viernes, 10 de febrero de 2012

La quencia

In memoriam Miguel García-Posada

Ha partido la nave hacia las sombras,
ya tu cuerpo no pesa retorcido,
al otro lado de la bruma aguardan
tío Pepín y tía María del Pino.
Hoy verás los caballos latir en la marisma
bajo el sol tutelar de la Puebla del Río,
la lenta barca amarrará Caronte
y volverás a ser un niño
en los brazos del tiempo:
tu madre te ha besado y tu padre te ha ungido
con su mano suave y poderosa,
como la mano de Virgilio.
Junto a la quencia unánime del día
están todos contigo,
también Marcel y Lope y don Antonio,
tu joven viejo amigo Federico.
¿Recuerdas las trompetas por el puente,
que cruzaba el mismo río
por donde ahora desciendes,
al infinito mar, al infinito?
Redoblan los tambores en la sangre,
los pasos no se han perdido.
Fue demasiado larga tu agonía,
larga tu soledad, largo tu hastío
de la pompa y  la máscara del mundo,
¿qué se fizo?
Ahora que te adentras en la noche perenne,
ahora que por siempre nos hemos despedido,
levanto para ti una copa de Händel
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

4 comentarios:

Alonso dijo...

Hermoso poema y hermosa despedida, José María.
Desde aquí te envío mis condolencias.

Un abrazo

José María JURADO dijo...

Gracias, Alonso. Muchas gracias.

proyecto crítica dijo...

Tremendo José María, estoy seguro de que le hubiera encantado.

José María JURADO dijo...

Ojalá nos (te) escuche, Alberto.

 
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