jueves, 31 de diciembre de 2009

Elogio del desierto


“Mañana el mar inmenso nos espera”, con este memorable endecasílabo terminaba Julio Martínez Mesanza (Madrid, 1955) el poema “De Amicitia”, una solemne profesión de fe en la amistad que iba mucho más allá de los principios enunciados por Cicerón en su célebre diálogo, pues se trataba de un sentimiento forjado en el campo de batalla donde impera una ética esencial despojada de afectaciones y matices.

Este poema, incluido en “Europa” (El Crotalón, Madrid, 1983) -libro emblemático de nuestra poesía contemporánea a la que Mesanza ha incorporado el discurso épico medievalista y una visión moral de la Historia de honda raíz cristiana- se dedicaba al fotógrafo José del Río Mons (Santander, 1951) con el que JMM comparece ahora de forma conjunta en este “Elogio del Desierto” publicado por la incipiente editorial de Poesía “Isla de Siltolá” que principia así su colección de anejos y prestigia su creciente catálogo.

Siltolá, la aventura de un quijotesco y persistente valedor de la Poesía como es Javier Sánchez Menéndez, nos regala así una preciosa colección de poemas y fotografías al cuidado del impecable Abel Feu y del propio José del Río que constituyen, al tiempo, un objeto bello y un estremecedor diálogo alrededor de las mudas soledades del desierto tunecino.

Como el abandonado teniente del “Desierto de los Tártaros” vuelto al horizonte y eternamente esperando a los bárbaros, como su venerado San Agustín extasiado ante el abismo del hombre, contempla JMM en la frontera misma del desierto, –también centinela de Cartago y, ahora, de Israel- los páramos, las desolaciones, las arenas inabarcables que actúan como trasunto espiritual e ineludible del alma humana: siempre insatisfecha, siempre necesitada de un cobijo desde la que admirar su propia grandeza o su aterrador vacío. Y así se erige la torre solitaria, alternativamente, en símbolo de espanto o plataforma del espíritu, refugio en cualquier caso, ruina y ceniza del cuerpo para asomarse a la nada completa que espera el Todo.

Se recoge, pues, bastante de la poesía última de JMM, la que cifra entre el muro y el foso un angosto espacio que puede ser también un desierto, pues resulta infinita la distancia por la que transita el alma entre ambos límites. Es una poesía limpia, sin retórica ni elocuencia, y tampoco dulcemente melódica, sino clásica como las estatuas que azotan las arenas ya que por sus endecasílabos sopla el viento del mundo antiguo.

Al final del libro, que incluye un interesante prólogo de Santiago Miralles Huete, los editores incluyen una biografía de los autores por la que sabemos que José del Río es de profesión Marino Mercante, lo que, por cierto, añade una interesante connotación al verso último del poema “De Amicitia”. Sus fotografías trasladan carnalidad y fiereza a la obra, el ojo es engañado por dunas y horizontes, por ocres y amarillos que al final vienen a desembarcar en una inextricable disolución en el mar inmenso, acaso el mayor de los desiertos. No en vano el último de los poemas que acompaña esta imagen, “Anfibia” casi un epigrama, reza (el verbo es intencionado), esclarecedoramente así:

Para tu alma fenicia los desiertos.
Para tu alma cristiana, el mar de Homero.

6 comentarios:

Las hojas del roble dijo...

Querido José María, como decía Lope, "quien lo probó lo sabe". Comparto tus elogios haca el libro, hacia el buen gusto de Abel y el ánimo aventurero de Sánchez Menéndez.
Abrazos

julio martínez mesanza dijo...

Gracias mil, José María.

José María JURADO dijo...

Gracias, hojas del roble.

Gracias a ti, Julio, siempre, por tu poesía.

cmaguirre dijo...

Muy bonita reseña. Y que bella portada. Qué grande Julio.

Anónimo dijo...

Pero los poemas de este libro ¿son poemas ya aparecidos en otros libros o son poemas aparecidos por primera vez en este libro?
Gracias

José María JURADO dijo...

Estimado anónimo, se trata de poemas aparecidos en libros anteriores, como implícitamente se indica en la reseña. Una antología temática. Muchas gracias a ti.

 
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