jueves, 10 de febrero de 2022

Plus ultra

 

No nos debe apenar que se nos pase la vida sin haber leído tal o cual libro o visto aquella película o cuadro memorable, escuchado aquella música. A todo no se puede llegar. Se dice, sí, que "el arte es corto y la vida breve", pero esta afirmación no es, o no me parece, del todo exacta, porque el arte forma parte de la vida, y la vida es eterna, según se sabe (1).
Lo que adivinamos en las más perfectas obras de arte que sí llegamos a gozar y que se incorporan por ello a nuestra experiencia y conocimiento del mundo es, precisamente, un atisbo de la eternidad.
Así pues, lejos de padecer melancolías por aquello que no alcanzaremos a abarcar, deberíamos sentir una perpetua y pura alegría por lo contemplado, quiero decir, lo vivido. Por más que sea solo una mínima fracción de un océano infinito de belleza no deja de anticipar -anunciar sería lo correcto- una belleza y un tiempo mayor.
Para todo aquello que no lleguemos a leer en esta vida dispondremos de un tiempo sin fin para leerlo, quiero decir, vivirlo.
Una biblioteca no es, no sería, como Borges imaginó, un paraíso, sino la antesala del Paraíso.

(1) NOTA BENE: A la objeción de que la existencia de una vida más allá de esta no haya quedado categóricamente justificada con esta mínima observación, que a mi me parece que sí, solo puedo oponer -según se sabe- la fe y la esperanza, que nadie ha conseguido aún destruir.


IMAGEN: Evangelio según San Juan, Biblia de Gutenberg (Universidad de Austin, Tejas) "En principio era el verbo..."

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