jueves, 6 de diciembre de 2018

Catalina mía

 (Manuel Vallejo, 1926)


                                      Para Federico Calderón

Existen dos especies de belleza:
la belleza apolínea,
la que emana del logos y del número
-Mozart de camino a Praga en un carro de oro-
y la belleza convulsa
que emerge de la tribu
como un diamante bruto.

Ambas nos hieren, pero cuando se unen
nos hieren de una forma más profunda,
semejante a la muerte.

Ya la memoria me trae cosas que estoy olvidando.

Y es ahora, de pronto, el viaje de invierno,
en la niebla y la nieve Franz Schubert está solo,
hace cantar al viejo organillero.

Drüben hinterm Dorfe steht ein Leiermann

Y es ahora Vallejo, -¡Vallejo! -
la Niña de los Peines y un café de Sevilla,
ponme la mano aquí, Catalina mía.
la niebla del cigarro y la desolación.
que la tienes fría,
ponme la mano aquí.

Manuel Vallejo, (Sevilla, 15 de octubre de 1891-7 de agosto de 1960),



Manuel Vallejo, Catalina, tangos arrumbaos (1926)



Der Leiermann (Viaje de Invierno, F. Schubert)



jueves, 29 de noviembre de 2018

Toro en el campo


La del alba sería, la primera
madrugada de enero,
salíme al campo a ver
la gran rueda del cielo.

Sobre el paisaje plácido y sencillo
verdecían las matas de romero,
la hierbabuena y el tomillo.

En el aire tronaban los disparos,
las voces de alambique y los lebreles
del cazador lejano.

(Como violines de Viena
los rifles afinados:
 “¡Vente al Alosno, niña,
vente temprano!”).

Despacio, muy despacio
yo caminaba
hacia la plenitud del año.

De pronto,
en mitad del camino de las vides,
el mundo se hizo hondo,
semejante a la noche
triste y silencioso.

Vaharadas de niebla y de penumbra,
solo yo vi pasar al toro.


Trigueros (Huelva), mayo de 2016.
Hijos de Celestino Cuadri (JMJ)




Rocío Márquez y Manuel Herrera / Fandangos de Huelva

jueves, 15 de noviembre de 2018

Todas las primaveras


Doy, prácticamente sin corregir, las palabras que antecedieron al recital de ayer, cuyo audio podéis descargar en este enlace:



He querido empezar con unos versos que no son míos, pero que, sin embargo, son más míos que cualquiera otros que yo hubiera podido escribir o escriba nunca.  Son lo de mi abuelo Miguel García Posada a quien no tuve la dicha de conocer pues un trágico accidente segó su vida al filo de los cincuenta años. Para quienes creemos que la muerte no es el final, las categorías kantianas del tiempo y el espacio carecen de sentido y yo sé que él está sentado aquí junto a nosotros y es quien más orgulloso se siente de que yo hoy me halle en el Valle.

Gracias a la Hermandad del Valle, gracias Honorio, gracias Rafael.

Quiero tener un recuerdo muy especial hacia vuestro hermano, el poeta Manuel Lozano que nos dejó en junio, y a quien pude conocer en la primera sesión del Aula, cuando mi querido Lutgardo García Diaz inauguro esta preciosa iniciativa de confirmar, lo que por otro lado siempre hemos sabido los letraheridos sevillanos, el enorme peso específico y el caudal literario que junto al patrimonio emocional, devocional y artístico, por ese orden, arrastra la semana Santa de Sevilla.

Manuel me habló de mi abuelo, como si acabara de saludarlo en su tertulia del Rinconcillo, recuerdo que había en su mirada la paz y la dulzura de los cofrades antiguos. ¡Qué entusiamo ponía con sus muchos más de noventa años en este aula!

Manuel, estoy seguro de que el largo amor que en tu larga y fecunda vida tuviste a tu Hermandad y a todas las hermandades de Sevilla te habrá guiado desde este Valle de lágrimas hacia los ojos purísimos y llenos de amor de tu Virgen del Valle.

El descubrimiento de la Semana Santa de Sevilla constituye, después de mi bautizo, el hecho capital de mi vida.

A la Semana Santa de Sevilla debo yo mi vocación literaria, la decisión, más bien la pasión o la locura, de haber vivido aquí hace desde hace más de veinte años y -en segunda derivada- que son las importantes, porque resuelven las incógnitas, los renglones en los que Dios va escribiendo derecho, el conocimiento de mi mujer Rocío y aun el nacimiento de mis hijas, Inés y Paloma, una a cada lado del río.

Yo nací en Sevilla, en 1974, pero abandoné muy pronto la ciudad, tan pronto como en 1978. Quiero creer, sin embargo, que el incienso inhalado en aquellas primaveras casi embrionarias fue tan definitivo que se amasó con mi sangre y me dejó enganchado de por vida a la Semana Santa.

Tengo recuerdos sevillanos, guardo una Sevilla del buen recuerdo, cuando un niño cambia mucho de ciudad, recuerda mucho más y desde bien pequeño agavillé esas primeras postales como un precioso tesoro. Así, uno de las primeras imágenes de mi vida es la de una tarde de Jueves Santo, yo cruzaba el centro de la ciudad con mi madre y  un nazareno de antifaz morado me daba un caramelo. Siempre he querido pensar que aquel nazareno lo era del Valle, por eso ahora me hace tan feliz corresponder a ese primer óbolo que me dio carta de naturaleza cofrade con esta lectura.

Por cierto, que yo llegué a conocer personalmente a Rafael Montesinos en una lóbrega noche de noviembre, en un recital de poesía en el Colegio Mayor Nuestra Señora de África, al filo de las once de la noche, tendría yo apenas veinte años, escuché por primera vez de viva voz los versos del Rito y la Regla.

Y silencioso y sin hablar con nadie,

el nazareno escogerá el camino
más corto...


Antes, y por mediación de mi tío Miguel García-Posada, de quien luego hablaré había compartido un refresco con este hombre menudo, grave, cabal y silencioso,  que crecía de nostalgias al recitar sus poemas.

En ese momento y a esa tempranísima edad de los cuatro años se extingue todo mi contacto físico con la Semana Santa de Sevilla: Madrid, Cáceres, Aracena, nuevamente Cáceres por más de diez años y finalmente Madrid me apartaron de Sevilla, pero no obstante mi casa era sevillana, muy sevillana y cofrade por parte de mi madre.

Hablaba de mi nivel pediátrico de incienso en sangre, pero en mi sangre por vía umbilical, ya corría un torrente de cera y nazarenos. Mi educación sentimental fue como la de esos irlandeses exiliados en los que la matriarca va cultivando en sus repollos una nostalgia de verdes valles y colinas rojas, de forma que como John Ford podría decir y nunca mejor dicho hoy aquí en la Aunciación: “ ¡Qué morado era mi valle!”

La cultivada y siempre presente nostalgia de mi abuelo Miguel, pregonero de la Semana Santa en 1954 y autor de un libro hermosísimo como “Facetas cofradieras”, autor también de la profesión de fe de nuestra Hermandade de la Soledad (“no nos dejes nunca, ni ahora ni en el trance supremo de la muerte”), me marcó definitivamente. No recuerdo ninguna Semana Santa en el exilio en que mi madre no nos recitara el fragmento que en su pregón dedicara al Valle, amparados al dulzor de unas torrijas desterradas.  Mi abuela, su mujer, Enriqueta Huelva había sido camarera del Calvario, la que apareció en una portada del ABC nacional un domingo de Ramos de posguerra, como recientemente ha recordado Carlos Colón en un artículo dedicado al que fuera hermano mayor del Calvario, Manuel Huelva, también pariente mío, pues era hijo de mi tío abuelo Joaquín, hermano de Enriqueta, célebre, como recogen los diccionarios cofrades por haber patentado un método de clasificación de las cofradías y por haber designado a la Virgen del Dulce Nombre como la gracia de Sevilla bajo palio.

No tuve sin embargo y hasta los dieciséis años ninguna otra experiencia ni directa ni indirecta de la Semana Santa de Sevilla más allá de estas memorias maternas,  carecía, por otra parte de cualquier otra experiencia cofrade extracomunitaria, recuerdo que en Cáceres apenas salía a ver las procesiones y acaso lo hiciera con desgana, prefería irme a un campamento franciscano a celebrar la Cuaresma Postconciliar.

En el año 1991, apenas a los trece de su edad, enfermó mortalmente mi dulce prima Luisa María, a quien siempre tengo en el corazón cuando pienso en mi amor por la Semana Santa: la hermana de mi madre, mi madrina, mi tía Luisa, quiso que yo compartiera con ellos, con ella y con mi primo, Ángel García-Posada -el prestigioso arquitecto, profesor y ensayista-, aquellos días mayores en los que el mayor dolor y traspaso cedió su paso al amor, porque entre todos supimos hacer blanca cera y dulce miel de aquel dolor hondísimo.

Así, y aunque me costara muchísimo, renuncié para siempre a los franciscanos, (¡y qué descubrimiento no sería para mí el de la Hermandad del Buen Fin donde aún sigo viendo profesores pues Cáceres y Sevilla formaban parte de la misma provincia bética!) y el 25 de marzo de 1991 ocupaba por primera vez una silla en la Avenida, que no es ciertamente el lugar más recomendable para ver las cofradías, pero sí el más, cómo decirlo, sevillano, es la palabra.

El ecosistema de las sillas ha dejado una impronta perdurable en mi formación cofrade y es muy probable que sea la carrera oficial y su rancio abolengo la que expida carta de naturaleza hispalense, pues no hay mayor unanimidad y uniformidad sociológica que la que corresponde a cada tramo entre la Campana y la Catedral.

Recuerdo que cuando, ya de retirada y  pasadas con mucho las doce de la madrugada, porque entonces no importaban tanto los retrasos como ahora, digo que recuerdo que cuando se me apareció el Cristo del Amor, imponente, en toda su majestad y su ternura en la Plaza de San Francisco, yo caí rendido para siempre, como San Pablo camino de Damasco.

En ese instante cambió mi vida. ¿Con qué podría compararlo? Muchas veces he pensado que quienes habéis vivido en contacto con esta realidad durante toda vuestra infancia y adolescencia no seáis acaso plenamente consciente de lo que es realmente la Semana Santa de Sevilla.

Leo de mi libro CÚPULAS Y CAPITELES:

El día de la Ascensión Venecia revivía sus esponsales con el mar, desde la proa del bucentauro el Dogo arrojaba al Adriático dos anillos de oro consagrados: “Desponsamus te, mare. In signum veri perpetuique domini.”

En algún lugar de la obra de Ovidio se relata la fiesta de la Palilia: cada veintiuno de abril los niños de Roma subían al monte Palatino para conmemorar la fundación de la ciudad, llevaban corderos sobre los que caía una lluvia de pétalos de rosas que luego eran sacrificados a los dioses eternos.

Durante las fiestas de las Panateneas las canéforas subían a la Acrópolis para vestir a la diosa Atenea con el peplo sagrado tejido por las mujeres de la ciudad a lo largo del año, los ancianos subían con ramas de olivo, los jóvenes guerreros iban detrás con sus armaduras. La procesión está esculpida con detalle en los frisos del Partenón.

Sevilla es otra Atenas y otra Roma y otra Venecia bajo las nubes de incienso y de azahar que velan los ojos con los que el hombre se asoma al abismo trágico de su existencia.
Pero detrás de las nubes está la mirada intensa de Dios .

Como expresión religiosa la ciudad es una nueva Jerusalén, como expresión artística es la obra de arte total, tan romántica como barroca, tan wagneriana como chopiniana en sus excesos y en su suprema elegancia. Como los Festpieles suizos de los que nos hablaba Borges en su tema del traidor y del héroe donde toda la población desempeña un papel.

Hacia el miércoles santo de esa Semana Santa primitiva (esto quiere decir lo de primitiva cofradía de nazarenos)  y según su costumbre vino desde Madrid mi tío Miguel García Posada, el memorialista,  poeta y crítico literario. La ciudad aún debe un homenaje a uno de los hijos que más la ha amado y que ha escrito algunas de las más bellas páginas dedicadas a nuestra fiesta mayor, pienso en esa tercera del ABC el Gran Poder, el Gran Esfuerzo o aquella columna suya sobre la Mortaja nada menos que en EL PAÍS, “porque todos los progres de Madrid, cuando vienen a mi casa desfilan ante la Macarena” o la preciosa recreación del mundo de ayer en su libro de memorias “La Quencia”, donde comparecen Romero Murube o Antonio Rodríguez Buzón. Miguel figura en la fotografía del estreno del paso de la Soledad junto a Joaquín y mi abuelo, murió con el corazón puesto en la Macarena, su única esperanza, la última vez que lo vi, solo quiso decirme estos versos tan inconexos, como terribles:


“La Macarena sale para bendecir a sus muertos, cuando yo era niño yo iba a verla pasar y la llevaba el gran Alfonso Borrero con su voz de cómitre profundo que parecía recién salida del infierno” .

Cada sevillano hereda un callejero y yo soy heredero del callejero que me legó mi tío Miguel,  de sus “esencias” como las llamábamos.

En los años siguientes yo viví nada más que pensando en la Semana Santa.

Era tanta la intensidad de mi pasión que incluso escribí una novela, la ficción más larga que he compuesto, y gracias a la que confirmé mi vocación de escritor, con la única voluntad de transportarme a Sevilla cada noche, a mis ventiún años, mientras estudiaba la carrera de Ingeniero de Telecomunicaciones en Madrid, como quien cumple una condena.

De Atenas:

Sombras largas crecían por la calleja, lenta e imponente avanzaba la fila de nazarenos. Siempre habían estado allí, no era preciso aguardar el estallido del incienso, ni la luz infinita del Domingo de Ramos. Siempre estaban allí. Un reguero continuado, espectral y penitente. Siete días al año los altares abrían sus entrañas y era posible sentir la cera derretirse por las calles, pero eso era una broma más de la Primavera. La muerte y la vida no luchaban por conquistar una semana, por muy Santa que ésta fuese. La sangre y la luz se habían retorcido, eran un único cuerpo, una única plegaria trágica y esperanzadora. Por eso, cuando vio estirarse ese cuerpo de hombre crucificado contra la muchedumbre no sintio ningún desgarro. Todo se quedó callado, un rumor sordo de corazones latientes crecía entre las hojas quietas de los naranjos. El mundo se había parado un segundo, el segundo que se precisa para introducir otro clavo.El sabía que cualquier noche era posible encontrarse la tragedia de un hombre rodando por el Gólgota a punto de morirse en cualquier calle de Sevilla. Siempre era Semana Santa...

Así pues en el inicio de mi escritura, está la Semana Santa.

Aunque soy hermano de la Soledad de San Lorenzo y he cumplido con mi estación de penitencia casi todos los sábados santos del último cuarto de siglo; aunque soy un jartible infinito, y solo recuerdo un día de estos venticinco años -y esto porque me asoló una gripe anómala- en que no haya cubierto una peonada de al menos ocho horas “cofradiles”; aunque siempre he asediado con incansable entusiasmo -para pesar de mis pacientes hijas, condenadas a seguir el ejemplo de su padre-, calles y plazas recoletas, a pesar de todo esto –digo- siempre he vivido la semana santa como un espectador, quiero decir que no he entrado en el mundo de las cofradías como se espera de un capillita de rancio abolengo.

De haber vivido en Sevilla toda mi infancia yo habría sido el clásico niño que conoce hasta el último orfebre que le diera al soplete en el llamador de un paso de vísperas. Tengo que confesar que a mí, a diferencia de Lutgardo, que lo dijo con mucha gracias, sí me hace falta buscar en la wikipedia para hablar de cofradías.

Pero esto yo lo he vivido como un don, pues para mí la Semana Santa de Sevilla, el hecho capital de mi vida, siempre se me ha aparecido como un tiempo único en todo su esplendor.

¡Qué misterio hay en esto!  A mí, que siempre me ha costado muchísimo escribir, ¡qué sencillo me ha resultado enviar TODAS LAS PRIMAVERAS, como en la saeta de Antonio Machado, estas postales desde el cielo, escritas en el descanso almibarado de torrijas de cada jornada de pasión! Publicadas por más de diez años en LA COLUMNA TOSCANA, mi blog, cuando he querido reunirlas para esta lectura, me he encontrado con más de de media centena, que unidas a mis Cuaresmas, de próxima publicación si Dios quiere, darían para un libro curioso, como una revisión contemporánea de aquellas facetas cofradieras que mi abuelo escribió. 

A estas postales líricas, se unen también otros poemas y reflexiones que han nacido bajo las luces penitentes y la azarosa esencia del azahar sevillano. En este cuadernillo he seleccionado una veintena para ustedes. No, no os la voy a leer todas, líbreme Dios de perpetrar ese crimen, pero sí querría destacar, antes de leer algunas muestras, que de ellas destacaría, además de un profundo amor por nuestras cofradías, la voluntad de ofrecer una visión literaria, incluso si me lo permiten, estilista, quizá en exceso estilista, en la que destacan la imagen audaz y, hasta donde me ha sido posible, la ausencia del tópico. Con el tiempo he comprendido que su barroquismo guarda una fuerte relación con “El discurso de las cofradías de Sevilla”, de Rafael Laffón, a mi juicio el libro más importante desde el punto de vista literario sobre la Semana Santa, que sin embargo leí muchos años después de dar inicio a estos envíos porque nihil novum sub sole, como saben los armados de la Macarena..

Paso a leerles algunas de estas estampas:  he querido ceñirme a la ortodoxia del orden temporal, tan poco frecuente ya en los pregones, porque,  como decía, el tiempo de la Semana Santa es uno solo, empieza por el eterno domingo de ramos y se completa, en mi caso, bajo las cúpulas y capiteles del sábado perpetuo de San Lorenzo.

La imagen puede contener: una persona, sentada e interior
Fotografía de Pepe Morán

jueves, 8 de noviembre de 2018

EN EL AULA DE POESÍA "RAFAEL MONTESINOS"

El próximo miércoles 14 de noviembre a las 20.30h, en la Hermandad del Valle, Iglesia de la Anunciación (Sevilla), tendré el honor de participar como invitado en el AULA DE POESÍA "RAFAEL MONTESINOS" por la que antes han pasado personalidades de la talla de Aquilino Duque, Lutgardo García Díaz, Fernando Iwasaki y Francisco Robles.

El título de la sesión es "TODAS LAS PRIMAVERAS. POSTALES LÍRICAS DE LA SEMANA SANTA DE SEVILLA" .

Si eres seguidor de este blog o de mi muro en Facebook o acaso lector de mi poesía, sabrás de la trascendencia que la Semana Santa de Sevilla ha tenido y tiene en mi vida y en mi escritura. Pocas cosas me podrían hacer más feliz que esta lectura en la que daré a conocer muchos inéditos pues, con algunas excepciones, la mayor parte de mis escritos "cofrades" permanecen aún impublicados.

Para mí forman parte indivisible de mi obra, porque en ellos siempre ha primado la vocación literaria sobre la sentimental o meramente costumbrista.

Me gustaría que compartieras está alegría conmigo.

Estoy tan contento que he preparado para la ocasión una publicación que recoge los poemas que serán leídos en la Anunciación -y algunos más- que será entregada gratuitamente a todos los asistentes.  

Gracias de antemano.

Resultado de imagen de ESCUDO EL VALLE HERMANDAD
Escudo de la Hermandad del Valle


domingo, 4 de noviembre de 2018

Cementerio de Escurial


Estoy sentado aquí, junto a tu tumba, 
frente al campo extremeño que tanto amaste siempre.
Hace frío y las nubes
anuncian nuevas lluvias, días grises:
el invierno que viene será duro.

Alguien ha hecho una hoguera, 
ningún incienso puede compararse
al cálido sahumerio de estas ramas
mientras cae la tarde entre olivos y encinas.

Me gusta estar aquí, contigo, 
lejos del ruido de los hombres, 
en paz con el paisaje y con la muerte
tan llena aquí de vida.

Ahora comprendo a esas mujeres,
con sus tiestos de lata y sus flores de plástico,
con sus negros ropajes y velones, 
que hacen de esta visita una costumbre
diaria como el pan de cada día.

Tampoco yo quisiera irme,
de este lugar del mundo que cobija
las cenizas doradas de tu amor.

Es en el vencimiento donde todo se explica,
hay que acabar al fin para entenderlo todo.

No es necesario que hables, yo te escucho

Imagen: JMJ Cementerio de Escurial, Cáceres, enero 2017

Arvo Pärt - "Fur Aline"

Sarracena



Qué sofisticada crueldad la de esta especie, una vez que el insecto, atraído por el néctar, cae en la trampa, ya no puede salir: sobre él se ciernen, como un muro infraqueable para el vuelo, las carnosas protuberancias que celan la salida. Si acaso intentara escapar trepando, en el borde mismo de la sima una suerte de brocal gomoso hará resbalar sus patas angustiadas y, más arriba, si todavía pasara, cientos de filamentos resbaladizos la arrojarían de nuevo a lo profundo. El pozo, colmado del agua de las lluvias, ahogará a la presa que, ya cadáver, será progresivamente deshecha por los jugos vegetales hasta la más completa consunción.

Cuando acerco mi oído hasta sus hojas escucho cómo lloran al fondo los poetas.


lunes, 29 de octubre de 2018

Cuestionario cinéfilo


Me he encontrado hoy por casualidad con un cuestionario cinéfilo que me pasaron hace tres años y que por circunstancias de la vida se quedó, que yo sepa, sin publicar.

Así que para que no se pierda en la sentina de mi disco duro lo traigo aquí para que orbite en el espacio-tiempo de la red.

1. Cine: ¿entretenimiento o cultura?

No hay cultura sin entretenimiento.


2. Si considera el cine como una disciplina artística, cite la primera o primeras películas con las que comenzó a verlo como tal, y cuál fue el elemento detonador.

“Casablanca.” y “El halcón maltés”: yo quería conservar en un museo aquellos infinitos grises  plateados que había empezado a colorear la televisión de los primeros noventa.


3. Si considera el cine como un entretenimiento, recomiende una película reciente con un sucinto comentario.

“Magia a la luz de la luna”, las comedias ligeras de W. Allen poseen el encanto sencillo y exacto de los enredos de Oscar Wilde.


4. Cite sus 5 películas favoritas (no es necesario orden de preferencia), y condense su esencia en un máximo de 3 líneas.

“Centauros del Desierto”, John Ford es Homero y The Searchers, la Odisea.

“Muerte en Venecia”, Mahler, Thomas Mann, Proust y Venecia en una misma crátera.

“El Séptimo Sello”, o el carro de las cortes de la muerte.

“2001, una odisea en el espacio”,  la piedra Rosetta del superhombre.

“Doctor Zhivago”, sobre la sangre, un palacio de nieve para la poesía.


5. Cite sus 5 películas odiadas (no es necesario orden de preferencia) y condense el porqué de su desagrado en un máximo de 3 líneas.

“El Resplandor”, hay doblajes que dan más miedo que Jack Nicholson con un hacha, pero la culpa es de Stephen King.

“El Padrino III”, ¿qué necesidad había?

“Psicosis”, o el spoiler perpetuo.

“El sueño eterno”, es maravillosa, pero no hay quién la entienda: en este pueblo es verdadera devoción lo que hay por Faulkner.

“Avatar”, ¡mi primera siesta en 3D!


6. ¿Mil palabras valen más que una imagen?

El guión es siempre lo primero.


7. ¿Cree que el cine ha influido en su obra literario-ensayística-crítica?

Sí. La lengua es un ojo, que dijo W. Stevens.

8. ¿Consideraría que un director de cine está al mismo nivel que un autor de literatura? Si la respuesta es afirmativa, justifique su respuesta explicitando el nombre de  los directores que considere aptos para recibir tal estatus.

Sí. Kubrik. Orson Welles. Ingmar Bergman.

9.  ¿Cuál es el elemento que hace alcanzar la perfección tanto a una obra literaria como a una película?

Bondad, verdad, belleza: el cine es la caverna de Platón.


10. ¿Se puede adaptar realmente una obra literaria al cine? Cite su adaptación favorita y la que considere como la peor. En caso de que la respuesta sea afirmativa, ¿cómo sería para usted la adaptación ideal?

Claro. El “Drácula” de Coppola, tan denostado, es calcado al que me heló la sangre cuando lo leí a los trece años. La adaptación ideal, como la traducción ideal, crea una obra nueva e idéntica a sí misma, nadie ha superado en esto al Gatopardo de Visconti, y mira que lo han intentado hordas y hordas de orcos.

viernes, 26 de octubre de 2018

De profundis


Carlos García Gual al hablar de la tragedia griega en su excelente conferencia sobre Esquilo -disponible en forma de podcast en la web de la Fundación Juan March-, señala dos cualidades como específicas de la poesía trágica, a saber: la solemnidad y la profundidad.

La solemnidad, precisamente por su carácter teatral e infatuado, por su exceso de elocuencia, fue abandonada progresivamente a lo largo del siglo XIX y es prácticamente inexistente en la poesía importante del XX, salvo por el hecho de que toda poesía verdaderamente profunda es solemne, un buen ejemplo es Rilke, otro aún mejor serían los Cuartetos de Eliot, pues es revelador cómo un poeta deliberadamente antirretórico alza en estas piezas maestras una dicción elevada, aunque no ceremoniosa.

Al examinar nuestra actual decadencia lírica me pregunto hasta qué punto la falta de profundidad en la poesía es o puede ser una consecuencia de este repudio al encumbramiento de las formas.

Sucede en todos los ámbitos: donde desaparece la liturgia falla la devoción. Cabe incluso decir que algunos modelos de pensamiento político, y pienso ahora en el marxismo, son incapaces de sobrevivir a la decadencia de sus símbolos (y de ahí que algún dirigente se afana en “tomar el cielo por asalto” muy consciente de que solo la vieja retórica puede suplir las carencias de un ideal vestido con harapos).

En el otro extremo al nuevo liberalismo no ha ido mejor,  si la burguesía europea del XIX aspirando a emular a la nobleza no abandonó todavía la grandeza, como no abandonó la moral, los potentados mundiales se rebozan en un lodazal kitsch, en una pesadilla de fealdades.

Me temo, y en esto hay que atender siempre al espíritu griego, que solemnidad y profundidad son acaso lo mismo, es decir, una forma de la verdad.

Y sin verdad, como decía Keats en su oda la  urna precisamente griega, no hay belleza, “y esto es todo cuanto se necesita saber”.

Imagen: Busto de Esquilo


lunes, 22 de octubre de 2018

En la muerte de un amigo

Vengo de despedir a un amigo, quiero decir de un funeral (y cómo no acordarme hoy de aquel himno de San Agustín 'La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado").
Mientras se hacían las lecturas sagradas y durante la homilía del sacerdote que ha sido preciosa, he dado vueltas a un pensamiento teológico que me ha extrañado, por su sencillez, no haber hecho consciente antes.
Una vez que en el pensamiento religioso Dios ha adoptado la fragilidad de la condición humana en la persona de Jesucristo la relación entre la divinidad y los hombres se transforma de manera radical -y esto con independencia incluso de la creencia y aun, me atrevo a decir, de la existencia o no de la cosmogonía cristiana.
El Dios fiero del Antiguo Testamento, los dioses fríos de la antigüedad griega y romana, los ídolos crueles de los pueblos precolombinos siempre ávidos de sangre, el animismo tribal de África y las entelequias imprecisas y deliberadamente ambiguas del budismo y del taoísmo se desmoronan ante este nuevo Dios que interpela directamente el corazón de los hombres porque comparte con él su naturaleza.
La divinidad o la representación interior humana de esta divinidad, no puede permanecer impasible ante el sufrimiento del hombre y así se produjo un giro cósmico en el devenir del universo, porque por una parte Dios, o nuestra imagen de Dios, giró su rostro y miró a los ojos de los hombres, pero los hombres volvieron también el rostro para mirar a los ojos de sus semejantes.
Una vez que ha sido ensalzada la Cruz para matar al hacedor del Cosmos, nace necesariamente una era nueva, la que conduce al Renacimiento, a la Razón y a los Derechos Humanos.
La oscuridad que se reprocha al cristianismo no ha sido nunca tal, sobre la sombra de la Cruz, demasiado alargada a veces, es verdad, se alza resplandeciente, como en el Cristo de Velázquez, una esencial, luminosa, resplandeciente y nueva humanidad.

La imagen puede contener: exterior
Azulejo de la Soledad, Cenenterio de San Fernando

lunes, 8 de octubre de 2018

Tartessian monday

(Mañanita de niebla,tarde de paseo)

Esta mañana, por el efecto de la bruma y los reflejos de la primera luz del día sobre la superficie blanca y gris de las nubes, Sevilla parecía amanecer tendida junto al mar.  Las aguas llegaban hasta la misma base de la Giralda que nuevamente se alzaba como un  faro sobre las olas.

El cielo nubloso, acomodado a la geografía histórica del paisaje, reproducía sobre el horizonte todos los accidentes geográficos del Lago Ligustino que describiera Avieno en su Ora Marítima, cuando desde Alcalá del Río hasta Doñana todo era una inmensa ensenada en la que, sobre algunas islas o montículos dispersos de barro y cañabrava, como en un Macondo primordial,  se alzaron los primeros palafitos (“spal”) que dieron a la ciudad su nombre en la eternidad y que la hermanan con la Reina del Adríatico.

A la altura del Giraldillo, pero al otro lado de la lámina de agua inmaculada y tersa que cubría los barrios del Arenal y de Triana -cuyo invisible puente de hierro yacía sumergido– se alzaban la crestas del Aljarafe y sobre ellas destacaba, bajo los rayos de un sol desvaído, el promontorio del Carambolo como un pináculo sagrado.

Así desde las atirantadas cumbres del Puente del Centenario se han abierto para mí esta mañana, a uno y otro lado del río, las doradas puertas de Tartessos.

JMJ Abril 2018. Plaza Virgen de los Reyes


miércoles, 26 de septiembre de 2018

Cata que amanece


Hoy  al amanecer me han conmovido el esplendor de la luna llena y el colosal nacimiento del sol. Cruzaba yo la ciudad de sur a norte sobre  la vertebral columna atirantada del Puente del Centenario mientras, a poniente, la luna iba esbozando haikus espectrales sobre las grúas y naves del puerto. La noche, a ese lado de la bóveda era ya de un intenso azul plasmático, eléctrico, y la luna fulgía como un blanco fogonazo fluorescente hasta desvaírse sobre el arco del horizonte como una marca de agua, mientras del levante, sobre los castillos sin foso de los bloques de pisos de Sevilla Este, emergía una corona naranja creciente dispuesta a reinar sobre la inmensa llanura de Tartesos.

Y en el instante supremo en el que ambos astros se contemplaban como dos espejos enfrentados, me ha parecido entender el lenguaje del cielo.


Dark matter

Lo de la materia oscura es de traca: resulta que como la velocidad y trayectorias de algunas galaxias erráticas no se explica, en lugar de revisar la ley de la gravedad se ha decidido suponer que hay ahí, detrás del telón, toda la cantidad de materia que haga falta hasta que las cuentas salgan, pero ¡ojo que a esta materia ni se la ve ni se la espera! No emite luz ni interacciona electromagnéticamente con nada. Podríamos traspasarla como hacían los fantasmas victorianos en los castillos escoceses. De hecho hay desplegadas sondas para intentar cazar alguna de estas partículas, pero de momento no parece que 'piquen'.

No sé, a mí me parece que hay aquí algo de trampa, sucede un poco como con la existencia del éter o la generación espontánea, que eran verdades científicas inmutables en el XIX, de hecho quienes las defendían lo hacían con la misma autoridad que los cosmogurús.
Decir que hay materia oscura o que "aquí hay dragones", viene a ser lo mismo, de modo que a día de hoy, glosando al Miguel d'Ors, cabe afirmar que la explicación del libro del Génesis resulta menos extravagante y más plausible, por no decir que es mucho más inteligible y bella.
Conviene pues, recordar a los cientifistas extremos que son de algún modo adoradores de esta materia oscura como la ignota piedra de la Kaaba.
Los creyentes en Dios no tienen sin embargo este problema, ya que lo de la materia oscura como cualquier otro asombro que revela la ciencia no subvierte su comprensión del mundo, que abarca todo lo posible.
Todavía no he llegado a esa parte del libro en que se hable de los agujeros negros de materia oscura que seguro que también existen en el santoral cosmológico junto con el relicario de las partículas subatómicas, con las que, ya que no se puede jugar a los dados, se juega a las canicas en un donut subterráneo en Suiza.
Lo de la 'dark matter ' es, me temo, como lo del sexo de los ángeles, pero con telescopios y, lo que es peor, sin sexo.
NOTA BENE: El libro de Lisa Randall es una maravilla.

La imagen puede contener: texto

domingo, 23 de septiembre de 2018

Voces del verano

Para Antonio del Junco

Es la vida la hermana del dolor
que a nuestro lado fluye como un río,
todo emerge de ahí y en su corriente,
en sus hondos remansos y en sus barrancos profundos,
encuentra su sentido, su muerte y transfiguración.

Pero ahora es verano,
sobre los muros encalados crecen
la sombra y la verdad, como crece la muerte
en las sábanas blancas perfumadas de espliego.

Abandonad los cuartos amarillos,
hacia la noche abierta colmada de deseo.

Bajo el cielo estrellado del gran verano cósmico
contemplad los abismos­,
escuchad el crujido de la rueda del tiempo,
la rotación de las constelaciones
que anuncian el cristal de la nueva conciencia.

Antes de que regresen las auroras de otoño
y retorne la angustia a los desfiladeros.

Sylvia McNair: Knoxville Summer of 1915 by Samuel Barber


sábado, 1 de septiembre de 2018

Havana

                   (Camila Cabello)

¿Quién corta las amarras de la noche?

¿Quién quema alcohol azul en las trompetas
para las viejas almas condenadas?

Antes de sumergirnos en los vórtices
de este espectral naufragio del deseo
servidme el huracán en una copa
porque mi corazón está en la Habana.

Somos las criaturas de la noche,
la sombra es nuestra luz y a la deriva
por un banco de algas y madréporas
aguardamos la muerte entre los cayos
cuando el viento estremece los manglares
y azota lujurioso a las palmeras.

No existe salvación en esta hora.

Pero mi corazón está en la Habana.

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