domingo, 6 de marzo de 2022

Guerra sin paz

Cuando yo era todavía un joven imberbe pregunté a mi padre si Putin, por defender a la Iglesia Ortodoxa o admitir parcialmente el librecambismo había dejado de ser comunista.

Con gran criterio me explicó que ser miembro del KGB imprime carácter, como el bautizo, y que era el campeón de los soviéticos.
Confieso, incluso lo he escrito, que alguna vez me he tragado las monsergas sobre el conservadurismo putiniano y su desafío a un occidente ahíto de placeres e inmoral.
Las viejas ideas que debían volver a sonar que decía el poco sospechoso Antonio Machado.
Un conservador como Dios manda no es jamás un asesino.
¡¡¡No matarás!!!!
Es la ley de Dios y la ley de los hombres.
Lo que vale para los nasciturus, ¿no ha de valer para los niños embozados en mascarillas que tiemblan en el metro de Kiev?
Yo te maldigo Vladimiro, oso sangriento, tú y solo tú has hecho caer fuego y dolor sobre Ucrania.
Que tu nombre jamás contamine mis ideas.
La fuerza de un conservador está sólo en el Amor que es la Justicia.
Para ya.



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