martes, 2 de marzo de 2010

Chopin

Para José Miguel Ridao, melómano inglés.


Hoy hace 200 años que nació en Polonia Frédéric Chopin (1810-1849). En el Maestranza estamos teniendo la suerte de poder asistir a una maravillosa interpretación integral de toda su obra a cargo del pianista búlgaro Ludmil Angelov que ha acometido la tarea de forma no programática (Nocturnos, Mazurcas, Preludios, Polonesas...) sino cronológica.

De forma progresiva vislumbramos el fulgor de la genialidad, expresada en sólo 39 años de vida. La música de Chopin guarda el perfume de todas las tristezas, es hija de la luna y del romanticismo, esto es: moderna. Pese a los despectivos comentarios de lánguidez y falta de profundidad de los escoliastas musicales de la vanguardia, su lenguaje es estrictamente poético y arrebatadoramente innovador en la forma.

El piano no sería el instrumento rey sin Chopin que amplió su capacidad expresiva hasta límites impensables (bueno, están también las sonatas de Beethoven, las de Schubert, está Schumann, está Liszt..., pero Chopin es el piano, ya me entienden), era el más poeta de los músicos pues sus obras te cogen el corazón, lo paralizan y te entran muy adentro, como un pájaro que aleteara en espacios desconocidos, donde nace la limpia lágrima de la belleza.

Chopin, a diferencia de otros trágicos románticos, no tiene trazas de naftalina, no es jamás patético, nunca aflautado o hueco. Hermano de Mozart -cuyo Réquiem sonó en su funeral- o Bach, antes que de Beethoven o Schubert, aunque no lo parezca, es el indiscutible número cinco de ese quinteto sin orden de prelación que forma con los citados Mozart, Bach, Beethoven y el trompetero Wagner, que metalizó la música y estiró sus cuerdas de oro simbolistas.

Chopin lo hizo todo solo, sentado al piano. En el programa del otro día Angelov interpretó las obras de su época en Valldemossa en la Isla de Mallorca adonde se marchó con su amante George Sand y los hijos de ésta. Allí fue a refugiarse de la tuberculosis, de allí salieron corriendo porque el poeta de la música empeoró gravemente: el invierno en la isla no fue grato como se esperaba, sino parecido a este que sufrimos.

Sueño en el mar que golpea la isla, en el viento que azota su cartuja vacía, en los aldeanos que en la alta noche oirían por primera vez los sonidos angélicos del piano que dejaron allí. Moríría unos años más tarde en la Place Vendome de París. Su corazón se conserva en una iglesia de Varsovia, pero su tumba en Pére Lachaise es una de las más bellas y visitadas de la Ciudad de la Luz, un ángel de mármol custodia su túmulo, el ángel de la música inmortal.

Como homenaje quiero dejar hoy aquí este nocturno y, más abajo, seis enlaces que sirvan de Antología musical: el del Chopin trágico, el del Chopin existencial, el del Chopin dulce, el de Chopin meditativo, el Chopin apasionado y el gran Chopin brillante.



NOCTURNO (Chopin)

Noche encendida, abierta rosa, colmada de suspiros y de roces, oh noche de cristal, abierto roce, colmado del perfume de las rosas. A la luz desleída de la luna en el jardín antiguo de la noche escuchamos lejanos pensamientos, tú vestida de raso, seda y risas, el seno palpitante, mano y luna. Y viene una tristeza de pronto por la noche, un carruaje lento tirado por palomas, la música extremada de los ataúdes clavada al corazón, llanto de nieve. Amiga de la luna, joven pálida, corre hacia el pabellón de los estanques y mira tu rostro sobre el agua... lo que dicen la música y la rosa. La mano de marfil toca el piano y se han ahogado las estatuas por la larga avenida de la luna.

Y una rosa cae, ajada, de la noche
.


José María Jurado


Y aquí los enlaces.

No dejen de escucharlos es música que conocen -aunque no sean aficionados al repertorio clásico- forman parte ineludible, inevitable y trágica de la educación sentimental de Europa. Lo que no debemos dejar perder, lo que nos salvará.

Chopin existencial: Nocturno en Do Sostenido Menor (Póstumo)

Chopin dulce: Preludio No. 15 (Op. 28)

Chopin trágico Sonata en si bemol menor Op 35 (3er Mov - Marcha Funebre)

Chopin meditativo : Prelude in E minor, Op. 28 No. 4

Chopin apasionado Polonaise N.6 Op.53 (Rubinstein)

Chopin brillante Gran Vals Brillante

¡¡Todavía quedan dos conciertos de la serie en el Maestranza!!
¡¡Escápate, Ridao!!

4 comentarios:

José María JURADO dijo...

Pienso, mejor, en un sexteto, con Schubert.

O en un "Septimino", con Händel.

Es lo que tienen las antologías.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Eso, a Händel no había echado yo de menos. Y la otra antología, la de piezas de Chopin, para disfrutarla poco a poco. Un abrazo.

Miradme al menos dijo...

¿Quién era realemente melómano?
Felicidades

José Miguel Ridao dijo...

Magnífica entrada, de lo mejor que te he leído. Y te agradezco infinitamente la dedicatoria, aún más si cabe por la calidad de los textos. Coincido contigo en ese quinteto, y en la alabanza de Chopin por encima de estereotipos románticos. Tus enlaces los disfrutaré con tiempo.

Me has convencido, haré lo posible por escaparme. Si me escapo a las tertulias, ¿cómo no escaparme hacia la música del corazón?

Un fuerte abrazo.

 
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