lunes, 7 de febrero de 2011

La Sonata de Vinteuil

Pablo Neruda y yo creemos que la sonata de Vinteuil que traspasa las primeras páginas de la Recherche se corresponde con la sonata para violín y piano de César Franck. Otros sostienen que se trata de una composición de Debussy, de Gabriel Fauré, de Satie o incluso de Reynaldo Hahn, el amigo de Proust. Importa poco, de acuerdo al principio del recuerdo involuntario por el que recobramos el tiempo perdido, para mí es esta música de Franck la que me lleva, sin quererlo, por el Camino de Swan hacia el estremecimiento de aquel libro que empezaba con un niño asmático y caprichoso que espera el beso de su madre antes de dormir. "Durante mucho tiempo  he estado acostándome temprano".

[16 de diciembre]
Estreno de la sonata para violín y piano de César Franck.

Involuntaria sube la memoria, tensada sobre el arco del violín y la líquida tristeza del piano. Estás otra vez en el desván: hay tapetes en muebles y divanes, maniquíes tocados con sombrero de copa y una lámina de polvo en los espejos ciegos. Pero la música ha abierto las ventanas y ha arrancado la máscara mortuoria del mar. El viento ha dispersado la hojarasca y el recuerdo agita las cortinas como las velas de una embarcación: abanicos de nácar, parasoles de encaje, plata del samovar. Tras el biombo de seda las hormigas arrastran cáscaras de limón seco y migas de magdalena.

Longtemps, je me suis couché de bonne heure…



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