viernes, 10 de enero de 2014

Una Navidad perfecta

[Poesía y Verdad I]

En Navidad
me conforta mirar las luces de colores,
paso horas absorto
bajo las luminarias callejeras
o los grandes retablos del comercio.
Aunque, de todas, es mi favorita
la mísera guirnalda que custodia
-en las noches de fiesta-
la soledad del tiempo en los zaguanes
y en las gasolineras.
Nada tiene de extraño,
están hechas para eso.

Me consuela mirar las luces de colores,
me recuerdan un poco a mi poesía:

la escribo con cuidado,
pero al final elijo siempre,
como la urraca,
(y mira que lo evito)
las palabras brillantes,
como esferas de vidrio para adornar el árbol
en una plaza pública de una ciudad europea
mientras suenan de fondo
nocturnos de Chopin, lieder de Schubert
-y por eso me llaman, con razón, culturalista.
Pero luego me alejo y admiro el adefesio
la torpe criatura con sus brillos de plástico
tal y como imagino que la verán los otros,
y me inspira (ahora sí) ternura.

Me gustan las guirnaldas de luces de colores
porque se venden en los chinos,
y hay en los bazares chinos
más poesía que en la Victoria de Samotracia


En traje de luces, Sevilla, 21 de diciembre de 2013


Barbie, una navidad perfecta

Michael Bublé, "Christmas"


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