domingo, 11 de marzo de 2012

Las rosas de Armenia

[ANTIGÜEDAD SEVILLANA]

Quienes acudan el Domingo de Resurrección a la pequeña capilla armenia de la calle Varflora en el Barrio del Arenal podrán degustar, como cada año desde hace casi dos siglos,  la más exquisita mermelada de rosas, según el sibarita juicio del divino Lord Byron.


Son bien conocidas las peripecias en la ciudad del autor de “Las peregrinaciones de Childe Harold” quien pasó por Sevilla hacia 1809,  como recuerda una lápida de cerámica junto a la taberna de “Las Escobas” en la Calle Álvarez Quintero, muy cerca de la Catedral. Hasta la saciedad se ha referido la anécdota de aquella trenza morena, de cerca de tres pies de largo, que remitió a su resignada madre rogando que la custodiara hasta su regreso a Londres y que, más que un trofeo amoroso, habría que considerar como un mixtificado emblema de la castidad, cuando no de la más lánguida impotencia.


Menos conocida es, sin embargo, la historia del salvoconducto que, antes de partir hacia su prematuro y trágico final en Messolonghi, expidió en Génova a favor de un joven novicio de la comunidad mequitarista armenia de Venecia al que encomendó a su amigo Francisco Genaro José de Borbón, príncipe heredero del reino de las Dos Sicilias. A pesar de ser diez años mayor que Byron, Francisco Genaro lo había acompañado en varias de sus correrías nocturnas durante sus años del exilio napoleónico entre Palermo y Londres y había sido su anfitrión en Nápoles, para disgusto de su padre el Rey.
 ESCUDO DEL REINO DE LAS DOS SICILIAS

 En este punto conviene recordar la estrecha vinculación de Lord Byron con la Isla de San Lazzaro degli Armeni en Venecia adonde acudía diariamente en góndola, para volver a nado por la noche hasta el palacio Mocenigo, después de entregarse al estudio de las lenguas orientales en su biblioteca de más de 160.000 volúmenes, llegando incluso a redactar una gramática inglesa-armenia. Dada la más que dudosa moralidad del poeta los monjes no le permitían quedarse a pasar la noche en el convento, aunque su albacea literario Thomas Moore especula con que esta disposición tuviera que ver con un no menos dudoso y turbio lance con el apadrinado novicio cuyo nombre, como tantos otros, decidió sepultar en la sima del olvido para proteger la memoria del poeta (véase “Letters and Journals of Lord Byron: With Notices of his Life”, Londres, 1830).
  
ISLA DE SAN LÁZARO 

Sí que hace constar en repetidas ocasiones el goloso capricho que suscitaba en Byron la mermelada de rosas, preparada por los monjes con la misma delicadeza y paz espiritual que la dedicada a su laboriosa e ingente tarea traductora, pero que en los decadentes labios del Lord adquiría un brillo sangriento y satánico. La consumía en cantidades ingentes y la hacía enviar con regularidad a sus amistades, entre ellas al propio Goethe que en algún lugar de sus conversaciones con Eckerman se felicita de esta golosina “que reúne la salobre  y embriagadora brisa oriental de la Laguna con la persistente y ponzoñosa esencia de Heliogábalo
LAS ROSAS DE HELIOGÁBALO PORALMA TADEMA
Constituye esta abadía de San Lázaro, junto con la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén,  la principal embajada nacional del venerable pueblo armenio, primero en adoptar el cristianismo como religión oficial hacia el siglo IV de nuestra era.
Debido al bloqueo naval que por entonces ejercía el Imperio Otomano sobre los principales puertos del oriente mediterráneo no era posible el retorno del díscolo frailecillo a la vieja Armenia, así que  Francisco José de Borbón lo acogió en su palacio. A los pocos meses se confirmó la muerte del poeta; tras la lectura del testamento que reservaba una parte para la abadía, y tras varias cartas cursadas con el archimandrita de San Lázaro -el sabio monje Agverian- hoy perdidas, dispusieron finalmente su traslado a la ciudad de Sevilla por consejo del príncipe, aunque el primer destino que se barajó fue Barcelona, junto con dos o tres clérigos más, lo que debió suceder hacia octubre de 1824 según los indicios de Moore para fundar la segunda Iglesia Armenia de Occidente.
EMBLEMA DE LA IGLESIA CATÓLICA ARMENIA 

El legado de Byron había sido generoso y aún no se había roto el comercio de ultramar, de manera que, durante años, la pequeña capilla de Varflora, fue un refugio espiritual para numerosos emigrantes armenios de camino a los puertos de Cádiz o Málaga, rumbo a América, alcanzando su mayor actividad en los años veinte del siglo pasado cuando el funesto genocidio llevado a cabo por el  estado turco convirtió en exiliados forzosos a la mayor parte de la población. La neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial facilitaba el tránsito hacia Francia o Argentina desde Sevilla, adonde llegaban procedentes de Alejandría o el Líbano.
Canónicamente esta capilla, consagrada a San Judas y San Bartolomé, primeros apóstoles de Armenia, depende del exarcado de Beirut,  aunque está adscrita suis juris a la Iglesia Católica romana con la que está en plena comunión, como toda la orden mequitarista; económicamente, sin embargo, ha dependido siempre de San Lázaro por lo que durante gran parte del año hay muy poca actividad.
El alboroto taurino del Domingo de Resurrección o el eco de los últimos tambores de la cofradía de la Carretería la tarde del Viernes Santo oculta a muchos sevillanos el trasiego que esos días suele haber en el lugar, al que acuden numerosos presbíteros con sus mujeres e hijos para preparar las celebraciones de la Pascua pues, como gran parte de las iglesias orientales asimiladas, los sacerdotes (pero no los patriarcas) tienen permitido el matrimonio. Se los suele tomar por turistas extravagantes, lejanamente rusos, debido a los negros hábitos ortodoxos que portan y que deriva en un singular contraste con el almagre y la cal de las casas y callejas adoquinadas, aún cubiertas de cera. Mucha gente los confunde con los cada vez más escasos miembros de la secta del Palmar.
 LA COFRADÍA DE LA CARRETERÍA POR JOAQUÍN SOROLLA

Merece la pena asistir a la vigilia pascual, los servicios religiosos se desarrollan según el rito oriental y en lengua armenia, los cánticos monódicos son de una alta tensión espiritual y las ropas talares, con textos bordados en oro de las sagradas escrituras, dan una gravedad a la liturgia que, por algunos momentos,  puede llegar a cortar la respiración, pues se tiene la sensación de haber sido transportados a la Hagia Sofía de Bizancio.
 SANTA SOFÍA

Al término de las ceremonias se celebra un banquete en el pequeño patio, es entonces –y durante la mañana del Domingo de Resurrección- cuando se puede comprar la mermelada de rosas que traen todos los años de Venecia y que tanto sedujo al satánico Byron.
En la feria de abril de 1967 Charles Aznavour giró una visita a Sevilla y con tal motivo hizo una importante donación a la capilla. Las crónicas de la época lo retratan rodeado de sus consagrados compatriotas revestidos de negro litúrgico, parece ser que apurando manzanillas y cantando hasta el amanecer, e incluso por sevillanas, además de viejos aires armenios, la popular canción “Venecia sin ti”, que como nadie ignora está dedicada a la Isla de San Lázaro y es el himno de la comunidad Armenia en el exilio, este orgulloso pueblo caucásico que contempla las nieves perpetuas del monte Ararat donde encalló el Arca de Noé, cuyo delicado relieve se puede admirar en el frontispicio de la capilla de la calle Varflora.
EL ARCA DE NOÉ POR GUSTAVO DORÉ

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