Recibo, de la mano de tres generaciones de enriquecida hidalguía, este "CONTENTAMIENTO de haber nacido" (Homo Legens, en suprema edición de Abel Feu) de Enrique García-Máiquez.
Me lo entregan junto a la Plaza Real, entre Grimpolas y Lepantos, y la aristocrática memoria de un Duque Aquilino.
Sin llegar a mi coche, donde la media luna me recordará la hora del haiku selenita que cultiva Enrique en la AP4, lo abro al azar por esta página donde se me aparece el huésped de las sombras. Este Bécquer que siempre va conmigo, y la humareda de Holan, con quien resucito en otoño en su Isla de Kampa en el Moldava.
Leer es seguir el hilo de oro prodigioso que reúne en presente perpetuo tantas memorias, tantas edades, tantos amigos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario