viernes, 20 de abril de 2012

La Conciencia de Ámbar ("TIERRA INALCANZABLE" de Czesław Miłosz)

El excelente número 5-6 de la revista de Poesía "Isla de Siltolá", correspondiente a los meses de mayo a diciembre de 2011, contaba con la colaboración de autores como Miguel d'Ors, Jacobo Cortines, Antonio García Barbeito, Elías Marchite, Elías Moro, Juan Peña, Jesús Aguado, Eduardo Moga, Manuel Vilas, José Manuel Benítez Ariza, Javier de Navascués, Rafael Suárez Plácido, Juan Bonilla, Jordi Doce, Olga Bernad, Julio José Ordovás, Álex Chico, Ramiro Gairín, Juan Marqués, Tomás Rodríguez Reyes, Juan Meseguer, Almudena Vidorreta, María Fernanda Iwasaki, María M. Bautista, María Polydouri (traducción de Juan Manuel Macías), Vasko Popa (traducción de Martín López-Vega), Dana Gioia (traducción de Jesús Jiménez Domínguez), Miguel Ángel Lama, José Manuel Mora Fandos, Álvaro Valverde, Rafael Adolfo Téllez y Olga Bernad. 
  



Además incluía un poema inédito de JRJ.

Ahora que ha pasado casi un trimestre y que está a punto de agotarse en las librerías trancribo por aquí mi reseña de lo que en mi opinión fue el acontecimiento literario del año pasado: la antología que Xavier Farré y Galaxia Gutenberg dedicaron al Premio Nobel Polaco Czesław Miłosz.




LA CONCIENCIA DEL ÁMBAR
TIERRA INALCANZABLE
ANTOLOGÍA POÉTICA
Czesław Miłosz –Traducción, selección y prólogo: Xavier Farré
[Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2011]

 

La creciente presencia de la poesía en lengua polaca en el ámbito hispanohablante, cimentada sobre todo en las numerosas traducciones de Vislawa Szymborska y Adam Zagajewski, adolecía de una incomprensible anomalía editorial en relación a la obra de Czesław Miłosz (Szetejnie, Lituania, 1911- Cracovia, 2004), quien nos parece, sin duda, un poeta más contundente, poseedor de una voz en tono mayor en la que convergen la trascendencia espiritual de Rilke, la concepción temporal y polifónica de Eliot y la modernidad afectiva de Auden. Apenas si disponíamos de algunas muestras de su poesía más allá de la antología preparada por Tusquets o la Universidad Autónoma de Méjico tras la concesión del premio Nobel en 1980. Afortunadamente, la celebración del centenario de su nacimiento nos ha traído este extraordinario compendio que tiene no poco de reparación. Xavier Farré da muestra de todos los libros del poeta polaco y ofrece una excelente recreación de sus poemas canónicos, apoyándose para ello en la plantilla dúctil del versículo con la que consigue transportar al español la emoción de una poética sustentada en la potencia de las imágenes y capaz de superar por sí misma, como toda la gran poesía, el cambio de sistema operativo que supone la traducción desde una lengua más allá de la periferia del romance. Acompañan a la selección un prólogo esclarecedor y unas mínimas notas pertinentes.

Acierta el antólogo al escoger como emblema de la compilación el título de una de las obras mayores de Miłosz, Tierra inalcanzable, publicada en 1984, pues constituye la obertura de una abrumadora y radiante senectud creadora que ya se había iniciado en 1974 con Desde donde el sol sale hasta donde se pone y que se mantuvo palpitante hasta el último de sus nonagenarios días. Al principio de este libro, en los primeros compases del poema “El jardín de las delicias”, leemos: “Se acercaba el final del siglo veinte, / Donde quedaré encerrado como una mosca en el ámbar”. Ahora, cuando hemos puesto punto y aparte a la primera década del siglo XXI y vemos alejarse entre la niebla la doble sombra trágica de la pasada centuria, sabemos que ha sucedido justamente al revés: la poesía de Miłosz es un magma emergente que se solidifica en puro ámbar del Báltico, incorporando en sus ígneas irisaciones todas las contradicciones, todas las preguntas sin respuesta de un siglo inquietante.

Eterno apátrida, Miłosz nació en las oscilantes y brumosas fronteras del Gran Ducado de Lituania, asoladas por la guerra y las deportaciones. Descendiente de una familia de la nobleza polaca y perteneciente por tradición a la lengua de Polonia, su conciencia lírica hunde sus raíces en los resinosos bosques de coníferas de la región de los Lagos Verdes de Vilna, un territorio natural difuso, lacustre y pagano del que dio cuenta en su novela el Valle del Issa. Diplomático en Washington y París al servicio de la República Popular de Polonia en los años cuarenta, a principio de los cincuenta se exilió de la órbita soviética. Su ensayo El pensamiento cautivo se convirtió en una lúcida desarticulación del comunismo y de sus silogismos estructurales. Por otra parte, la novela El poder cambia de manos, cuya trama se articula sobre la sucesiva invasión de Varsovia, nudo gordiano de los totalitarismos, no eludía las críticas al exacerbado nacionalismo polaco que incluso quiso impedir en 2004 su inhumación en el Pabellón de Hombres Ilustres de Polonia, debiendo terciar el mismísimo Juan Pablo II, gran admirador del poeta. Precisamente una característica de su poesía es la permanente inquietud, incluso obsesión, religiosa, pero planteada desde la angustia existencial y eslava de un Dostoievsky, no bajo el prisma mediterráneo de la ortodoxia de Roma, adquiriendo siempre un tono profético y visionario, dual y poco complaciente: “No pensaba que iba a vivir en un momento tan particular. / Cuando el Dios de las alturas rocosas y de los truenos. […] / Humillaría a la gente de la manera más cruel, / Le permitiría actuar según su deseo, / Y la abandonaría a sus propias conclusiones, sola.” La crítica ha señalado este maniqueísmo, junto con la variedad y abundancia de tonos y voces, como uno de los rasgos esenciales de la poesía de Miłosz, en la que, no obstante, no dejan de estar nunca presentes la honda preocupación por el ser humano (“la muerte de un hombre es como la caída de un poderoso país / […] Al que ahora nadie ayuda / Porque sus ciudades están vacías”); la creencia en la redención a través de la palabra poética; y la epifanía y el eros como motores del mundo (resultan emocionantes la “Elegía para Y. Z.” o su versión del mito de Orfeo y Eurídice, escrita en 2002, tras la muerte de su segunda esposa).

Este lejano pasajero de la nieve que en 1945 preguntaba airado “¿Qué es la poesía que no salva / Naciones ni personas?”, se responde a sí mismo, en el año 2000, de vuelta ya en Cracovia, después de varias décadas como profesor en la californiana Universidad Berkeley y tras el colapso del telón de acero y la verificación de todas sus profecías éticas: “No debería existir [la Poesía], pero existe. / Quién la sirvió yace transformado en algo/ […] Recorre el mundo / Eternamente clara”. En las claras vetas de sus poemas están las visiones de Blake y los ángeles de Swendeborg, pero también hay inclusiones opacas, las emboscadas diplomáticas del realismo social, los fulgores plastificados del movimiento beatnik, las irisaciones de París y del desierto americano. Es un discurso torrencial, pero contenido, que nos abruma y nos deslumbra en su representación de la “incomprensible abundancia de las cosas visibles”. La poesía de Czesław Miłosz se asoma a los abismos para transmutar el dolor y el enigma de la existencia en una cámara de ámbar donde ha quedado prisionera la conciencia de un siglo.








2 comentarios:

Angelus dijo...

Estoy de acuerdo en considerar este libro de lo más destacado en poesía del año pasado. ¡Lástima que no sea una edición bilingüe! José luis Gómez ha puesto voz a algunos de los textos en un cedé conmemorativo:

http://www.goear.com/listen/faeb115/confesion-jose-luis-gomez

Saludos.

José María JURADO dijo...

Es una maravilla el recital grabado, gracias, gracias, por el enlace.

 
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