jueves, 12 de agosto de 2010

Conspiraciones

La gente es demasiado confiada, se deja invadir la intimidad y luego pasa lo que pasa, aunque la mayoría ni se entera, pero bien que lo lamentan y lloran luego. A mí también me vigilan, claro, como a todos, pero sólo en el trabajo, la cuestión es saber disimular, no estrechar lazos con nadie y, si me apuran, no hablar, cumplir el expediente, después de todo no son tantas horas. Pero por la tarde y por la noche es otra cosa, la tarde es mía y puedo investigar, sacar mis propias conclusiones, aunque uno no está nunca libre de miradas ajenas y hay que andar con ojo. Porque yo asesoro a personas importantes, de la que paga de verdad y sabe lo que se trae entre manos y cómo funciona el mundo. Parecen tipos corrientes y uno difícilmente los distinguiría por la calle entre la multitud, pero yo los reconozco a la distancia, a menudo vienen a buscarme. Ellos tampoco tienen luz eléctrica en sus casa y eso es algo que yo sé apreciar. La gente no lo sabe porque es muy confiada, pero hace décadas que nos vigilan a través de las bombillas. Las usan como micrófonos, la vibración del cristal de las lámparas se traslada al filamento incandescente y esto produce una variación mínima en la intensidad de la corriente que ellos saben detectar. Lo han estado escuchando todo, pero la mayoría sigue sin enterarse, como si no fuera con ellos. Sí, hay algunos que se creen muy listos y evitan las conversaciones por teléfono o bajan las persianas para estar más seguros e incluso los hay que han limpiado sus mansiones de micrófonos, pero nadie les ha contado lo de las bombillas y mira que es evidente. Claro, que las empresas de seguridad están también en el ajo y les dan gato por liebre. La cosa ha empeorado con esas bombillas que llaman irónicamente de bajo consumo, los canallas han perfeccionado tanto el mecanismo que ya incluso nos pueden ver. Son como ojos, uno en cada habitación ¿a qué si no el despilfarro de regalar a cada ciudadano estos artilugios? Tampoco hay que fiarse de los coches, es curioso, hay muchos que se reúnen dentro de los coches, en los aparcamientos públicos, allí se sienten más tranquilos, pero los coches sí que vienen preparados, de serie. ¿Nunca te han puesto una multa extraña? Ah, amigo mío, eso es que han perdido la conexión, les pasa a veces, por la velocidad, creo, por eso se inventaron lo de la ITV, les sale más barato afinarte los micrófonos una vez al año. Y tú sin enterarte. Yo te digo esto porque me caes bien y sé que en ti puedo confiar, necesitamos gente como tú, recta, independiente, con ideas formadas. En fin, que se me acaba la moneda y me voy a quedar sin conexión en este cíber. Luego te cuento.

7 comentarios:

Ramón Simón dijo...

Luego me cuentas, José María.

Pero por si acaso, no digas que estuve tomando una cerveza contigo
el otro día en mi casa, no vaya a ser que me detenga por leer un cuento, una fábula, un relato, un verso o un poema en “el lector de almanaque”.


Un abrazo.

Ide dijo...

Muy bueno.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

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Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Mira que si es verdad... Yo, en mi azotea de Marbella, no tengo bombillas. A saber si esa estrella que brilla tanto justo encima de mi cabeza, cuando me tumbo a medianoche... Mejor no pensarlo, uf.
Un abrazo.

Javier Ortiz dijo...

¿Eurasia vuelve a estar en guerra con Oceanía?

L.C. dijo...

Los ingenieros tenéis una mente perversa y, supongo, una vida la mar de interesante.
¡Capaces seréis de haberos inventado todo eso para entreteneros con las monótonas vidas de la gente del común!
Eso de que te espíen tampoco es tan grave. Más se aburrirán los que tengan que vivir tu vida en tiempo real, como aquel Funes el Memorioso que recordaba la suya propia con tal minuciosa precisión...
Brillante como siempre, J.M.

José María JURADO dijo...

Gracias a todos, amigos. Os vigilamos.

 
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