Que las Navidades se acabaran ayer, con la fiesta del Bautismo de Jesús, aunque los Belenes no se recogen hasta las Candelas, fiesta de la Presentación, no deja de ser una tragedia.
Que el hombre es un ser para la muerte se ve en este implacable giro de los engranajes del tiempo.
Inexorable, degolladora, precisa, la guadaña no deja de cortar el almanaque y de segar la yerba a nuestros pies.
Podemos combatir esta fragilidad con la memoria, con el estudio, con el arte, con la esperanza.
Yo, de momento, voy a ver una vez más el especial de Sinatra y Crosby para las Navidades de 1957...
que ya ha cumplido 68 años de inmortalidad.
Ahí siempre es Navidad.
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