domingo, 14 de marzo de 2010

Cuaresma (día 25)

Estoy tendido. Con los brazos pegados al cuerpo. Me cubre sólo un lienzo blanco. Pero no tengo frío. Habéis puesto flores a mis pies. Un pájaro trina. ¡Qué dulce es su canción! Desciendo. Por la gran urna del cielo miro pasar las nubes. La luz del sol calienta mi rostro todavía. Mientras las sogas me bajan al centro de la tierra vosotros cada vez estáis más alto. ¿Por qué lloráis? Me disteis más amor del que yo pude daros. Me habéis dado la vida, me habéis colmado a besos. Fijaos en lo hermosa que es la tarde de abril. Desciendo. Arrojadme un puñado de arena entre los ojos y colocad la lápida sin miedo.

Cuánta claridad.

6 comentarios:

planseldon dijo...

La verdad es que esto de escribir un poema diario sí que es una verdadera penitencia, y no lo de privarse de carne. El otro día me sentí avergonzado al darme cuenta, en plena fiebre pisciconsumista, de que para mí esto de la cuaresma se ha convertido en la escusa perfecta para preparar todo tipo de delicatessen marítimas. Miserere nobis!

P.S.: Perdón por el comentario jocoso, pero creo que ya me conoces lo suficiente... me viene de Erasmo :P

E. G-Máiquez dijo...

El poema en prosa es impecable. Gracias mil.

José María JURADO dijo...

Querido Plansen, lo es, no cabe duda, pero me la he puesto yo mismo ¡y no me absuelvo!

Muchísmas gracias Enrique, tu opinión es especialmente reconfortante por muchas razones.

L.C. dijo...

Hace tres años, en El Prado, el crucificado de Velázquez compartía sala con el Cristo Yacente de Gregorio Fernández en un diálogo que impresionaba y llamaba a la reflexión sobre el sentido de la entrega.

En las calles de Sevilla, la urna del cristo yacente sale después de haber visto Santa Marta, El Baratillo, la Quinta Angustia y La Mortaja, expresiones varias de un misterio insondable.

¡Cuánto hemos de madurar, cuánto bien hemos de hacer, para dar la vida por vivida, para entender que la muerte no es el final, para poder pedir en paz un puñado de arena entre los ojos y una lápida que abra las puertas de la eternidad!

¿Y qué será de los cuerpos incinerados? ¿Cómo habría de reflejarse su muerte para las generaciones venideras?

José María JURADO dijo...

Gracias, Lorenzo, por tus escolios que tan sevillanamente ilustran desde Madrid esta Cuaresma.

Ramón Simón dijo...

Maravilloso.

 
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