domingo, 6 de junio de 2021

La verbena de los cerezos

 [Un Chéjov andaluz]


Cargarse a Chéjov, como a Shakespeare, es casi imposible, el texto se sobrepone a todo. No obstante hoy en el Lope de Vega han estado a punto, si no lo han hecho.
No ha sido una cuestión actoral -todos los intérpretes eran estupendos- sino de dramaturgia o dirección escénica.
Es legítimo, claro -aunque a mí no me guste- mutilar el cincuenta por ciento de la obra, e incluso cubrir ese hueco con una pequeña banda de jazz que haga las veces de verbena popular o café cantante. Esto es, convertir la obra en casi un musical.
Pero lo que no es legítimo es hacerlo mal, incorporando más canciones de las necesarias, canciones que tienen más de broma generacional que de sentido teatral, cantar mal o no guardar la armonía escénica de forma que al final aquello parezca más un botellón que una fiesta andaluza.
Puestos a andalucizar yo hubiera preferido que cambiaran los cerezos por olivos centenarios, aún así, gracias a que no han podado esas ramas hemos podido escuchar aquel bello parlamento de que ver los cerezos blancos en flor es como volver a ser joven.
Yo creo que la cosa tiene remedio, aunque por lo que veo la obra ya lleva más de un año -pandémico- rulando: me parece a mí que habría que quitar cinco canciones, añadir un poco más de Chéjov y dejar la verbena para los momentos más emotivos.
Yo amo mucho esta obra, mi preferida quizá de Chéjov y aun del teatro clásico, y no me he enfadado demasiado, prueba de que la cosa es salvable.
No se salvará porque el público, no éramos ni cien, -hay más distancia social en el Lope de Vega que en la casa de uno confinado,- debía de ser colega de los intérpretes, a unos diez por actor, calculo.
Es una pena, esos aplausos, ese "fuego amigo", hace mucho daño al arte en todas sus manifestaciones, sin crítica no hay, no puede haber belleza.
Todos nos equivocamos y es preciso que alguien nos lo recuerde.
Con la esperanza de una versión revisada de esta estimable puesta en escena -si no, no me habría molestado en señalar sus errores- os dejo con este poema que apareció en UNA COPA DE HAENDEL.
CHEJOVIANA
He leído esta noche
otra vez El jardín de los cerezos,
en el aire, tres rosas amarillas,
el cuarto de los niños donde fuimos felices,
la blanca guindalera de los sueños.
Sentados a la mesa
el teatro del tiempo nos convoca,
los mujiks se descubren, ocupan su lugar,
Ania cubre su cuello
con un velo de blondas holandesas.
Un lento balneario, un perrito faldero.
Cuando arde el samovar de la memoria
y la nieve desciende, copo o pétalo,
huiremos por el bosque de abedules
al lago donde muere la gaviota.
Mientras llega la noche con su reloj de estrellas
y su cesta de frutas escarchadas
hablaremos despacio de las cosas sencillas,
en voz baja, sentados a la mesa.
Afuera están serrando los cerezos,
pero son nuestras vidas las que sierran.
Poner punto final en cualquier punto.
En el aire, tres rosas amarillas.
JMJ - Una copa de Haendel. 2013



2 comentarios:

Carlos M. Aguirre dijo...

Pues a mí me sucede con Chejov que cada vez que he ido a verlo al teatrto salgo decepcionado... incluso sin excentricidades... necesito que la interpretación sea de una naturalidad exquisita... y eso es algo muy difícil de encontrar.
La única vez que he quedado satisfecho fue con la versión cinematográfica "Vania en la calle 42" de Louis Malle
Afortunadamente siempre se puede leer y releer.

José María JURADO dijo...

No conocía, la apunto, la peli de Louis Malle.

 
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