domingo, 17 de junio de 2018

En el Desguace

El viernes pasado durante el ibérico partido de fútbol saltamos a las ondas en el Desguace, el divertidísimo programa de Radio Betis. La presentadora titular, la influencer Marta G. Navarro, ha estado cediendo los trastos de presentador a su propio equipo en un curioso experimento radiofónico. El viernes le tocaba al poeta, rockero y hombre del Renacimiento, Jesús Beades quien me honró con su invitación para hablar de algunas maldades literarias y poéticas que podéis escuchar en el siguiente enlace, desde el minuto 37 30" en adelante, aunque haríais bien en escuchar el programa entero. Eso sí, absténganse feministas radicales y amantes de la corrección política.

Barbarizar es sano.


http://www.ivoox.com/capitulo-91-edicion-especial-jesus-beades-audios-mp3_rf_26577899_1.html

martes, 5 de junio de 2018

Una tragedia doméstica


Aunque tanto ella como él estaban casados no podían ocultar su amor clandestino que diariamente exhibían de modo febril y apasionado en el trabajo. Incluso en ocasiones ante sus propias parejas, quienes, sin embargo, restaban importancia a aquellos lances que consideraban gajes naturales de su oficio. De nada servía que sus compañeros les advirtieran todas las tarde del peligro que corrían. Audaces e inconscientes, la tragedia se cernía sobre ellos, día tras día ignoraban los avisos y cruzaban miradas intensas a la vista de todos, se repetían en voz alta palabras ardorosas y abrazos como guirnaldas de fuego que impresionaban muchísimo a quienes asistían al espectáculo de aquella pasión. Tanta intensidad no coartaba su rendimiento, antes al contrario, aquel escenario favorecía las ventas, que se incrementaron exponencialmente. Su éxito pronto se convirtió en la comidilla de la profesión por la que circulaban, de forma más o menos enmascarada, toda clase de críticas. El director estaba encantado, aunque en ocasiones tuviera que terciar ante las llamadas inquisitivas de sus cónyuges, no tanto por la cuestión amorosa, que como ya se ha dicho habían asumido con mímico estoicismo como para mitigar los reproches que les hacían por las muchas horas que aquella dedicación tan absorbente les consumía de su, por otro lado, feliz vida doméstica. Tenía muchas tablas y sabía cómo apaciguarlos: “esto es solo una racha y tenemos que aprovecharla, representan un éxito para la compañía, veréis que pronto os cansáis de tenerlos todo el día en casa, otra vez entre bastidores, tened un poco de paciencia”. Y no le faltaba razón, de forma paulatina, en unas pocas semanas, la gente dejó de prestar atención a aquellas escenitas. Ellos seguían sin disimular su cariño ante el mundo, pero aquello  ya no era novedad y la gente dejó caer un telón sobre el asunto. Se habían cansado de hablar de ellos y del papelón que habían hecho con su aventura que ahora a todos parecía demasiado cómica. En cuanto los ingresos se redujeron la compañía decidió cortar por lo sano aquella farsa y reponer otra, acaso una comedia salvaje, un musical o quizá mejor una obra existencialista, de tintes oscuros y detectivescos, que tanto éxito reportaban ahora a los otros teatros de la ciudad, porque aquella adaptación contemporánea de “Romeo y Julieta” de Shakespeare después de dos meses en cartel había dejado de funcionar y ya no traía público a la sala.




viernes, 1 de junio de 2018

Bajo los granados en flor

            “¿Es el granado loco que brinca en la luz esparciendo su risa de frutos?”
                                       Odiseas Elytis, (“El granado loco”)



He olvidado mi vida si la tuve:
una explosión de júbilo naranja
ha trenzado en las ramas, franja a franja,
los pétalos y el cielo con las nubes.

Pasión del árbol la guirnalda sube
al ingrávido abismo de una zanja
de aire y luz cenital, etérea granja
de pájaros y abejas, yo retuve

en mis ojos el sol, y me hice enjambre,
vibración de lo azul, abismal onda
de penachos en flor, ascua y estambre,

fuego en las copas verdes y redondas
donde un ígneo fulgor sació mi hambre
de amor y eternidad bajo la fronda.

Sevilla, mañana del Corpus

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domingo, 20 de mayo de 2018

Al recibir una primera edición de los "Sonetos a Orfeo"

Con Lutgardo García 

Levanto la cubierta,
la cenefa de oro sobre el marbete verde
y la inscripción levemente Jugendstil,
como quien retirara
una losa de mármol cubierta por la yedra
de una tumba sagrada.

Acaricio las hojas,
huele a tierra mojada,
¿en qué jardín lejano, bajo qué madreselva,
oscura hilera de árboles, estatuas de silencio
y arriates de sombra o caminos de grava
cae ahora esta lluvia
que empapa el corazón?

Es otra vez la primavera,
el pájaro en la rama aterido de frío,
el último aguacero de las rosas
y las frutas del bosque en los labios de Orfeo,
antes que parta el tren que conduce a la noche
y hacia el fin de la Historia.

Las lágrimas del tiempo en los mapas de Europa
dejan llagas de bronce sobre el papel vencido,
recorro con mis dedos las huellas de la lluvia
y hago temblar la tinta de las liras del sueño.

Acuden a mis labios las voces de Alemania:
me han mirado a los ojos los ojos de los muertos,
los coros de los ángeles caídos.

No puedo soportar tanta belleza.

Vuelvo a poner la lápida en su fosa
y un murmullo de angustia se prensa en el vacío.
Recojo unas violetas y unas bayas de enebro
y las pongo a los pies de esta estela terrible.

¿Quién grita de lo hondo y no lo escucha nadie? 



lunes, 14 de mayo de 2018

Oda a la “Oda a una urna griega” de John Keats


I

Este vaso no existe,
ningún ánfora o crátera podría
guardar tanta belleza sin quebrarse.

Es en vano indagar en los mármoles de Elgin
o estudiar asombrado la cerámica
de “Las antigüedades” de Hamilton,
la arqueología no registra
estas escenas y paisajes
en una sola pieza.

Ni la ciudad remota junto al puerto
con adelfas floridas que desciende
hacia el vinoso mar y las naves de Homero,
ni los jóvenes ágiles que juegan
en los valles de Arcadia con doncellas,
semejantes a dioses.

Ninguna hidra escanciará este vino
de pasión y de música silente,
ninguna libación, ni ceniza sagrada
acogerán sus frágiles contornos
vedado a las miradas de los hombres.

II

Apenas hay en Roma, donde yaces,
un boceto del "Vaso de Sosibio" 
trazado por tu mano hecha de agua;
inútil es buscar en sus figuras
la presencia inmortal que profetizas.

¿Cuántas veces había leído yo tu oda
atento solo a su final glorioso,
beauty is truth, truth beauty”,
que había sido ajeno a su sentido?

Tú cantabas la urna de tu alma,
pues los dioses te habían escogido 
para servirse el néctar de tu copa.

“Llorad por Adonáis”, dijo un poeta,
que vio retroceder al tiempo,
para ser fulminado por las furias
en el oscuro mar impenetrable.

¿Por qué? ¿Por qué llorar si permaneces
eternamente joven
en tu carro de fuego junto al sol?

Tu cuerpo era una urna fragilísima,
ningún ánfora o crátera podría
guardar tanta belleza sin quebrarse.

En la imagen, un fragmento de la Oda de Keats sobre el dibujo del Vaso de Sosibio, postal adquirida en el Cementerio Acatólico de Roma, donde yace el poeta, en julio de 2014, el día en que cumplía cuarenta años y era quince años más viejo que John Keats en la muerte.

domingo, 13 de mayo de 2018

Un premio de poesía

He soñado que ganaba un premio de poesía.
Siempre recuerdo que el último lo gané en el siglo pasado y aunque ha habido épocas en las que he concursado más, ya casi no juego.
Solo una vez cada dos años, para comprobar que sigo en forma. He llegado a jactarme de los premios que no me han dado.
Bueno, por algo será.
Una cosa es indudable, el Jurado soy yo.
El caso es que he soñado que me daban un premio de poesía, pero en el sueño no terminaba de creérmelo hasta que la cosa alcanzó cierto grado de verosimilitud.
Y es que el premio lo otorgaba una suerte de fundación o institución botánica.
¡Vaya! Que era un premio de poesía y plantas.
Así que en el sueño me puse muy contento y como la cosa iba de vegetales me ceñí la corona de laurel, la de olivo, la de yedra y aun la del espartano perejil y me fui a presumir a la oficina porque fuera de nuestra burbuja lírica hasta que no te conceden un premio realmente no eres nadie, supongo que luego tampoco, pero, la verdad, esa experiencia no la he tenido.
Estaba verdaderamente convencido del triunfo, el premio, no me preguntéis por qué, acaso porque el último que me dieron fue en el siglo pasado, tenía incluso una dotación económica en pesetas. Nada menos que doscientas mil, supongo que de las de antes.
Estábamos ya corrigiendo pruebas cuando me he despertado y todavía he tardado un rato en percatarme de que las coronas se habían marchitado a los pies de mi cama y que el alba me privaba de mi premio.
Lo cual me ha parecido ciertamente muy injusto.

La imagen puede contener: exterior
JMJ: El cubo -mi oficina- en flor

Runners

Por la mañana o cuando cae la tarde salen los corredores.
Es fácil verlos pasar, ahora los llaman "runners"
Van huyendo de la muerte, pero esta no tiene prisa.
Tenaz, como la tortuga de Aquiles descabeza uno por uno a todos los velocistas.
Tiene mucha paciencia la muerte y una guadaña laser.
Por eso yo prefiero pasear, caminar a su ritmo y a su lado.
Fijarme en los detalles.
Hoy la he notado, a la muerte, muy preocupada, al parecer tiene que repetirse los análisis.
La he encontrado más pálida que de costumbre.
Me ha dicho que quiere apuntarse a un gimnasio, pero que le da miedo el cambio.
Ya le costó mucho aprender a montar en bicleta,"una mina-me dice- los ciclistas".
Pero no quiere "salir de su zona de confort"
Que ella es feliz segando corredores.

La imagen puede contener: nubes, cielo, árbol, exterior y naturaleza
IMAGEN: maratón del cementerio de la Salud (¡qué ironía!) este domingo en Córdoba de España. (JMJ)

jueves, 19 de abril de 2018

Sombras de la feria

La feria es toda luz, pero tiene dos horas quietas de sombra. Puede ser la primera a esa hora imprecisa del café de puchero y desciende del más remoto corazón de la infancia, cuando –bajo las lonas rayadas verdes o rojas- se trasluce una luz tamizada y eres el niño que indaga en la trastienda de la caseta, como lo hubieras hecho en un saloon del far west mientras cesa el can-can y los forajidos dormitan. Puedes bucear dentro de esta luz como de acuario, como de claustro materno, es indeterminado el tiempo y esta sombra luminosa sería, acaso, la de las últimas eternidades.
La otra hora de sombra, es la sombra apasionada por lejanamente decirlo con las finas palabras sabias de Romero Murube. El sol se hunde en la loma del Aljarafe y en su éxtasis final se cierne sobre la feria y, aunque nadie se da cuenta, al tiempo que los lentos carruajes y los homéricos caballos se marchan conducidos por Faetón, la gente se acelera. Todo el mundo va más rápido, si nos detenemos un punto, veremos cómo discurre la gente como un río por el poblado fundado en esta pradera transitoria. No nos extrañaría saludar a Confucio entre las multitudes, pues este festival de las flores lo han pintado antes en las sedas de china caligrafistas milenarios del Asia y ahora reverbera en los abanicos.
Y en el desfiladero tenebrista de la sombra y de la luz, antes de hundirse en las claridades de la noche ebria, hay una explosión última de pétalos, una constelación de farolillos orientales que enciende su fanal bajo el morado atardecer que no quiere ser del todo oscuridad.
Todo está en orden, en la caseta grande del ayuntamiento arden las antorchas de los altos tiestos de clavellinas, si la portada es el arco zen o babilónico de esta prometida tierra imaginaria, de esta babilonia de las vanidades, la gran caseta pulcra es el tabernáculo en el que los israelitas guardaban el arca poderosa, la prohibidad ciudad del emperador amarillo.
Llega la noche.
La muerte lleva traje de gitana y reparte claveles y lunares.
La imagen puede contener: noche, cielo y exterior
JMJ-abril 2018

martes, 17 de abril de 2018

La tarde del jueves


Al otro lado del muro están la peste y los tambores, pero la algarabía no alcanza al patio de piedra del Convento de Madre de Dios, pasada la Puerta de la Carne, solo un poco más allá de la murillesca iglesia judía de Santa María la Blanca y su oriental fantasía de yesería barroca.

Aquí  levita solo el aroma nupcial de la flor de la cidra y el del morado azahar del limonero,  en un rincón umbrío alzan su espiga heráldica algunos grandes lirios de Van Gogh y unas breves margaritas evangélicas. Una esquila suena. Sobre la música cítrica de la tarde monacal del jueves santo fluyen desde el torno  efluvios de canela y nuez moscada, vinos dulces de Málaga y bizcochos de Indias.

Buscamos el sagrario. Tras los vitrales antiguos y plomados, celados por una cortina bordada  de cal, sobre unas tablas de madera pino revestida de encajes y sedas, Emily Dickinson ha preparado la dócil mesa eucarística: el pan y las gavillas de trigo, los verdes racimos de uva, los salomónicos pámpanos que enroscan lentamente sus zarcillos en el tallo de plata de los cálices y apenas rozan el decantador cristalino que rezuma la sangre del cordero pascual.

¿De qué siglo procede esta luz grave y tamizada que se posa delicadamente en los objetos como polen de azucenas o ala de mariposa?

Miramos otra vez al patio a través de la sombra,  sobre la copa de los árboles atisbamos algún balcón colgante asomado al vacío de los artesonados antiguos, amarrados por jarcias  a los altos muros encalados y a los hondos arcos como naves. A sus pies, las largas barbas patriarcales de los helechos saltan por encima de los tiestos de barro y repiten las viejas profecías bíblicas.

No estamos en el tiempo sino en el claroscuro de las plegarias, como en un cuadro de Rembrandt donde la luz y el aire a sí mismas se definen y en sí misma terminan, aclarándolo todo.

En la tarde pura de los sagrarios se queda el alma yerta, suspendida en su trance.





IMÁGENES: Jueves Santo, 2018, convento de Madre de Dios, Sevilla (JMJ).





viernes, 13 de abril de 2018

Al tercer año

Memoriae sacrum patris

Dios ha nacido hoy en los almendros,
un enjambre de luz revolotea
sobre las tiernas ramas encendidas.

Era la tierra áspera y estéril,
sobre los surcos fríos tiritaban
las hileras de árboles sin nidos

y en el páramo yerto cada tarde
un sudario de niebla amortajaba
los espectrales campos del silencio.

Mirad ahora las guirnaldas vírgenes,
las coronas de pétalos y nubes
que ascienden y descienden de los cielos.

Es el año tercero de tu muerte
y aún la primavera me amenaza
con su exceso de rosas y gusanos

de seda donde tiemblan rayos de oro
y zumban las abejas y los pájaros
alzan el vuelo y cantan nuevos himnos
para Dios que ha nacido en los almendros.

"Aquel almendro en flor ya lo sabía"... Cáceres, abril de 2015

miércoles, 11 de abril de 2018

Primer himno de Pascua


Porque vas a morir, la muerte no merece
ningún día de gracia o esperanza.

Porque vas a morir, no le concedas
ni siquiera un minuto de dolor fiado.

Esa vieja usurera no devuelve intereses
y se cobra su deuda a cada instante.

Porque vas a morir, no la llames a gritos
sucumbiendo a la angustia o al fracaso.

No digas más su nombre, ella te aguarda
emboscada en las vueltas del camino.

Detrás de la belleza carcajea
y va pegada a ti como tu sombra.

Porque vas a morir, abrázate a la vida 
y mírala a los ojos, cara a cara.

Todo el amor es uno y te rodea,
te rodean los niños y los pájaros.

Que apenas tu dolor destile lágrimas,
que sean otra vez rocío de las flores. 

El presente continuo continúa
y habrá de continuar cuando te vayas.

Así que no la llames, solo espera
a cruzar el umbral cuando la puerta se abra.

Fotografía: JMJ Abril 2017, arboles de las orquídeas, Isla de la Cartuja.

jueves, 29 de marzo de 2018

Madrugada


¡Campanilleros! La navidad es ahora, cuando las guirnaldas de azahar se posan como estrellas en los naranjos y en la corona de espina de los limoneros crecen palomas moradas de aroma y luz. Como en los cuadros de Georges de Latour recibe el niño la cera luminosa que hace cristalizar la bola radiante del árbol de la vida. Y crece recto el leño prodigioso donde el Niño y el Hombre se hacen Dios entre pañales de lino y sudarios de muerte.  Y es la madre la Niña y es la Anciana que lleva sobre el pecho el dolor de la muerte y los dolores del parto. Late el corazón de la ciudad abierta y sin posada adonde acuden todos los nazarenos de la historia a ser censados. Es navidad ahora y en esta madrugada sigilosa vendrán los reyes del Oriente con la llamarada verde de la esperanza. Nochebuena esta noche de los campanilleros en la que, abandonados del ser, decidimos existir con más potencia, ebrios del vino de los jueves y del ácimo pan de la cena donde al final canta un gallo. Hoy vamos a ser en los sentidos, hoy vamos a existir en cada poro del alma y de la piel.  Naceremos hoy y moriremos, como nacen y mueren las flores y los hombres, como han nacido y muerto desde el principio del mundo, mirando al sol de frente y a la inmensa luna. Traspasados por un hacha misteriosa de luz y de conciencia que nos dice: existe, sé. ¡Campanilleros! Cantad la noche eterna, este caos de inciensos y de nieblas de donde fluye el cosmos, el universo irradiado de las manos de Dios.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas y calzado
 Detalle de San José carpintero (c. 1638-45), de Georges de la Tour

Macarena en su palio.


miércoles, 28 de marzo de 2018

Martes Santo (San Esteban)

Bajo las flechas abisales de San Ildefonso, el cónico abismo de almagre y albero que levanta al cielo las plegarias cautivas del barrio de la Alfalfa, pasa la Virgen de los Desamparados. Tras el palio, el horno de la dulzura, el convento de San Leandro cuyas yemas pusieron restos de alas y ángel en los labios de Luis Cernuda. Suena Margot y el corazón se irisa. La plaza es una cápsula del tiempo, aquí están todos los siglos de tus antepasados, mientras aprieta las manos de tu hija buscas en la noche los ojos de tu madre que asiste a este momento con el corazón desde un Madrid remoto, corazón que nunca ha salido de estas plazas y calles y que te muestra el camino que lleva hacia la Calle Águilas. La música de Turina envuelve con su globo de cristal y cielo este instante suspendido en el instante. Hay lágrimas de amor en nuestros ojos. Bajo la lágrima, todo el amor es uno.

Convento de San Leandro (Plaza de San Ildefonso)
Iglesia de San Ildefonso (Plaza de San Ildefonso)

Lunes Santo (La Veracruz)

In hoc signo vinces, en la batalla del Puente Milvio, sobre el Tíber del alma, se aparece la Cruz a Constantino, el forjador invicto del Oriente. Ahora avanza desde los hondos abismos del medievo, de la alta oscuridad de las sombras. Es el justo fiel de la balanza en cuyo travesaños se nivelan Persia y Grecia. Somos hijos de la Ilíada y de las asirias historias del Viejo Testamento. En esta Cruz, que es a la vez ancla y vuelo de Europa, en este patíbulo que permuta la muerte por la vida, florecen las ideas de Platón, alimentadas con la sangre derramada del Cordero. La cruz abrió las selvas y separó los mares, doblegó a los ejércitos y sometió a las ideas, porque es ella misma idea, espada de luz contra las sombras.
Avanza Veracruz, tuya es la noche, con este signo vences y si caes, que otra mano te alce embravecida, porque los justos no temen a la muerte, ni a esa otra forma de la muerte que es el desprecio de los hombres.

Cruz de guía de la Vera Cruz / JUAN LUÍS BARRAGÁN (ABC)

Lunes Santo (El Museo)

Un instante antes de entrar en su capilla el Cristo del Museo es descendido del  garfio de la noche para hundirse en un monte de flores litúrgicas. Este año son tulipanes rojos, cúpulas de Holanda y sangre. Desde lo más alto de la plaza la estatua de Murillo -el que en buena hora nació- contempla la terrible torsión de Dios, que pareciera cincelada por Miguel Ángel.  El ángel de los pintores revolotea en torno nuestro. Ronda de noche ahora y aérea claridad de Vermeer a la salida para este Cristo floral y americano. Molinos de Holanda y tulipanes para alzar desde lo hondo la bajaluz de la tarde y el agua que da vida a quien la prueba.
Foto: "cortesía" ABC  


lunes, 26 de marzo de 2018

Domingo de Ramos

Como el mástil desarbolado de un galeón antiguo que hubiera atravesado mil galernas llega, sobre la marea de la plaza, el Cristo del Amor. Mecido por las multitudes aún doblará su casco sobre la inclinada rampa de la vida en un último esfuerzo por saltar el umbral de la muerte. Avanza ahora, solemne y solitario, como un buque fantasma entre las naves hondas, lentamente se desvanece sobre el fondo oscuro y velado de la gran máquina barroca de El Salvador. No podremos ya ver las últimas maniobras, pero sentiremos el golpe unánime del ancla en nuestros corazones. 

Porque un blanco pelícano habrá batido sus alas y surcado la noche, tras un rastro de sangre y una lluvia eucarística que pinta, sobre los viejos mapas de Indias, la segura derrota para arribar al puerto de las eternidades.

El Cristo del Amor saliendo del Salvador / JUAN FLORES (ABC)
http://sevilla.abc.es/pasionensevilla/actualidad/noticias/amor-esperara-la-reforma-la-semana-santa-adelantar-entrada-121148-1513897105.html

jueves, 15 de marzo de 2018

Diez Canciones Alemanas


Doy aquí juntas las diez canciones, a las que antepongo esta nota aclaratoria:


Diez canciones alemanas 

He intentado remedar con estas canciones alemanas, aunque muy lejos de su gracia área y romántica, la métrica y el tono del lied romántico alemán. Por eso he trabajado particularmente la rima consonante y sencilla de los poemas de Heine, cuya construcción adolecía ya en su tiempo de cierto envejecimiento al que él no era ajeno,  y que Bécquer transportó al castellano con la delicadeza de sus asonancias. La rima consonante cubre aún todo el simbolismo alemán, está en Hoffmanstahl, en Stefan George y se da en todas las etapas de la poesía de Rilke, hasta el final de los nuevos poemas; aunque reaparece en los Sonetos a Orfeo y, con gracia área, en sus últimos y breves poemas en francés. Como es sabido de la fusión de la poesía y la música surge en el ámbito germánico el Lied, como el género poético y musical más profundo. Schubert, Schumann, Brahms o Hugo Wolff, quien compuso lieder sobre poemas de Lope de Vega y Calderón en su cancionero español, fueron los maestros de una tradición gloriosa que alcanza su cumbre en el siglo XX con “Las canciones de los niños muertos” de Mahler y, sobre todo, los “Vier lezte Lieder”, las cuatro últimas canciones de Richard Strauss -cumbre de la música tonal de todos los tiempos-, quienes retoman el género desde el fulgor irisado y orquestal de los Wesendonck Lieder de Wagner.

Quien ha estudiado, aunque sea brevemente, la lengua alemana, sabe que no es una “boutade”, la afirmación de Borges sobre que es el idioma más bello y musical de la tierra. La trágica herida de la primera mitad del siglo XX proyectará aún, sin embargo, mucha sombra sobre el lirismo germánico, musical y poético y es natural que el oído común escuche en estas palabras del bosque y de la nieve, el aullido de los trenes del espanto.

Estas diez canciones están, pues, incompletas, sin su música, pero no esta la que aún está por componerse y que ofrecemos a un improbable cantor, sino la del imposible e hipotético poema alemán que les ha dado origen: yo no sé escribir ni pensar en alemán, pero sí he aprendido a sentir en este idioma, sobre todo y por fidelidad a la casa de Habsurgo, con acento austríaco.

La música que en nuestro idioma se parece más a la melodía alemana del romanticismo es la de San Juan de la Cruz, lo que fácilmente se comprende porque nuestro místico es armonía y alma pura. Muy lejos de ese altísimo vuelo, nuestro gallináceo intento no ha renunciado, sin embargo, a mirar a este sol: despeñarse fatalmente como Ícaro es el sino del poeta moderno.

        I


Der Gesang
                        (El canto)

¿De dónde nace el don
misterioso del canto,
la gracia y el espanto
que se vuelve canción?

Desciende al corazón,
crece en la inteligencia,
pero no existe ciencia
para tanta razón.

         II

Die Seele
                   (El alma)

En la caverna honda,
Altamira del alma
hay una fuente en calma
donde bebe Platón

y una oscura anaconda
que en lo profundo agita
la espuma de Afrodita
de una turbia Pasión.


         III

Die Nacht
                   (La noche)

Es la noche sagrada
antigua y numinosa,
la noche es una diosa
por un dios adorada



¡Oh noche transparente
de ébano y de luna
tu sueñas en mi frente
de la muerte a la cuna!

              IV

Der Wald
                   (El bosque)

Son largos los caminos
e inciertos los senderos
que conducen el ser
hacia el ser verdadero.

En el claro profundo
sobre la hierba verde
la conciencia se pierde
por encima del mundo.

              V

Der Mond
                   (La luna)

He heredado la herida
de la luna en el cielo
y su ingrávido velo
ha imantado mi vida.

Bajo su influjo errante
misterioso y arcano
soy un ser más lejano,
una sombra distante.

              VI

Der Tod
                   (La muerte)

Compañera de cuna,
tú has nacido conmigo,
bajo la extraña luna
eres mi único abrigo.

Cuando llegue la noche
y me acoja en su seno
te abrazaré sereno
sin un solo reproche.



              VII

Der Vogel
                   (El pájaro)

¿Quién levanta este canto
de la apacible fronda?
¿Es jilguero o alondra
el dueño del encanto?

Anochece el cantor,
pero no la voz honda,
el eco de su onda
¿es mirlo o ruiseñor?

              VIII

Die Blume
                   (La flor)

Me han herido las luces
de tus párpados ciegos,
los pétalos de fuego
por los que me conduces.

En ti vibran los astros
y se asciende al abismo
a su fondo me arrastro,
más lejos de mí mismo.



              IX

Der  Frühling
                            (Primavera)

¡Ven pronto, primavera
y  retira el sudario
de la carne que espera
arder en tu sagrario!

Estás en todo el cielo
y  en las nubes a lo alto,
¡aparta el blanco velo
y arrójate al gran salto!

Desciende con la lluvia
sobre la tierra entera
derrama tu luz rubia.
¡Ven pronto, primavera!

              X

Winterreise
                            (Viaje de invierno)

Por  el fango y la nieve
bajo un cielo en ruinas
con un paso  muy breve
un anciano camina.

Primavera no vino
ni volvieron las flores,
racimos de dolores
helaron mi destino.

Roto el velo del hielo
y disuelto en la bruma
de los mares profundos
volveré a ser la espuma
que golpee los cielos
hasta el fin de los mundos.


Caspar David Friedrich, "El caminante sobre el mar de niebla".


 
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