de enero de 2020

La Plaza del Diamante



La belleza de esta novela es devastadora. Avanza uno por sus páginas con el corazón encogido, temblando como un pichón, como una de las “colometas” que surcan el destino de su protagonista.

Es un misterio cómo llega uno a los libros ineludibles, siempre “se ha sabido” que esta novela era preciosa, pero creo que no se ha insistido lo suficiente -a mí al menos no me constaba- en la prodigiosa escritura que la sustenta, entre las más altas que haya uno leído nunca entre las letras hispánicas que incluyen, por supuesto, el catalán en que se escribió. Se dice que es la novela catalana más importante del siglo, no conozco en profundidad esta literatura, pero sí que esta obra va a figurar en la tríada preciosa que para mí conforman “Las Historias Naturales” de Joan Perucho y “Fortuny” de Pere Gimferrer, que curiosamente comparten con esta maravilla la escritura poética y simbólica.

Puede ser que la historia que se narra o acaso la serie de TVE, que yo no he visto, ocultaran con su trama -bendecida por el realismo social o socialista- la trascendencia de esta escritura máxima.

Siempre he defendido que la más alta poesía de nuestro tiempo, el siglo XX, se ha refugiado en la novela, “La plaza del diamante” es un hondísimo canto desde la más profunda entraña de una mujer -común en apariencia- pero cuya visión del mundo participa del extrañamiento de la lírica, como una Emily Dickinson proletaria.

El procedimiento del monólogo interior ha permitido desde el Ulises de Joyce que la visión trascendente de la realidad no sea privilegio de las élites, Molly Bloom en toda su sordidez habla con la lengua de Homero, y Natalia, “La colometa” de esta novela mira la realidad sensible con una profundidad y una hondura que necesariamente hay que vincular a las grandes corrientes de la poesía del siglo, aquí como en Wallace Stevens, “la lengua es un ojo”.

Empecé a leerla en Navidad y la terminé en Nochevieja, ya en este año, los trasiegos de las fiestas no me permitieron leerla de un tirón sino de dos o tres, pero he estado todas las fiestas encogido, compungido, sufriendo -más que en la realidad y he aquí el misterio de la literatura- por el destino de los protagonistas.

En esta conmoción influye como digo la forma de ser contada la historia, que a mí me ha recordado a Isaak Babel en cuyas novelas lo sórdido y lo cruel, lo puro y lo impuro conviven en armonía equilibrada, transformando en el alambique de la escritura las palabras en estiletes que se clavan a la vez en el corazón y la inteligencia.

He sabido luego que Mercé Rododera era lectora de Virginia Wolf, de los Dublineses de Joyce y de Proust, así se comprende la similitud con Babel que he señalado, pues todos estos autores escriben en un espacio simbólico, la historia y el lenguaje al servicio de una realidad más alta que, por este procedimiento, hace a lo escrito más verdadero, transformándolo en pura vida.

Gracias a Mercé Rododera he conocido de primera mano el dolor y la miseria moral de los vencidos de la Guerra en Barcelona, las angustias e ilusiones de los años anteriores al conflicto, la Cataluña republicana, fabril y anarquista. Y el miedo de la guerra y el dolor de los humillados y ofendidos: mucho de Dostoievsky -a quien nuestra autora leyó en profundidad- hay en esta pasión de pisos tristes, húmedos y sombríos.

Y todo con una sutileza y economía de medios fascinante, con una perspicacia psicológica en la transcripción de los sentimientos y relaciones humanas que nos conmueve e interpela: la desgracia de un matrimonio en que la opresión toma carta de naturaleza social y se hace más terrible cuanto menos son las vías de escape de la protagonista que huye, huye por la ascética vía espiritual de la belleza cotidiana, por el resquicio inmundo que apenas deja un patio de vecinos, una colcha bordada, un palomar.

Como no sabía mucho de Rododera he consultado su biografía y me parece claro ahora que “La plaza del Diamente” es una novela en clave, pues la autora, como la protagonista de la novela, se había casado jovencísima -y deslumbrada- con un tío carnal más de diez años mayor que ella, de quien hubo de divorciarse durante la guerra. En los años previos al conflicto se había preparado de modo autodidacta para alcanzar una autonomía económica e intelectual como escritora. La estabilidad final que encuentra "La colometa" en la ficción, recuerda a su propia estabilidad  emocional en el tiempo de redacción de la novela durante su segundo matrimonio. Esa piedad compartida entre dos personajes desvalidos que tanto nos conmueve al término del relato. Confirma esta suposición sobre el carácter parcialmente especular de la historia el hecho de que en los años en los que Mercé Rododera fue calibrando su escritura tuviera su "habitación propia" (Virginia Wolf) en un palomar azul…

Es lástima que la literatura haya desaparecido del centro de nuestra razón política y social, novelas como esta nos permiten conocer de primera mano el sufrimiento de los olvidados de la historia y mitigar las tentaciones a las que tanto se sucumbe últimamente en la esfera pública como es la falta de piedad y compasión con el dolor ajeno. Hay muchas novelas sobre la Guerra Civil, pero “La Plaza del Diamante” es única para conocer aquella noche triste que cayó sobre España cuando el egoísmo maniqueo arrojó a la hoguera todo nuestro amor.



domingo, 15 de diciembre de 2019

Niños al hombro

Jesús Cotta
Editorial Cypress

El día en que un antólogo libere a Jesús Cotta de su universo naïf, por otra parte personalísimo y legítimo, escogiendo los frutos más altos y hondos de su poesía se descubrirá a un poeta hímnicamente puro.
Embajador del gozo y la alegría, Jesús se embriaga de música y de vida con una sencillez y honestidad irreprochables, que sin embargo a veces conduce sus versos por un desfiladero en el que es difícil discernir la ingenuidad de la pureza.
Valgan como ejemplo de lo primero esta imponente "Oración a Lorca" o el metafísico "Nacer para siempre", que acompañan a esta nota.
A su lado los otros romances y coplas de su libro no son más que una orla, -preciosa para los amigos y los iniciados en su poesía- que acaso entorpezca una lectura pura y limpia para gran parte de la afición.
Como es poeta prolífico no tardaremos seguro en ver el fruto de esta decantación
Sirva esta entrada para saludar a la nueva editorial Cypress que comandada por José Luis Trullo, recientemente ascendido a comodoro de la poesía sevillana, acaba de estrenarse con esta entrega de Jesús y otra de Enrique Baltanás, "Esta sombra que fui".
Pequeños y manejables, apetitosos como un sandwich a media maña, los podéis comprar por 9 euros en Internet.

No hay ninguna descripción de la foto disponible.La imagen puede contener: textoLa imagen puede contener: texto

viernes, 13 de diciembre de 2019

En la Biblioteca de Sevilla leyendo poemas

En el siguiente enlace podéis descargaros la lectura en la Biblioteca de Sevilla, en el encuentro de poetas sevillanos, hay un poco de ruido al principio pero en seguida se escucha la clara voz de Ana Alvea.

Leo un poema de cada uno de mis libros y dos  de "Herbarios de Sombras"

https://drive.google.com/open?id=1EeNGaH5tP-103gPsY0kbFuOnTGtm69jR

En la fotografía de Pepe Morán con Javier Salvago y Ana Alvea.

Gracias a Cypress ediciones y a José Luis Trullo por su invitación.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Las berenjenas de Manuel Machado

“Con todas las de perder”  
[Poemas de Víctor Jiménez]

(Selección de José Luis Rodríquez Ojeda, prólogo de Antonio García Barbeito y collages de Juan Lamillar   )

Editorial: Libros de canto y  cuento.


Resultado de imagen de con todas las de perder

Que ningún verso es libre lo sabemos por T. S. Eliot, que la forma es el fondo -o viceversa- es una evidencia a la que pitagóricamente se accede por intuición natural. Tanto es así, que un mal soneto bien medido, lo primero que deja de ser es un soneto, por la misma razón que el haiku reclama para sí contemplación y sedas, lunas y batracios.

Quien cultiva una forma, además de salvar el mundo como aquel que cuida su jardín, como sabemos por Borges que dijo Voltaire, asume los mismos riesgos que un hortelano, pero con la desventaja de que no existe un seguro poético agrario, si la berenjena le sale grande o chica, ya no será berenjena.

Hay que tener un valor especial, quiero decir una maestría, para meterse en esos jardines y salir airoso como Parsifal del jardín de las flores-mujer de la enigmática Kundry, tentación pertinaz del poeta que habiendo empezado por comerse una cereza se come todo un cesto (como dicen que dijo Goethe acerca de las citas, imagínense si de berenjenas se trata).

En “Con todas las de perder” Víctor Jiménez ha templado su espada de triple filo en el molde arquetípico de la “Soleá” que no es un metro exclusivo de la fragua gitana, a la que siempre ha añadido, por otra parte, la oscuridad de su garganta bruta, sino una estrofa clásicamente castellana cuyo misterio reside en la hondura espectral de su asonancia, porque las soleares solo son buenas si llevan un fantasma dentro, en caso contrario no son más que tres hierros partidos:

Dejamos de darle cuerda
pero no se para nunca
el amor que se recuerda.

En más de cien soleares Víctor Jiménez ha encerrado en una calabozo de tres rejas los fantasmas de la memoria, del deseo, del desengaño, de la muerte y de la vida. Pero no ha entrado solo el poeta al jardín de Kundry, pocas soleares mejor acompañadas que esta, a la puerta de la cárcel del dolor ha ido a despedirlo Antonio García Barbeito y su prólogo medido, quiero decir, métrico, Bécquer al fondo y Juan Ramón. Su carcelero ha sido el poeta José Luis Rodríguez Ojeda, experto discernidor de los metales, maestro en señalar la falsa moneda, suya ha sido la elección de estos poemas verdaderos.

Como el espíritu maligno o benigno de cada soleá concurre en el libro la magistral tijera de Juan Lamillar que -mientras Rodríguez Ojeda atendía la poda-, zigzagueaba entre papeles de tres siglos, sobre todo de la Ilustración dieciochesca, para ilustrar con sus collages lo inexpresable. Así, en “Con todas las de perder”, no solo sentimos la presencia honda que nos conmueve en los versos de Víctor Jiménez, sino que somos partícipes visuales de una extrañeza, de una indecibilidad mágica, de un fantasma.

Contrapuesto el quejío ternario de Víctor Jiménez a estas imágenes que comparten la extrañeza metafísica de Chirico o de Magritte, reverbera más la hondura y la asonancia adopta nuevos significados: ¡qué raro es el jardín de la existencia! ¡Tenemos todas las de perder!

Ojalá fuera verdad:
la muerte, un punto y seguido
en vez del punto final

No le salían mejor las berenjenas con miel a Manuel Machado, a quien siempre hay que citar si de la soleá se trata, aunque sea en el punto final.


lunes, 9 de diciembre de 2019

El canto continuo (II)

Fragmento segundo.

En las terrazas.

Subid a las terrazas,
por las gradas de piedra que desciñen
el sudario del mar, por la blancura
del hondo pasadizo flanqueado de adelfas
y de antorchas que alumbran la sangre de los bueyes
-címbalos, sistros, cítaras de oro-
hacia la noche ciega, oscura como brea, 
que cae sobre los hombros del mundo
como una inmensa túnica tejida en sombra y sueño.


Aquí arden los astros, resplandecen
los planetas errantes, los cometas,
las estrellas de fuego y de van gogh,
pero no hay periscopio que se asome al abismo,
otros mundos nos miran, los miramos,
y el viento solar sopla y agita estos bancales,
remueve la humareda lenta del sacrificio,
pero seguimos ciegos a los ojos del dios.


Y en cada promontorio,
zigurat o pirámide, acrópolis de luna,
existe un hombre sabio, Aristarco o Platón,
que consigna la estela de esta luz cavernaria.
Gira el viento del ser, la geometría,
que es también la música y el tiempo
y recoge Lucrecio en su cedazo cósmico
los átomos, los átomos, los átomos.

Framento pimero aquí:

Resultado de imagen de cnosos
Frescos de Cnosos 

Neptuno el Místico, (Gustav Holst, Los planetas)

sábado, 7 de diciembre de 2019

Gracias, Mr. Stanley

De niño imaginaba que en el momento de ir a la cama se abrían las puertas de nuestro gran cine interior. El maravilloso o terrorífico espectáculo del sueño era la única compensación por el cese o suspensión de una actividad, vivir, que uno no querría que se acabara nunca.
Lo que no me había sucedido -hasta hoy mismo- es que mis sueños tuviera un director conocido, el caso es que fruto de mis visionados y lecturas recientes, mi sueño de esta noche lo había rodado Kubrick.
Las imágenes denotaban una inusitada perfección, propia de la maestría -qué cielos azules fríos y purísiimos, qué sol de nieve y luz-, pero la posible duda se despejó porque a diferencia de la mayor parte de los sueños, en esta ocasión me esperé a ver los títulos de crédito.
Y ahí, antes del gran fundido y despertar final, bien claro y luminoso lo ponía.

La imagen puede contener: texto

viernes, 29 de noviembre de 2019

En la Academia de Écija

En este enlace podéis escuchar la presentación y lectura de poemas realizada en la Real Academia Vélez de Guevara de Écija con motivo de la presentación de "Herbario de Sombras".

https://www.ivoox.com/presentacion-del-libro-herbario-sombras-audios-mp3_rf_44895325_1.html

La imagen puede contener: José María Jurado, sonriendo, de pie y exterior
Anoche en la Academia Ecijana

jueves, 14 de noviembre de 2019

JOAQUÍN ROMERO MURUBE: POETA EN VERSO Y PROSA



Palabras pronunciadas con motivo del 50 Aniversario de la Muerte de Romero Murube pronunciadas ayer día 14 en la mesa redonda titulada "Verso y prosa de Romero Murube" dentro del ciclo organizado por la Casa de los Poetas, los días 14, 15 y 16 de noviembre y que continúa esta tarde en la Calle Becas a las 19.00h.


Recóndita armonía: como un jardín secreto, pero no escondido, con la cancela cubierta de verdina, pero abierta para todos, donde crece el arrayán y mueren los jazmines bajo la sombra apasionada de los limoneros; como una calle clara y recta, paralela al río, apenas transitada, pero que no olvida su nombre por la que no discurre nunca la mentira; como la alta esquila, que lejos y en la mano, hace temblar la vieja espadaña y es el alma de bronce de algún cielo perdido; como la plaza de un pueblo lejano, muy lejano, surcado por las voces de cristal de los niños que aún juegan al toro en las esquinas de acero; como el esquivo pasadizo de la Alcazaba donde una guitarra llora la canción de la tierra y que lleva a lo alto la firma cerámica de su amante andaluz; así los versos y la prosa de Joaquín Romero Murube, hechos de vagas evanescencias e iridiscentes divagaciones, parecen querer escurrírsenos de las manos, como se desvanece el agua del estanque entre los dedos o la suprema luz de la cal silenciosa, dejando siempre en el espíritu una reverberación que fuera el inasible trasunto de la gracia, de la ideal ciudad de la gracia que él hubiera acogido como único presente de aquel rey mago que fuera José María Izquierdo.
Yo creo que Romero Murube fue siempre más poeta en la prosa que en el verso, aun cuando en su poesía en verso hay momentos altísimos, era nuestro autor tan consciente de sus recursos expresivos que no quiso aventurarse por los caminos que había alumbrado Federico García Lorca con la surrealista y existencial antorcha de la estatua de la libertad. Emir de la Alhambra el uno y sultán del Alcázar el otro, compartían un tronco común de dos raíces distintas (oscura y dionisíaca la de Lorca, clara y apolínea la de Joaquín). La poesía de Romero Murube pertenece, en la feliz expresión de Fernando Ortiz, a la estirpe de Bécquer, la de la mejor tradición poética sevillana o andaluza, quiero decir española (Herrera, Rioja, Arguijo), la que atravesando un barroco de suntuosas postrimerías y un renacimiento de claros resplandores ultramarinos entronca con la poesía clásica de Grecia y de Roma, y que con un mágico y villalonesco toque de varita podríamos remontar aún más hasta la Árgonida atlante.
La prosa de nuestro poeta que no es nunca poesía en prosa sino una melodía infinita que fuera la canción de la luz de la ciudad, toma prestado su dinamismo de la arábiga silueta de Juan Ramón Jiménez a quien debe nuestro autor su ligereza, su ausencia de retórica y que junto con la escritura taraceada de Gabriel Miró y la puntillista de Azorín, le concedieron esa pulsión inconfundible, esa aproximación sucesiva a un enigma que nunca se llega a elucidar. Alejado por temperamento de las modas poéticas que se imponen tras la Guerra Civil es comprensible que en aquellos años, tras la publicación de Tierra y Canción en el 48, abandonara el verso, nunca la poesía, pues, con la excepción ebria de Claudio Rodríguez eran tiempos aquellos en los que campaba por sus respetos la olvidable poesía social.
Como comprensible o predecible era que aquel cantor elegíaco volviera como las ánades de las marismas a visitar las azoteas de su “Pueblo lejano” cuya profundidad de campo es en ciertos aspectos más honda que la de un Ocnos o un Platero. Se ha señalado el carácter proustiano o evocador de esta obra a la que Romero Murube incorpora, me parece, una visión más naturalista, sin llegar a ser cruda, pero que hace al libro no solo más verosímil sino más verdadero.
Si en palabras de Miguel García-Posada la obra de Romero Murube “ha resistido hasta ahora los sagaces venenos del olvido que Sevilla sabe administrar en dosis magistrales”, es porque construyó una Sevilla ideal, no idealizada, y es importante hacer énfasis en este agudísimo filo de la navaja por donde se despeña siempre la inflada levadura de sus casticísimos emuladores. Si Juan Ramón Jimenez fue el andaluz universal, ¿puede existir una Sevilla universal? No hay sin embargo una respuesta única, para este dilema de la ciudad de Sevilla como tema literario.
He mencionado los títulos principales de Joaquín Romero Murube, salvo uno, el que llevaba siempre en los labios, esa teoría inefable de la ciudad basada en la luz y que como toda la luz se le escapaba de las manos, porque es imposible retenerla, esa Sevilla que a estas altura del siglo ya no existe, si acaso alguna vez existió, pero que es el personaje único de su literatura. Mientras las hordas de turistas de destrucción masiva no terminen de arrasar a la ciudad real, la ciudad ideal de Joaquín Romero Murube seguirá siendo su trasunto fiel en el cielo agiraldado de la literatura y cuando acaso desaparezca en la tierra, aún perdurará en los labios de quienes la amamos tanto como él nos enseñó amarla en verso y prosa, porque tal vez y como dijo en ese libro único “Sevilla no sea sino esta arquitectura de imprecisiones en el alma”.

La imagen puede contener: 4 personas, incluidos Eva Díaz Pérez y José María Jurado, personas sonriendo, personas sentadas
Fotografía de Ana Recio Mir, de izquierda a derecha Juan Lamillar, Eva Díaz Pérez, Jacobo Cortines y José María Jurado

lunes, 11 de noviembre de 2019

Los resultados


Aunque se empeñe ELPAÍS cuesta creer que en España hayan surgido de la noche a la mañana más de tres millones de ultraderechistas considerando que, cuando aún estaban prácticamente en el poder, apenas sacaban un diputado por Madrid.
En todo caso ese dudoso honor correspondería no a Santiago Abascal sino a Pedro Sánchez y su mal cálculo político que entre la inacción en Cataluña y las pompas funerarias ha desenterrado el hacha de la discordia.
Tiene esto muy mal arreglo por no decir ninguno, por la izquierda porque es imposible que se pongan de acuerdo, no lo han hecho antes y no lo hicieron ni para ganar la guerra, es imposible -imposible- que aprueben una ley o saquen adelante unos presupuestos.
La derecha solo es mayoría en España cuando existe una alta abstención o cuando se incorpora -que va a ser que no- al nacionalismo burgués vasco y catalán.
La responsabilidad política y de gobierno debe atender primero a la convivencia y al cumplimiento de la ley, gobernando para todos, luego a las razones económicas y solo en último lugar las ideológicas, pero los sucesivos gobiernos que hemos padecido se han desentendido del particular: la derecha gestionó la crisis con mucho sufrimiento para los más desfavorecidos y una importante dosis de amoralidad financiera y la izquierda se ha dedicado a la ingeniería social mientras viaja en Falcón y se abraza a Merkel.
Y todo no es sino el reflejo de lo que somos, basta ver cómo los medios se han lanzado hoy como buitres sobre el cadáver de Rivera, y eso que ha dimitido. Así es el día a día en España, por lo que no ha de extrañar que quien triunfe aquí, conquiste el mundo si se empeña.
Ahora imaginen este escenario estando al mando las generaciones mileniales, el sueño de la razón engendra monstruos y cada día que pasa se sigue hundiendo la Educación, única prioridad nacional, único ámbito en el que, frente a la nueva economía mundial, todavía los gobiernos pueden hacer algo.
Pero no.

domingo, 3 de noviembre de 2019

viernes, 25 de octubre de 2019

La primera impresión

"Herbario de sombras" en el blog de Antonio Rivero Taravillo

https://fuegoconnieve.blogspot.com/2019/10/lozana-luz.html?fbclid=IwAR0ukNmeDYSkS6qQWteF__WODYVfeEykMaZVCj1nv2P-13Sj6AvoOW-HYUM

Gracias, Antonio.

En Viñamarina

"Herbario de sombras" en el blog de Aquilino Duque.

http://vinamarina.blogspot.com/2019/10/lo-eterno-en-lo-fugaz.html

viernes, 11 de octubre de 2019

Presentación de Herbario de Sombras (audio)

Las intervenciones de David Cruz, Marta G. Navarro, Lutgardo García y JMJ en el enlace siguiente de apenas cincuenta minutos de duración.

https://drive.google.com/file/d/18KBOnwvRSr7Slaim2Sekv74VpUPnR-8s/view

La imagen puede contener: 4 personas, incluidos Marta G. Navarro y José María Jurado, personas sentadas

viernes, 4 de octubre de 2019

Herbario de sombras

"Herbario de sombras" 
50 poemas de José María Jurado García-Posada.

Editorial: Los papeles del sitio
Tamaño: 24x16cm
Páginas: 91
Rústica cosida con sobrecubierta


Pedidos: 

herbariodesombras@gmail.com


PVP: 16€ +2€ de gastos de envío.

OFERTA: Herbario de Sombras + Gusanos de Seda PVP 25€  (gastos de envío incluido)

(Pago por transferencia tras confirmación del pedido en el correo-e)

jueves, 3 de octubre de 2019

Ja sóc aquí

No hay ninguna descripción de la foto disponible.

martes, 1 de octubre de 2019

Presentación de "Herbario de Sombras"

El poeta Lutgardo Garcia, la periodista, influencer y compañera radiofónica Marta G. Navarro y nuestro decano David Cruz-Guzmán Alcalá, me han concedido el honor de apadrinar la presentación en sociedad de "Herbario de Sombras".
No te puedes perder este triunvirato de estrellas.
La cita es el próximo MIÉRCOLES 9 de octubre en la sede del Comunicación Coitaoc Asitano, Calle Presidente Cárdenas, 8. Lc.4 Bajo, en Sevilla.
Que no te dé miedo el lugar, la sede del colegio está en un bajo, justo al otro lado del parque de la Pirotecnia, enfrente de la Casa del Libro de Viapol. Además de conocer la sede de un colectivo profesional en la vanguardia tecnológica, sin duda te ha de costar menos llegar que al centro. Puedes aparcar fácilmente o venir en metro, tranvía o tren hasta San Bernardo.
Recuerda asimismo lo que en otras ocasiones te ha costado encontrar mis libros y no dejes escapar esta oportunidad casi única. Llevaré también "Gusanos de Seda", por si quieres criarlos este curso que empieza, siempre a cambio de verde morera, claro.

Mil gracias por tu tiempo.
Recibe un abrazo.
JMJ
PS: Si estás interesado/a en la adquisición del libro y no puedes acudir a la presentación contáctame por correo electrónico o messenger y te indicaré cómo puedes hacerte con él.

La imagen puede contener: Lutgardo Garcia, primer plano y exterior
La imagen puede contener: una persona, sonriendo, de pie y de traje
La imagen puede contener: Marta G. Navarro, selfie y primer plano

domingo, 22 de septiembre de 2019

El Canto Continuo

Fragmento primero

Primero cantó el mar,
  rugía
la espuma en cada golpe de la roca,
y las olas rompían en mi pecho
atragantado de agua y sol,
zarandeado,
desfondado en los bancos dorados de la arena
como crestas de nieve y sal cristalizada.
Velados por  la luna habían vagado
mis ojos por inmensas llanuras de azul plata
sin vislumbrar apenas las praderas,
de rizomas finísimos, los bosques
de sumergidas algas que ascendían
a la potente luz del día nuevo.
Ahora, abiertos por fin a la conciencia,
contemplan ya la costa bajo el fuego
azulado del cielo y aire ardiente.

Primero cantó el mar,
¡Homero!

Y está la nave cóncava, ungida con aceite
posada ante mis ojos, brillan,
las corazas de bronce, los penachos,
las cuadernas de roble, las velas amuradas.

Primero cantó el mar, Homero, Homero.


Imagen relacionada
<<Ulises y las sirenas>>, John Waterhouse


<<Sirenas>>, Debussy
 
/* Use this with templates/template-twocol.html */