jueves, 18 de febrero de 2010

Cuaresma (día 2)

De noche. Miro la grúa pintada de rojo armada en el centro de la calle, el escorzo del hierro sobre las azoteas, el lastre que invade la calzada. La luna, blanca y redonda como una hostia consagrada, cruza los tejados de la ciudad, ilumina un instante la cruz que forman el mástil y la pluma. La celosía púrpura de la torre reluce sobre el cielo astillado por las antenas. Durante el breve intervalo se percibe un zumbido, como si los gruesos remaches y los tirantes de acero pugnaran por soltarse. La visión es tan inmediata y real que no puedo descifrarla.

Y sigo caminando sobre sangre.

1 comentario:

Ramón Simón dijo...

Genial, "jenial" y "jenial".
Un abrazo.

 
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