lunes, 1 de noviembre de 2010

La máquina del tiempo (III)

No es posible imaginar la crueldad del mundo antiguo, tras el primer deslumbramiento me aguardaba la más absoluta impiedad. Aquella noche comprendí la insuficiencia de la Historia como disciplina. Al intentar examinar con el escalpelo del historiador los vestigios y crónicas del pasado inventamos una trama, una variación sobre nuestro tiempo presente, pero no despejamos la oscuridad de los siglos. Ni siquiera los más recientes testimonios de vileza y oprobio, ni aun los correspondientes a formas de organización más primitivas nos pueden ofrecer una referencia. Seguimos hablando de nosotros, no de ellos. Y es mejor que sea así, pues es difícil de creer que, pese a las togas, los damascos y los edificios de mármol, aquellos seres fueran humanos en el sentido contemporáneo de la palabra. Evitaré los detalles. Baste consignar que a los pocas horas de extraviarme en la Ciudad entré en un lupanar. Aunque la palabra es demasiado noble para lo que vi allí. No podré olvidar jamás la mirada extraviada de los niños. Aquellos ojos arrancados y arrojados en el suelo, entre las vísceras. Salí corriendo hacia las sombras y vomité debajo de la estatua ensangrentada de la diosa como si me extrajeran las entrañas. Recuerdo que mientras caminaba apresurado por las calles, víctima del pánico, intentaba rezar las oraciones que sabía de niño, pero todos los gestos y ademanes que veía me resultaban torvos y extraños. Imaginé o comprendí la instantánea difusión del cristianismo, aunque sabía que incurría en otra mixtificación, pues aquellos seres, hechos de mi carne y de mi sangre, eran menos que bestias. Al poco tiempo regresé o desperté, no estoy seguro. Pero el frío pedernal de las pupilas de Venus me enturbiaba el alma con sus sombras rojizas.

5 comentarios:

Las hojas del roble dijo...

Entrada precisa y preciosa. Me quedo con la última frase: de antología

Un abrazo, José María

JSM dijo...

Jurado, felicidades. Coincido plenamente con el maestro Julio.

Saludos.

Hoy hemos hablado mucho, voy preparando el traje.

Ide dijo...

¡Muy bien! Espero que sigas con la serie, me gusta mucho.

Ramón Simón dijo...

Al parecer coincidimos todos,

buen relaot, extraordinario.


Abrazos

José María JURADO dijo...

Muchísimas gracias a todos, pronto el capítulo cuatro.

 
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