miércoles, 15 de septiembre de 2010

Flamenco

Hoy empieza la Bienal de Flamenco de Sevilla. No, no soy aficionado. Por desconocimiento, sobre todo. Es un mundo que me resulta ajeno, en el mejor sentido de la palabra ajeno, que incluye, claro, al "aje" ¿quién no se emocionaría oyendo el latido de la profunda voz de la tierra, el aljibe hondo y claro de la guitarra española?

Mi bienal va, mayormente, de Domingo de Ramos a Sábado Santo, de saeta a saeta.

Mi amigo Pablo Pámpano ha hecho este retrato de mi Antonio Mairena, aquí lo pongo para celebrar que hoy me incorporo al trabajo, después de una quincena de descanso.


ANTONIO MAIRENA, por PABLO PÁMPANO

¡Qué bien, ya falta menos para la Semana Santa y hasta la Macarena está en su paso!

El retrato lírico está inspirado en la estatua que hay del cantaor frente a la Maestranza, junto al Puente de Triana.

Allí es donde dentro de un rato Miguel Poveda cantará sus "Alfileres de Colores", sobre el albero puro de una academia de danza.

ANTONIO MAIRENA


Con la boca vaciada por cucharones de azufre, con carbones de nieve en la garganta, lleva en la mano una herradura fría. Hay esquirlas de tinieblas en sus ojos, la muerte no le aguanta la mirada, un mascarón de bronce en el balcón hiende la noche rajada de las saetas. El cante es una angosta chimenea por donde suben y bajan las almas demolidas, los espectros de larga cabellera que chillan con el rostro deformado en la faz barrenada del oráculo. Puerta del purgatorio, abierta como un horno de piel y de sonido, cuando el silencio alimente tus negros caracoles habrá un agua amarilla que se quede y un calabozo abierto para el aire, pero no sabremos dónde.


Y al toque, Juan Gris, nunca ha de faltar una guitarra, (alegría, alegría) y pena, mucha pena.

GUITARRA ESPAÑOLA

Ciprés y palisandro,

potrillo de madera taraceada,

clavijero de dientes y cabeza partida,

brida y freno del llanto.

Una azumbre de vino y una baraja rota,

la mano tabernaria sobre las crines tersas,

el relincho cubista de la alborada gris.

Al borde del barranco,

el trémolo del naipe y de la gruta,

al borde del barranco,

el agua clara:

una Alhambra prendida de cristal en las cuerdas,

un manantial punzado por navajas y pitas,

el alma rasgueada de la patria.

Guitarra,

caballo de los blancos desiertos españoles,

Rocinante vencida que cabalgas

-solitaria y fatal-

bajo la luna.




4 comentarios:

José Miguel Ridao dijo...

Veo que el flamenco te inspira como los toros, o como la MÚSICA. Ya podrías aficionarte, y emular a los cabales.

Un abrazo jondo.

Pablo dijo...

Gracias, amigo.
Qué bien queda en tu blog, rodeado de tan lindas letras.

Ramón Simón dijo...

Bienvenido, José María, ¿que tal las vacaciones? Espero que bien, y la familia? Imagino que estupenda y fantástica.

Tus versos, hablen de lo que hablen, siempre llegan al fondo, al sentimiento; y para colmo nos trae las pinturas del amigo Pablo. tal para cual. Dos artistas reunidos por la mágia del blog. Qué suerte!

Felicidades para ambos.

L.C. dijo...

Grande, José María. Esos sonidos desgarrados son la historia de un pueblo que celebra y llora por bulerías y soleares.

¡Qué bello leerlo en el trazo de tus letras!

¡y qué bien enlazado Pablo con Juan Gris!

 
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