miércoles, 21 de julio de 2010

Isla de Siltolá



Este verano me voy de vacaciones a la Isla de Siltolá, me ha invitado el comodoro, Javier Sánchez Menéndez .

Los ingenieros no hemos encontrado aún la solución para que el libro electrónico no se moje con la espuma del mar o la cerveza.

Tampoco hemos sabido qué hacer con la arena de la playa, que raya la pantalla.

Y según se sabe, tanto sol al silicio, le sienta como un cilicio.

[Basta de ripios, Alipio]

¿Cómo solventar el grave problema de desconexión que nos abruma por estas fechas y que nos hace evacuar monedas desesperadas por los tugurios semiclandestinos de los cyber-cafés playeros?

Pienso que una solución es inyectarse la blogueína de la colección ÁLOGOS de Siltolá, la editorial ha empaquetado en un formato de bolsillo, pero noble, una selección de los mejores blogs que nos orbitan.

La hechura de los libros es tan apropiada que también valen para el metro o el autobús cuando se pierde la cobertura o el i-pad nos amenaza con nuestro propio reflejo en los espejos turbios de la pantalla.

En esta colección de Álogos escriben mis amigos mercuriales Jesús Cotta, Juan Antonio González Romano, Aurora Pimentel o José Miguel Ridao (inventor del término blogueína) y creo que voy a disfrutar mucho repasando los textos que nos han regalado y aquellos que escribieron cuando aún no los conocía.

Porque ese es el problema del género blog: su pasado se deshace como un río eléctrico que la imprenta, esta vez, ha retenido.

Además de mis amigos descubriré a otros blogueros como Ignacio Tomás, Suso Ares Fondevilla, Gregorio Luri y Joaquín Alegre, ya los he agregado a mi reader, quiero decir a mi biblioteca portátil.

Este verano me voy de vacaciones a la Isla de Siltolá porque es un refugio para los náufragos de la poesía.

Ha salido el número 2 de la revista.

Si la primera nos deslumbraba con la nómina de los colaboradores, en esta segunda hay jugosas novedades: las exquisitas fresas de Pilar Pardo, cuyo libro ajedrezado y rosa es un prodigio de contención y finura; el tono ácido de Juan Carlos Aragón, desengañado y sensistivo como el carnaval de Cádiz, como una lija hecha de estrellas de mar; las traducciones británicas de Antonio Rivero Taravillo, que nos devuelve el idioma de la niebla del Septentrión; los poemas taoístas del maestro Antonio Colinas y aquí me paro, que no está el verano para hacer crítica literaria, aunque un apartado de reseñas se incorpora como novedad, y me alegro mucho de que mi amigo Julio Ariza esté ahí comentando la última antología de Pedro Sevilla.

Es una revista clásica y por eso provocadora, uno contribuye modestamente con una suerte de díptico melancólico y musical: un poema que evoca el tono romántico del Viaje de Invierno de Franz Schubert y otro que intenta reproducir la mágica atmósfera triste de un nocturno de Chopin.

En el índice aparecemos los autores por orden de juventud, ya depende de cómo considere cada cual la flecha del tiempo, pero a mí Siltolá me rejuvenece ahora que he traspuesto la mitad del camino de la Vida. Sólo me gana ¡vaya! mi amigo Diego Vaya, pero es que me saca, como poco, un accésit de Adonáis de ventaja.

La arena de las playas de Siltolá procede de los desiertos del espíritu, sin embargo lo que más ha influido en la decisión de este viaje, ahora que arrecia la gran temporada, es que en la isla, además de buenos amigos, hay una Plaza de Toros.

4 comentarios:

Las hojas del roble dijo...

Gran número. Gracias, José María

José Miguel Ridao dijo...

Buen sitio has elegido para veranear, José María. Tú sí que sabes. Espero que los berriditos de PM no perturben demasiado la tranquilidad del lugar.

Gracias, un abrazo y feliz verano, no necesariamente por este orden.

Antonio Serrano Cueto dijo...

Buenas vacaciones "aislado", que a veces es como mejor se disfruta de la multitud, sobre todo con tantos autores en el zurrón. Un abrazo.

José María JURADO dijo...

Gracias a vosotros. Antonio, bienvenido a esta casa.

 
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