sábado, 1 de agosto de 2026

Me duele (mucho) España

No soy de los que piensan que todos los males de España procedan del gobierno, más bien creo que nuestro gobierno -y todos los anteriores- son fiel reflejo de lo que es ahora España.
Miro alrededor y, siento decirlo, no veo más virtud, ni coraje, ni honradez, sino cobardía, mezquindad e interés.
Después de más de medio siglo siendo español he perdido toda esperanza, como buen español...
Si deprimente fue la situación en Cataluña en 2017 lo de Ceuta produce una tristeza infinita.
Aquí solo se lleva, desde el siglo XIX, la política de partido, el clan, el tacticismo.
Toda la bronca política no es sino una excusa para practicar el vicio preferido de los españoles: dar curso a la envidia por la vía de la soberbia.
Una buena ideología es la mejor forma de denigrar al compatriota, por compatriota, no por la ideología.
No existe en España ni una sola asociación, federación ni comunidad de vecinos que no se haya atomizado en un crisol de odios.
Alguno todavía creerá que desfogarse en las redes es cumplir con el servicio a la patria.
Nos gobierna la hez, pero la alternativa, ¿cuál es?
¿Pánfilos, salvapatrias, pijos, meapilas? Españoles al fin gobernados por españoles...
Había, y quizá hay, mucha gente en España que por preparación y mérito, por honradez y voluntad podrían contribuir al orden y la paz social, pero, miremos donde miremos, están preteridos y marginados en sus organizaciones o empresas.
Algunos, con más fortuna, han conseguido, con mucho esfuerzo, enriquecerse a través del emprendimiento o quizá incluso en la (inexistente) empresa privada, desarrollarse en los movimientos sociales o vecinales, pero la mayoría se desempeña en trabajos por debajo de su valor, mientras prosperan en la cumbre de los organigramas los vendedores de humo.
La mayoría ha tirado la toalla y así la corriente sigue su curso encauzada por la mediocridad.
La cosa ciertamente no tiene remedio, nuestra afición al cainismo nos ha de hacer olvidar toda esperanza.
Yo mismo he ido hoy al gimnasio y a nadar mientras 50.000 personas entraban en Ceuta y casi 60 morían en nuestras costas...
Estas cosas, me temo, solo se resuelven a través de las grandes catarsis, de la penuria extrema, del ocaso de los dioses.
Qué pena todo.

Qué pena España, camisa blanca que fuera de mi esperanza. 



Goya: Romería de san Isidro.


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