martes, 3 de julio de 2012

Miré los muros

El gran calor se abate sobre España.

Arde el sol, implacable, como el ojo de un buitre,
igual que un as de oros, inasible y lejano.

Los colmillos de fósforo hienden su carne vieja,
rugosa carne dura de aceite y catedrales.

Hay un viento del Sáhara que agita la calima,
y por todas las calles ruedan arbustos secos.

La luna es un balón por la noche de plata
que ciega la mirada de los balcones tristes.

Un loco ve emerger los lentos galeones,
adarga antigua, flaco, rocín in ictu oculi.

Lázaro limosnea en la bolsa de Frankfurt,
Murillo pinta en África el hambre de los niños.

Je suis l'Empire à la fin de la décadence
y el águila germana sobrevolando Yuste.

No has debido escribir este ¿poema? ensayo,
el clima cambia pronto, no tardarán las lluvias.

Mejor una columna, un artículo simple
que envejezca tranquilo con un marbete gualdo.

Volverán a reír letreros luminosos
cuando la primavera del comercio sajón.

El gran calor se abate, ahora, sin embargo.

En un lugar de España está naciendo Góngora.
En un lugar de España ayer nació Quevedo.

¡Oh cuyo, del que no quiero acordarme, nombre!



4 comentarios:

Mora Fandos dijo...

El ojo del buitre, el as de oros, qué imágenes tan nítidas.

José María JURADO dijo...

Gracias, José Manuel, por tu generosidad.

Eduardo del Pino González dijo...

El ojo del buitre, qué buena imagen. Me ha gustado leerlo. Estoy en Roma y es lo mismo. El Tíber adensa la mirada de los buitres. Te voy leyendo,

José María JURADO dijo...

Muchas gracias, Eduardo. ¡Qué suerte, en Roma! Salve.

 
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